¿CUÁL ES LA ESPERANZA QUE BRINDA VERDADERO CONSUELO, GOZO, PAZ, Y BENDICIÓN?
Un Examen Breve de Romanos 15
Por Ing. Mario A Olcese (Apologista)
Frecuentemente recibo e-mails de personas que me dicen que tal o cual pastor les han cambiado sus vidas y la de sus familias. Me dicen que Carlos Cash Luna, Benny Hinn, Pat Robertson, y otros les han transformado sus vidas y que ahora se sienten felices y en “sintonía” con el Señor. No obstante, me pregunto: ¿cuál es el mensaje que ellos oyeron y que cambió sus vidas? ¿Acaso será la vana promesa de que pueden ser prosperados hasta hacerse ricos en este mundo presente si siembran su “semilla” fielmente? ¿Acaso es la promesa de que si cumplen con ser fieles diezmadores para su iglesia y su pastor serán multiplicados sus ingresos personales y familiares? Tenemos que ser muy claros en esto, pues de lo contrario ese cambio o transformación “espiritual” durará muy poco, cuando se den cuenta finalmente de que todo sigue igual o peor en sus vidas, mientras que sus líderes se van enriqueciendo día a día a costa del sudor de los fieles.
Definiendo la Esperanza que da gozo
Pablo escribió: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo” (Rom. 15:13). Aquí Pablo dice que el gozo viene por el creer para que podamos abundar en esperanza—¿pero creer en qué? Pues un poco antes, en el versículo 4, Pablo había escrito: “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. Aquí Pablo recalca que la esperanza que produce gozo, paz, y consolación es aquella que viene por el creer en las cosas que fueron escritas para nuestra enseñanza. —¿Y qué cosas fueron escritas para nuestra enseñanza y consolación? La respuesta salta a la vista en los versículos 16,19,20,29 cuando Pablo lo resume en una frase: el evangelio. Estas son sus palabras: “Para ser ministro de Jesucristo á los Gentiles, ministrando (enseñando, entregando) el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo”… de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de Cristo. De esta manera me esforcé á predicar el evangelio…Y sé que cuando llegue á vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo”.” Así que el evangelio de Cristo, que es el evangelio de Dios el Padre, condensa todo lo que fue escrito para ser enseñado a Judíos y Griegos para que diera verdadera esperanza y bendición a los creyentes. Así que el verdadero evangelio brinda las bendiciones duraderas que uno esperaría de un Dios amoroso. No es extraño, entonces, que Pablo aconsejara a permanecer en la esperanza del evangelio, con estas palabras: “Si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído…” (Col. 1:23).
¿Pero de qué se trata ese evangelio de Cristo?
En primer término debo señalar lo dicho por Pablo sobre la misión central de Jesús en el verso 8, y que dice: “Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas á los padres”. Así que Cristo vino a ratificar las promesas hechas a los padres. Con esta introducción Pablo relaciona las cosas que fueron antes escritas para nuestra enseñanza con lo que Cristo vino a confirmar, es decir, las promesas que Dios hizo a los padres. Este es el evangelio de Cristo, y el evangelio de Pablo, y el evangelio cristiano para los gentiles también, para que ellos glorifiquen a Dios junto con los Judíos creyentes. Dicen los versos 9-11: “Y para que los Gentiles glorifiquen á Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, Y cantaré á tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los Gentiles, Y magnificadle, todos los pueblos”. Por eso no me sorprende que Pablo haya seguido el ejemplo de Jesús de predicar el reino de Dios, que es la misma esperanza de la promesa hecha a los padres: “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres, soy llamado en juicio” (Hechos 26:6). O como él también lo dijera en Hechos 28:20: “porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena”.
¿Cuáles son las promesas hechas a los Padres y que compartimos por fe?
En Hechos 26:6 vimos que Pablo predicaba la esperanza de la promesa hecha a los padres, pero en Hechos 20:25 él había dicho que había estado predicando el reino de Dios: “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro”. Así que el Reino de Dios que predicó Pablo es la misma promesa hecha a los padres que lo llevó a juicio, y que Cristo vino primero a anunciar y a confirmar a sus paisanos, para que los que lloran puedan recibir consolación (Mateo 5:4).
El reino de Dios comprende las cosas que fueron escritas en las Escrituras para ser enseñadas y creídas por los potenciales creyentes a fin de que pudieran recibir verdaderamente consolación, esperanza, y gozo verdaderos y duraderos.
Recordemos que Dios hizo pactos con los padres, los cuales tenían que ver con una tierra (Génesis 12:3;13:15;15:18) y con un rey justo (Isaías 32:1) que restauraría todas las cosas a su estado original (Hechos 3:19-21). Esta era la esperanza de José de Arimatea, un fiel discípulo de Jesús (Marcos 15:43), y de los apóstoles del señor (Hechos 1:3,6,7).
Es evidente, entonces, que lo que da verdadera esperanza, gozo y bendición es la promesa del reino de Dios, la cual significará la felicidad de los pobres en espíritu, la consolación de los que lloran, la herencia de la tierra renovada para los mansos, la saciedad para los hambrientos y sedientos de justicia, la misericordia para los misericordiosos, la comunión con Dios para los limpios de corazón, la filiación divina para los pacificadores, y la bienaventuranza para los que son perseguidos por su fe (Mateo 5:3-11).
El Mensaje de esperanza y gozo es ignorado por los evangelistas famosos de hoy
Desafortunadamente el divino mensaje de esperanza y de gozo del reino de Dios es poco o casi nada predicado en las iglesias de hoy. De hecho, los evangelistas contemporáneos lo ignoran por completo, y lo que es peor, lo han sustituido por uno trucado, vano, y de dicha temporal y pasajera llamado: “El evangelio de la prosperidad”. Este evangelio es satánico, engañoso y efímero, que hace “feliz” a unos pocos, y desgraciados a la mayoría. Ahora bien, de hecho podemos decir que hay un evangelio de la prosperidad, pero no para hoy, sino para la era del reino, la Edad donde todos los fieles alcanzarán las bendiciones prometidas por el Señor según sus obras presentes. En la Parábola de la Diez Minas Jesús expone claramente esta verdad de la retribución venidera según las obras presentes (Lucas 19). Hoy estamos sembrando en este mundo para cosechar en la parusía del Señor Jesucristo, el Amo de esta tierra que aparecerá para tomarnos cuenta de lo que hemos producido para él durante su ausencia.
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LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO: ¡TAREA DE TODOS LOS CREYENTES!
Por Ing° Mario A Olcese
“Porque no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación, al judío primeramente y luego al Griego” (Romanos 1:16)
La Predicación del evangelio
Se ha supuesto siempre que la tarea de evangelizar a los “paganos” recae sobre los obispos o pastores ordenados, quienes han recibido un título de los seminarios después de haber estudiado varios años teología y filosofía. En el catolicismo, por ejemplo, la separación entre el clero y los laicos ha hecho suponer a los feligreses de esta denominación que es el clero el que debe difundir la palabra y enseñarla en las iglesias, conventos, seminarios, escuelas, en los congresos y en concilios. Sin embargo, podemos demostrar con toda seguridad que esa división laico-clerical es totalmente anti escrituraria y peligrosa para los intereses del evangelio.
Para entender con claridad el tema que nos ocupa, es importante investigar qué más dicen las Escrituras sobre la tarea de la evangelización ordenada por Cristo en Marcos 16:15,16.
¿Mandó Jesús que solamente los ministros ordenados predicaran el evangelio?
Una de las primeras preguntas que debemos contestarnos es si Cristo ordenó sólo a los llamados ministros ordenados a predicar la Palabra, y no la feligresía en general como suponen muchos. Y esto es importante, porque el evangelio tiene poder para salvar, no sólo al que lo oye y recibe, sino también al que lo difunde. Esto tiene que quedar bien en claro (Romanos 1:16, 1 Cor. 9:16).
Cuando Jesús comenzó su ministerio, él reclutó a doce hombres para que lo siguieran a todas partes. Estos eran hombres de distintas profesiones y de diferentes niveles sociales y educativos. Pablo fue un fariseo y docto en la ley, pero Pedro fue un pescador, por citar dos de los apóstoles del Señor. Seguramente Pedro no era un docto de la ley como su correligionario, el apóstol Pablo, pero aún así el Señor le dijo que lo siguiera para ser “pescador de hombres”. Mientras Pablo había sido educado por Gamaliel, un erudito doctor Judío de las leyes, Pedro simplemente se dedicaba a la pesca sin tener mayor erudición escrituraria. El hecho de que Jesús los haya elegido a ambos que eran abismalmente opuestos en lo que ha educación se refiere, indica que Jesús no exigía ni pretendía que sus potenciales predicadores o seguidores fueran necesariamente teólogos egresados de universidades o de seminarios bíblicos de renombre.
El joven que quería seguir a Jesús
Cuando el Señor Jesús caminaba en su terruño predicando el mensaje del reino, se le acercó a un joven, y a él le dice: “Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:59,60). En esta historia Jesús llama a un joven, de quien nada sabemos de sus antecedentes, para que le siguiera. Seguramente éste no era un docto de la ley siendo aún joven, y menos, un miembro del Sanedrín, pero aún así Jesús lo llama para que lo siga— ¿para qué?— para que anuncie el reino de Dios, que es el evangelio verdadero y único. Nótese, además, que en los versos citados arriba he subrayado tres palabras claves: Sígueme, ve, y anuncia. Esto significa que ser un seguidor de Cristo es anunciar su evangelio, el evangelio del reino de Dios. Lo curioso del caso es que Jesús llama a este joven para que lo siga, pero vemos que enseguida le ordena a que vaya a predicar el evangelio por otros lugares. Es decir, Jesús no pretendía que el joven literalmente lo siguiera por todo su periplo evangelizador, sino que lo envía a predicar a otros lugares, alejado de su persona. Así que un seguidor de Cristo en la Biblia no era necesariamente un apóstol de Jesucristo, sino cualquiera que predicase su evangelio cerca o lejos de él.
Lo que el libro de Hechos nos revela
El libro de los Hechos es prácticamente el libro de la historia de la primera iglesia y de sus actividades misioneras apostólicas entre los judíos y gentiles. En Hechos 8:1-4 leeremos sobre la persecución de Saulo contra la iglesia de Jerusalén, lo siguiente: “Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”. Observemos que los hermanos que fueron esparcidos a causa de la persecución de Saulo iban por todas partes anunciando el evangelio”. Así que tenemos que los esparcidos iban a todas partes predicando el evangelio, y entre ellos no estaban los apóstoles por cierto (8:1), sino sólo la feligresía que logró escapar, pues un buen número de ellos fueron capturados y llevados a la cárcel (8:3). Así que no encontramos en este relato que los que predicaron el evangelio en el exilio fueron sólo los líderes de las iglesias, o los llamados “religiosos”, sino que se nos habla en forma general, de “los esparcidos”.
El Apóstol Pablo le dijo en una ocasión al joven y novato Timoteo que predicara el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. Estas son sus palabras: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina… Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Tim. 4:2,5). Este Timoteo no era un hombre experto, sino un seguidor novato que podía ser considerado no apto para el ministerio de la predicación debido a su juventud. Esto se desprende de las siguientes palabras de Pablo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:12-16).
Sin duda no todos tenemos los dones para ser maestros, pero todos debemos hablar de nuestra fe a otros como embajadores del reino. Es nuestro deber dar testimonio de nuestra fe a los demás, pues de lo contrario seríamos siervos inútiles que no hacemos nuestra parte correspondiente por la difusión del evangelio.
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¿ES BÍBLICA LA TOLERANCIA?

Por Ing° Mario A Olcese
Muchos cristianos me escriben para animarme a ser tolerante con todos y no estar criticando a los demás hermanos que realizan su labor evangelizadora con tanto esfuerzo. Pero me pregunto, ¿hasta dónde se puede permitir la tolerancia cuando de asuntos de doctrina se refiere? ¿Se puede y se debe ser tolerante con aquellos que viven enseñando un mensaje o evangelio diferente al original predicado por Cristo y sus apóstoles?
Definitivamente la tolerancia es una hermosa aspiración que acarrea sus riesgos si uno no sabe distinguir exactamente su lado oscuro. Por ejemplo: si mi hijo de 17 años quiere ir a una fiesta, y él me pide que sea tolerante con él para permitirle regresar a casa a las 5 de la mañana, ¿sería realmente sabio que yo se lo permitiera o se lo conceda sabiendo de los peligros que esto representaría para él? Otro ejemplo: ¿toleraría usted que su hijo tenga un amigo que no tiene los mismos valores que usted le inculcó a él? Si usted le enseñó a su hijo que debe amar a Dios y a sus padres, y éste empieza a juntarse con jóvenes modernos y liberales, ¿lo toleraría usted? Por cierto que no. Y ahora le pregunto: Si Usted ha sido educado en una fe donde se enseña la humildad, la sobriedad, y la santidad, y luego aparece un pastor que le trae un mensaje de “renovación” que propugna la búsqueda de las riquezas materiales, el alcance del éxito en este mundo, la elevación del ego humano, y cosas por el estilo, ¿usted lo tolerará?
Veamos por un instante 2 Corintios 11:4,19. Aquí Pablo increpa a los Corintios por estar TOLERANDO a predicadores necios siendo ellos aparentemente cuerdos: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis…porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos”. Así que aquí vemos un magnífico ejemplo en dónde Pablo es radicalmente intolerante con aquellos hermanos tolerantes que dejaban que falsos maestros les vinieran a predicar a otro Jesús, a otro espíritu y a otro evangelio diferente. Tenemos que ser radicales e intolerantes con los evangelios distintos, los que nada tienen que ver con el predicado por Cristo y sus apóstoles.
Y finalmente, en Apocalipsis 2:20 leemos: “Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto: Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”.
Aquí, en este pasaje, el Hijo de Dios tiene una queja contra el ángel de la iglesia de Tiatira, y ésta es que él TOLERA a esa mujer Jezabel que se dice profetisa que enseña y seduce a los siervos de Dios a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Lo que el Señor esperaría de un buen mensajero suyo sería que tomara cartas en el asunto inmediatamente para remover a las personas que vienen haciendo tanto daño a la congregación y no permanecer callado.
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¡NO SOMOS PARTE DEL MUNDO!
Juan 17:14,16
Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)
Jesús en el mundo
Nuestro Señor Jesucristo fue el mensajero de Dios que trajo la luz al mundo para que las tinieblas se desvanecieran de la tierra. Jesús les habló a la gente, diciendo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”...¡y la luz en las tinieblas resplandece! (Juan 1:5). Así que Jesús y su luz resplandecían en un mundo lleno de tinieblas y de perdición. El dio esperanza a los pobres, a los ciegos, a los hambrientos, a los desnudos con Su Palabra, con su amor, y con sus promesas. En 2 Corintios 4:4 el apóstol Pablo llama como “La luz” al evangelio de la gloria de Cristo. Su mensaje era la luz de los hombres, la esperanza de un futuro feliz y de paz al final de nuestra peregrinación en este mundo satánico.
Somos también Luz del Mundo
Los cristianos somos llamados “luz del mundo” por nuestro propio Señor Jesucristo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). Así que nuestra luz debe brillar en un mundo en tinieblas, andando como Jesús anduvo en este mundo. No está de más recordar que el evangelio que trajo Jesús es la fuente de su luz. Eso lo dijo Pablo en 2 Corintios 4:4. Así que debemos de imitar a nuestro Señor en su quehacer evangelizador. Asimismo Pablo dijo: “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hechos 13:47). Sí, Pablo fue la luz de los gentiles, ¿para qué? ¡Para que fuera de salvación a los hombres de las naciones! Si la luz de Pablo no lograba ese cometido salvador, entonces algo no andaba bien con su ministerio. Pero definitivamente él sí logró mucho éxito entre los gentiles, ya que el extendió la luz del evangelio de la gloria de Cristo, tal como lo hizo su Señor entre los Judíos. A Timoteo Pablo le dijo: “pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:10).
Hermanos, como cristianos debemos ser luz para el mundo, viviendo vidas santas, apartadas de los malos hábitos del mundo, y trabajando por difundir la luz del evangelio de la gloria de Cristo. Pero muchos cristianos aún se resisten a distinguir la diferencia que significa estar en el mundo y ser luz del mundo. Es decir, aún existen cristianos creen que pueden ganar al mundo haciéndose uno con ellos y mimetizándose. Es cierto que Pablo se hizo “Judío” (o bajo la ley) para ganar a los Judíos, pero él definitivamente aprovechó toda ocasión posible para predicarles a sus paisanos el evangelio salvador y la verdadera ley de Cristo (1 Cor. 9:19-23).
Pablo y los Judíos
Nótese también que Pablo nunca dijo que se volvió “mundano” para ganar a los mundanos, o que se vestía, hablaba, o bebía con y como los mundanos gentiles para ganarlos para la salvación. Realmente nunca lo vemos ni una sola vez haciendo eso. Sin embargo, hoy muchos adultos y jóvenes cristianos dicen andar en Cristo y a la vez copian las cosas del mundo con el pretexto de ganar a los pecadores. Así tenemos que la juventud cristiana tiende a vestirse provocativamente siguiendo los dictados de la moda de los diseñadores homosexuales que tienen sus mentes pervertidas, o bailan bailes como el “Reguetón cristiano” o el “perreo cristiano” que son una ofensa al Señor bajo un pretexto falso de “testimoniar a los jóvenes que viven sin Dios”. No es posible que miles de jóvenes vayan a las iglesias para escuchar himnos y alabanzas con estridentes sonidos de guitarras eléctricas, y baterías bulliciosas al ritmo del rock. A veces me pregunto si éstos jóvenes van al culto por la “música rockristiana” o por el mensaje que éste trae. Pero una cosa es cierta: Pablo se hubiera escandalizado de semejantes cultos en la iglesia, ya que el culto para él debía ser RACIONAL, no EMOCIONAL (Romanos 12:1).
Cristianos asociados con el mundo
Aun muchos cristianos creen que pueden ser amigos de homosexuales, amigos de satanistas, amigos de roqueros, amigos de políticos, amigos de pornógrafos, etc. Estos “hermanitos” se olvidaban que no puede haber comunión entre la luz y las tinieblas”. Dice Santiago: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4). Si la luz quiere juntarse con las tinieblas, entonces aquella luz no es luz sino tinieblas.
Nuestra misión es evangelizar el mundo con la Palabra y el ejemplo, y este ejemplo debe incluir nuestra total separación del mundo y de sus prácticas impías que corrompen (1 Cor. 15:33; “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”). Sería imprudente para cristianos asistir a clubes nocturnos y beber unos tragos cortos con el pretexto de “ganar a los pecadores” y al mismo tiempo ser piedra de tropiezo para la gente que nos conoce y que les causaría un asombro y desilusión al vernos allí sabiendo que somos cristianos.
Sabiduría y santidad
Ya es hora que los cristianos entiendan que ellos deben andar sabiamente en este mundo satánico. Así lo aconsejó Pablo a los creyentes Colosenses: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo” (Colosenses 4:5). Así que debemos entender que Dios nos separó o apartó (eso significa “santidad”) del mundo por Cristo para ser nuevas criaturas sin manchas en toda nuestra manera de vivir y de pensar (“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” --Efesios 1:4). La santidad no es un ideal inalcanzable, sino una actitud mental y física que nos impele a rechazar todo aquello que es impuro e inconveniente para nuestras vidas. Una actitud de odio hacia lo malo, lo deshonesto, y lo injusto es lo que Dios espera de nosotros. Debemos llegar a repudiar lo que no es correcto, y ser categóricos en este respecto sin vacilar. Dice Pablo terminantemente que debemos odiar lo malo, no simplemente verlo como algo que está allí y punto. Estas son sus contundentes y breves palabras: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9). ¿Realmente aborrece usted el mal o es usted aún indulgente con él?
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CUANDO JESÚS VUELVA CON SUS ÁNGELES: ¿NOS RECIBIRÁ ÉL A NOSOTROS, O NOSOTROS A ÉL?

Por Ing°. Mario A Olcese
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes.4:16,17).
Respuesta:
En el texto de arriba el apóstol Pablo les está diciendo los fieles que cuando Jesús descienda del cielo, nosotros seremos arrebatados por él—no al tercer cielo— sino EN LAS NUBES. Note que dice: “EN LAS NUBES— ¿PARA QUÉ?—PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, y así (no “allá”) estaremos siempre con el Señor.” Pues bien, es claro que para nada se hace mención del cielo en este versículo, ni se nos promete estar con Cristo en ese inefable lugar. Pablo está diciendo que seremos “arrebatados en las nubes” y de “recibir al Señor en el aire”. Él es muy claro al decir que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL EN EL AIRE (…¡no al revés!) cuando él esté regresando a la tierra. ¿Qué importancia tiene este detalle? Veamos el pasaje y analicemos su contenido.
Si la iglesia recibirá al Señor en el aire es para acompañarlo a él en su descenso a la tierra, y no para que él nos lleve al cielo. Por ejemplo, si el presidente del Perú sale a recibir en palacio al Presidente de los Estados Unidos, ¿se irá el Presidente del Perú con el presidente Estadounidense a la Casa Blanca para la entrevista? Otro ejemplo: Si mi amigo viene a visitarme desde los Estados Unidos, y yo salgo a recibirle en el aeropuerto limeño, pregunto: ¿Me iré con él a su casa en los Estados Unidos, subiendo inmediatamente en el avión que lo trajo a Lima? ¡Claro que no! Si yo lo recibo es para invitarlo a mi casa o a un hotel, y disfrutar de su compañía durante su estada en mi país. Igual ocurrirá con la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en las nubes de nuestra atmósfera. Nosotros saldremos a RECIBIRLE en las nubes para acompañarlo en su descenso glorioso a nuestro planeta. Entonces Jesús será escoltado por su gloriosa iglesia hasta el lugar donde se localizará su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN (Mateo 5.33-35; Jeremías 3:17; Zacarías 14:4).
Un ejemplo aleccionador lo tenemos en Génesis 19: 1,2 cuando leemos que Lot recibe a los mensajeros de Dios: “Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche”. Así que Lot no recibe a los mensajeros de Yahweh para volar con ellos al cielo, sino para ser el acomedido hospedador de estos insignes anfitriones.
Los hermanos que suelen usar este pasaje para probar el rapto pretribulacional, y la escapada de la iglesia al cielo de la temible ira de Yahweh sobre este mundo convulsionado, están realmente equivocados. Acá Pablo no está enseñando la teoría del rapto para la iglesia para escapar de la gran tribulación. Al contrario, lo que él está enseñando es que cuando Jesús vuelva, los santos difuntos resucitados, y los que queden vivos para ese magno evento, le darán un recibimiento en las nubes para que él sea el rey del reino restaurado en Jerusalén (Mateo 25:31,34).
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LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO: LO QUE DICE CLARAMENTE LA BIBLIA
Por ING°. MARIO A OLCESE, Lima Perú
La más grande y bendita esperanza que tiene la iglesia de Cristo es el regreso de su Señor al mundo. El apóstol Pablo habla de este magno evento con estas palabras: "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y (del) Salvador Jesucristo" (Tito 2:13). De modo que podemos afirmar que el segundo advenimiento de Cristo y el establecimiento de su reino, son dos de los temas más importantes de la Biblia.
De los 260 capítulos del Nuevo Testamento, la segunda venida de Cristo es mencionada no menos de 318 veces. Esto significa un promedio de más de una vez por capítulo. Y en el Antiguo Testamento, profetas tales como Isaías (9:6,7; 66:15), Jeremías (23:5), Ezequiel (21:25,27), Daniel (7:27), Joel (3:16,17), Abdías (21), Miqueas (4:3,4), Zacarías (14:4,5,9), Habacuc (2:2.3), Sofonías (1:14; 3:15), Hageo (2:7) y Malaquías (4:2,5,6,); hablaron claramente de esa venida que aún no se ha cumplido.
La Evidencia del Nuevo Testamento
Cristo mismo habló de su regreso al mundo en sus parábolas del reino. El se representó como el novio que recibe a su novia en la parábola de las Diez Vírgenes; en la parábola de las Diez Minas él se presenta como el hombre noble que se fue a un país lejano para recibir un reino y regresar (Mateo 25; Lucas 19).
Juan registró estas palabras de Jesús, "Vendré otra vez", en su Evangelio, y en sus últimas epístolas él habló del regreso de Cristo con confianza diciendo: "Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES." (Juan 14:3; 1 Juan 3:2).
Pedro también habló con confianza del regreso de Cristo. En su segundo sermón después de Pentecostés, él dijo proféticamente: "Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo." (Hechos 3:20,21).
Pablo también habló mucho del regreso de Cristo en sus epístolas. A los Romanos les dice: "En el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio" (Romanos 2:16), confirmando el hecho por medio de citar el Profeta, quien dijo: "Vendrá de Sión el libertador, Que apartará de Jacob la impiedad." (Romanos 11:26).A los Corintios Pablo les dice que Cristo es "PRIMICIAS", y luego añadió la esperanza de cada creyente: "Luego los que son de Cristo, en su venida." (1 Corintios 15:23).
A los Filipenses también Pablo les expresa su confianza en el regreso de Cristo desde los cielos (3:20-21). Y a los Colosenses también Cristo expresa esa misma confianza o seguridad diciéndoles: "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria." (3:4).
Y cuando le escribe al joven Timoteo le dice, entre otras cosas, "Guarde el mandamiento sin mácula ni reprensión hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo" (1 Timoteo 6:14). Y en su segunda carta a Timoteo, nuevamente le escribe: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida."(2 Timoteo 4:7,8).
Otros escritores del Nuevo Testamento son igualmente explícitos al hablar de la segunda venida, como por ejemplo, Santiago. Él dice: "Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor...porque la venida del Señor está cerca." (Santiago 5:7,8).
¿Para Qué Regresa Jesucristo?
Muchos cristianos no tienen una idea realista y bíblica de la razón del retorno de Cristo y de los eventos que le siguen. Los "dispensacionarios" sostienen que la segunda venida de Cristo tiene 2 fases: Una invisible y secreta para su iglesia, a fin de "raptarla al cielo" para que no pase por la "gran tribulación" que acaecerá a la tierra; y otra, visible, audible, y abierta (con su iglesia "raptada") para castigar a los impíos y restaurar su reino milenario en la tierra.
Lamentablemente, esta creencia moderna no tiene asidero en las Escrituras, aunque se hagan todos los esfuerzos posibles para encontrarle base bíblica coherente. Lo cierto es que es una fábula pretender enseñar que la iglesia no sufrirá la gran tribulación final, ya que si examinamos Mateo 24:29 descubriremos que esa teoría se viene abajo. El texto dice enfáticamente: "E inmediatamente DESPUÉS DE LA TRIBULACIÓN DE AQUELLOS DÍAS...APARECERÁ LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE EN EL CIELO; Y ENTONCES LAMENTARÁN TODAS LAS TRIBUS DE LA TIERRA, Y VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VINIENDO SOBRE LAS NUBES DEL CIELO, CON PODER Y GRAN GLORIA."
Es claro que Cristo enseñó que su venida es "pos-tribulacionalario", y "pre-milenario". Es decir, Jesús viene después de la grande tribulación, y antes del inicio de su reinado en la tierra. En Apocalipsis 20:4,5 se nos dice que Cristo, al volver, atará al diablo y a sus ángeles, y comenzará inmediatamente su reinado milenial en la tierra, y con su iglesia.
Notemos, además, que al volver Cristo al mundo, las naciones le verán y se lamentarán por su presencia. Por tanto, su única segunda venida es audible, visible, y terrorífica para los malvados. No encontramos ningún texto donde se diga que Cristo vendrá en dos fases, como sostienen muchos "evangélicos". Esto es torcer las Escrituras, interpretándolas de forma caprichosa, y privada. Es que muchos cristianos le temen a la "gran tribulación" que vendrá sobre la tierra. Ellos quieren "escapar" antes que caigan las plagas del Señor. Pero: ¿Acaso es necesario escapar al cielo para evitar las plagas de Dios? ¿Acaso no nos acordamos de los israelitas en Egipto? ¿Acaso no bajaron las diez plagas de parte de Jehová, y ningún Israelita fiel murió? ¡Dios no arrebató a los israelitas al cielo para salvarlos de sus plagas!. Y, ¿Qué diremos de Lot y su familia? ¿Acaso bajaron los ángeles de Dios para llevárselos al cielo a fin de que no murieran en Sodoma y Gomorra? Claro que No. Ellos fueron sacados a tiempo de tales ciudades y punto. Simplemente escaparon a otro lugar de la tierra.
En Mateo 24:16,17 Jesús da una salida a su pueblo para cuando se presente la gran tribulación, diciendo: "Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes...y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa." Tal vez Dios ya tenga lugares de "refugio" para los suyos, cuando venga el tiempo de espanto.
Y finalmente, ¿Acaso no vamos a creer en las promesas de Dios dadas en Salmo 91:7? Este texto dice: "Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; MAS A TI NO LLEGARÁ." Sí, Dios puede protegernos aunque caigan miles de malvados a nuestra derecha e izquierda. Dios puede hacer maravillas y portentos que parecen imposibles hoy.
Es lamentable que por la falta de fe millones de cristianos no crean que Dios puede proteger a su pueblo aunque se encuentren en medio de las pruebas. El escape al cielo no es la solución para nuestros temores. ¡Está la confianza en las promesas divinas!
La Segunda Venida: el Juicio y la Retribución
La Segunda Venida tiene como fin el juicio sobre los que ahora se resisten a creer y servir a Cristo. En Hechos 17:31 leemos: "Por cuando ha establecido un día en que JUZGARÁ al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos." Y Pablo les dice a los creyentes de Corinto: "Porque es necesario que todos nosotros compadezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo." (2 Corintios 5:10). Y al joven Timoteo le dice Pablo: "Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino." (2 Timoteo 4:1).
¿Qué recibirán los justos e injustos? La respuesta es clara e indiscutible. El Señor Jesús lo dice enfáticamente así: "No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron los malo, a resurrección de condenación." (Juan 5:28,29).
Hay un glorioso comienzo para los creyentes, pero un trágico destino final para los que rehusaron obedecer a Cristo. Es claro que con la muerte no se acaba todo, pues todavía falta el juicio y la retribución por las obras hechas, sean buenas o malas. Dice el escritor de Hebreos, de este modo: "Pues si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios." (10:26,27).
También se nos dice que los fieles y creyentes heredarán, por fin, el reino de Cristo. En Mateo 25:31,34 leemos: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo." Obsérvese que hay un reino futuro que se heredará sólo en la segunda venida de Cristo.
Como un anticipo diremos que cuando Jesús venga CONQUISTARÁ a todos las naciones y estarán bajo su poder y mando. Él, y su iglesia, reinarán este mundo por mil años. La conquista de Cristo empezará con el derrocamiento de Satanás y sus demonios, a fin de que no engañe más a las naciones; y pueda dar inicio a su gobierno mundial desde la ciudad de Jerusalén (Israel). En esa fecha de su regreso se cumplirá la profecía de Lucas 1:31-33, la cual señala que Cristo será el rey del Reino de Dios en el trono de David, su padre en la carne. Por ejemplo, el profeta Isaías habla de Cristo y su futuro reino milenario, así: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo DILATADO DE SU IMPERIO y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El Dios de los ejércitos hará esto."
¿Cuándo Regresará Jesucristo?
Jesús fue contundente al afirmar que nadie puede saber el día y la hora. Esto nos permite estar en guardia y alerta cada año, cada mes, cada día, y cada hora de nuestras vidas. Jesús dijo: "Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el hijo, sino el Padre. Velad, pues, porque no sabéis cuando vendrá el Señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo" (Marcos 13:32,35,36). Y cuando los discípulos querían saber el tiempo del establecimiento del reino, Jesús les contestó: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad." (Hechos 1:7). Pretender, pues, decir que una iglesia o persona sabe cuál es la fecha del regreso de Cristo, y del fin del mundo es una falacia mayúscula.
Y en Apocalipsis 16:15 Jesús dice: He aquí, yo vengo como LADRÓN. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza." Sí, Jesús viene como ladrón en la noche, es decir, por sorpresa, cuando todos duermen. No es que Cristo vaya a venir necesariamente de noche, sino que se está refiriendo al elemento sorpresa.
¿Cómo Regresará Jesús
La Biblia afirma que Cristo volverá VISIBLEMENTE, una sola vez, y que todo ojo le verá. En Apocalipsis 1:7 leemos: "He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén." Es muy claro que todo ojo le verá, incluso los malos e incorregibles. El vendrá de la misma forma en que se fue hace dos milenios. En Hechos 1:10,11, leemos que dos ángeles de Dios se les aparecen a los discípulos, mientras éstos iban viendo ascender a Jesús al cielo. Y, ¿qué les dicen los ángeles a los discípulos? Veamos: "Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas. Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASÍ VENDRÁ COMO LE HABÉIS VISTO IR AL CIELO".
Jesús regresará con poder, y gloria, y en la compañía de millares de ángeles. El mismo Jesús lo revela en Mateo 16:27 con estas palabras solemnes: "Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre CON SUS ÁNGELES, entonces pagará a cada uno conforme a sus obras." Usted no encontrará, ni un solo texto, en que se diga que Cristo volverá acompañado de su iglesia, supuestamente arrebatada siete años antes por él al cielo.
También se nos revela que vendrá en un tiempo difícil en donde la fe en él y en sus promesas se ponen en duda, y son objeto de mofa. El apóstol Pedro lo dice con estas palabras: "Sabiendo esto primero, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación." (2 Pedro 3:3,4). Y Jesús se pregunta: "...Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:8).
¿Será silenciosa y secreta su venida? No. Ya hemos visto que todos le verán. Pero además de eso será "bulliciosa", pues viene con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios. Dice Pablo a los Tesalonicenses enfáticamente: "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero." (1 Tesalonisenses 4:16).
También Jesús habla de su propia segunda venida, así: "Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre" (Mateo 24:27). Pues bien, ¿acaso los relámpagos no hacen ruido cuando aparecen en el cielo nocturno? Por cierto que sí. Del mismo modo, cuando Cristo regrese al mundo en persona, se presencia será como el relámpago que brilla, que hace ruido, y que atemoriza. Es obvio que todo este testimonio bíblico no da cabida a un regreso invisible, y secreto como lo proponen los "evangélicos" y "Testigos de Jehová". Recordemos que este último grupo religioso sostiene que Cristo vino invisiblemente y secretamente en 1914 D.C. ¡Contundentemente están en el error!
Definitivamente Cristo vendrá cuando menos lo esperemos, súbitamente, y sin aviso. No será necesariamente el 2,000 D.C. o cualquier fecha que pueda dar algún "psíquico". Lo cierto es que vendrá en el momento que menos esperamos.
¿Volverá Jesús en esta Generación?
¿Será esta generación la que vea venir a Jesús en gloria para establecer su reino en la tierra? Durante casi dos milenios la iglesia cristiana ha estado a la espera del Señor Jesús. A los Romanos Pablo les expresa su seguridad que Cristo (nuestra salvación) está cada vez más cerca (13:11). Y Santiago, escribiéndoles a judíos cristianos en la dispersión, les dice: "...Porque la venida del Señor ESTÁ CERCA." (5:8). Sí, la venida de Cristo era "inminente" para los primeros cristianos, y la sigue siendo hoy. Siempre, desde los albores del cristianismo, se han podido aplicar las profecías de Jesús registradas en Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21, a las distintas edades pos- cristianas; o al menos, a casi todas. En cierto grado, siempre hubo guerras, hambres, terremotos, falsos profetas, pestes, persecución, etc, en la tierra. No obstante, hay eventos dados por Jesús en sus profecías del fin, que difícilmente pudieron cumplirse antes de la segunda mitad de este siglo XX o un poco antes. Vamos a ver tres eventos predichos por Cristo que se cumplirán en la última generación predicha, y en la cual él volverá personalmente a la tierra.
1.- La Predicación del Evangelio del Reino. En Mateo 24:14 Jesús profetizó que antes de su regreso, su evangelio del reino sería predicado al mundo entero como testimonio. Ahora, esto difícilmente pudo cumplirse en los siglos pasados. Por ejemplo, la imprenta fue inventada por Gutenberg, en la Edad Media. En esa época, la impresión de un solo ejemplar era costosísima, y sólo podía comprarlo un rico. Hoy, millones de libros salen de las imprentas cada mes. Aun la Biblia tiene un tiraje que no es superado por ningún otro libro en el mundo. Uno puede conseguir un ejemplar de la Biblia, o parte de ella, a un precio módico. Ha sido traducida a más de mil lenguas e idiomas como ningún otro libro. Además, la radio, la televisión, la internet, y otros inventos de este último siglo, han ayudado grandemente a que el evangelio llegue a millones de hogares por todo el mundo.
2.- La Amenaza de la Extinción Humana. En Mateo 24:21,22 encontramos una escalofriante revelación de la "energía nuclear" o también de la "desintegración del átomo", y de la invención y el empleo de bombas atómicas en una guerra nuclear. Jesús dijo de esta espantosa realidad, así: "Porque habrá entonces GRAN TRIBULACIÓN, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen ACORTADOS, NADIE SERÍA SALVO; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados."
3.- El Retorno de los Judíos a Palestina. En Lucas 21:24 Jesús predijo que Jerusalén sería dominada por los no Judíos, HASTA que los tiempos de los no judíos se terminaran o cumplan. Esto es tan cierto como que el fuego quema. Por más de dos mil quinientos años la ciudad de Jerusalén ha sido invadida y dominada por los gentiles (Babilonia, Grecia, Roma, los árabes, los turcos, y los ingleses). Pero en la "Guerra de los Seis Días (1967 D.C)", el ejército israelí arrebata a los jordanos el control de Jerusalén y es anexada a su territorio nuevamente.
Sin embargo, aún le espera a Jerusalén otra nueva y final invasión por parte de naciones confederadas en torno al anticristo. Por un tiempo relativamente corto parecerá que Jerusalén ya no tiene esperanza, hasta que aparece Jesucristo para defender a su pueblo de sus enemigos que se han reunido en el valle de Meguido o de Jezreel (Zacarías 14:1-4,16).
Estos 3 sucesos, repito, difícilmente pudieron cumplirse antes de la mitad de este siglo XX. Ahora nos preguntamos: ¿Será esta la última generación predicha por nuestro Señor Jesucristo en Mateo 24:34? ¡Todo parece que sí...eso espero!
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LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS
(Hechos 3:19-21)

Por: Ing° Mario A Olcese
Propósito del Regreso de Jesús a la Tierra:
Pocos cristianos saben que Jesucristo volverá nuevamente a este mundo en persona y visiblemente; y los que no lo saben creen, más bien, que “partirán” al cielo cuando mueran para encontrarse con Jesús. En nuestro estudio "La Segunda Venida de Cristo", el cual puede ser suyo si nos lo solicita, explicamos claramente que Cristo volverá a este mundo pronto.
Lucas, el evangelista, también escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles. En el capítulo 3 él explica para qué volverá Jesús al mundo nuevamente. Dice: "A quien (Jesucristo) de cierto es necesario que el cielo reciba HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo." (Verso 21). Sí, Jesucristo, o Jesús, el Cristo (o:"El Ungido"), volverá a este mundo para RESTAURAR TODAS LAS COSAS de que hablaron los profetas del Antiguo Testamento. Esta impresionante revelación dada por Lucas, NO es enseñada por la Iglesia Católica, y algunas iglesias protestantes amilenialistas (a:sin, Millennium: milenio). Lo cierto es que Jesús no viene a llevarnos al cielo como creen muchos, sino más bien para quedarse en la tierra a fin de restaurar todo lo resquebrajado por el pecado de los hombres. Según el prestigioso Diccionario Nuevo Pequeño Larousse, la palabra "restauración" quiere decir: "reparación", "restablecimiento", "nueva existencia que se le da a una institución", y lo más importante, RESTABLECIMIENTO EN EL TRONO DE UNA DINASTÍA CAÍDA." Esta última definición del diccionario mencionado, nos interesa mucho, pues tiene relación con nuestro estudio, y con las promesas bíblicas. Ya es hora que usted descubra la verdad de lo que Jesús va a restaurar en esta tierra, en ocasión de su Segunda Venida en gloria desde los cielos. Definitivamente restaurar no es destruir, de modo que Cristo no viene a destruir el planeta tierra, sino sólo a los pecadores incorregibles que no lo esperan volver en gloria para salvarlos (Salmo 37:9,10,17,20,22,28,29,34,38,40).
El Restablecimiento de la Dinastía Davídica Caída
La Palabra restauración de Hechos 3:21 tiene que ver con el restablecimiento en su trono de un rey derrocado o el restablecimiento de una monarquía suspendida en su trono real. En este caso, la dinastía del rey hebreo, David. El profeta Amós habló de esta futura restauración, diciendo: "En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David". He aquí una impresionante verdad revelada desde los cielos, y esa es que al volver Jesús al mundo, levantará o restaurará el trono caído de David, el cual fue suspendido por Dios allá por el año 586 a.C. Recordemos que el rey babilónico Nabuconodosor invadió Jerusalén y depuso al rey hebreo de turno Sedequías, matando a sus hijos y desterrando al pueblo a Babilonia. Desde esa fecha, el trono de David, en la persona de su sucesor, Sedequías, se suspendió hasta el día de hoy. Ya van aproximadamente 2,500 años que Israel no tiene un rey Hebreo, ni una monarquía establecida como la de David. Pero esto ya estaba profetizado por Oseas, cuando dijo: "Porque por muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio..." (3:4). Sí, POR MUCHOS DÍAS (no, "eternamente"), los hebreos estarían sin una monarquía, y consecuentemente, sin ningún rey que los gobierne. Pero nuevamente Dios promete: “No faltará a David un renuevo de justicia..." (Jeremías 33:15,16). Esta promesa significaba que vendría un descendiente de David que tomaría su trono y corona en un futuro. Dios tenía en mente restaurar aquel reino que Él mismo había establecido con David y sus hijos (2 Crónicas 13:5,8). Definitivamente el reino Davídico era el reino de Dios. Dios había escogido a David para que lo representara ante el pueblo y los rigiera con autoridad celestial. Ahora Dios se propone restaurarlo nuevamente con un rey fiel y perfecto que desciende del rey David.
El Hombre que tiene Derecho al Trono y Reino de David
El profeta Ezequiel escribió concerniente a la caída del reino davídico con estas palabras enfáticas: "Y tú, profano e impío príncipe de Israel (Sedequías), cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad (586 a.C), así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, HASTA QUE VENGA AQUEL CUYO ES EL DERECHO, Y YO SE LO ENTREGARÉ." (21:25-27). Notemos nuevamente que si bien el reino Davídico fue depuesto, no obstante vendrá un descendiente de David que tendrá el derecho de tomar su tiara, su corona, y su trono nuevamente. Y obsérvese que es Dios mismo quien se lo va a entregar y no algún hombre mortal.
Según el Evangelista Mateo, Jesucristo es el hijo de Abraham e hijo de David (Mateo 1:1). Esto significa que Jesús es el descendiente, según la carne, del rey David. Es claro que Jesucristo es de "sangre azul", un "hombre noble", "un Príncipe", y finalmente, "un Rey"---¡El Rey! Recordemos que Jesús había aceptado su origen real a Pilato, cuando fue acusado por sedición. Sus palabras fueron claras y directas: "...Tú dices que yo soy rey. YO PARA ESTO HE NACIDO..." (Juan 18:37). Pero por otro lado Jesús dijo en otra ocasión que su reino no era de este mundo o era maligna (verso 36). Entonces Jesús no pretendió restaurar el reino en ese momento, sino que lo haría en otra ocasión, para su segunda venida. Su segunda venida acabaría con el presente mundo malo regido por las fuerzas diabólicas cósmicas.
El apóstol Pedro creía que un varón de Dios, descendiente del rey David, regiría al mundo desde su trono en Israel. Sus palabras son como siguen: "Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de SU DESCENDENCIA, EN CUANTO A LA CARNE, LEVANTARÍA AL CRISTO PARA QUE SE SENTASE EN SU TRONO." (Hechos 2:29,30). Nótese que acá la palabra “Cristo” no es un nombre, sino un título que denota “el ungido (escogido) de Dios” el cual va a ser el futuro rey de Israel.
Y en la anunciación, el evangelista Lucas registra lo que le dijo el ángel Gabriel a María: "Este (Jesús) será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." (Lucas 1:32,33).
Los Hebreos Regresarán a Israel
Si Jesús reconquistará el depuesto reino de su ancestro David, ello quiere decir que él reinará en Jerusalén, pues esa ciudad fue la capital del reino de David. Jesús afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad del "gran Rey" ( Léalo en Mateo 5:33-35). También inferimos que Jerusalén estará habitada por los hebreos, pues la profecía dice que Jesús reinará en la casa de Jacob o Israel. Por eso los israelitas estarán reunidos en su tierra para cuando Cristo, su rey, regrese. El profeta Ezequiel pudo escribir con certeza: "Y yo (Jehová) os tomaré de todas las naciones, y los recogeré de todas las tierras, y os traeré A VUESTRO PAÍS." (Ezequiel 36:24). Y el profeta Oseas añade
lo siguiente: "Después volverán los hijos de Israel y buscarán a Jehová y a David su rey, y temerán a Jehová y a su bondad EN EL FIN DE LOS DÍAS" (3:5).
Muchas personas no entienden el significado del regreso de los hebreos desde muchas naciones a su prístina tierra prometida después de 2,500 años de destierro. Desde Mayo de 1948 d.C ya existe nuevamente el "joven" estado de Israel en su antiguo territorio. Poco a poco la nación judía se va asentando con nuevos inmigrantes hebreos, pese a sus problemas políticos internos y externos. Pero lo importante de esto es que, en el final de los días, los judíos o hebreos regresarán a su tierra desde muchos países (E.U, Rusia, Etiopía, Alemania, Polonia, Argentina, etc) para luego buscar a Dios y a su rey davídico, Jesucristo.
Para ese entonces se cumplirán los dichos de los profetas: "He aquí vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo (=hijo) justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra." (Jeremías 23:5). "He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio...y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre." (Isaías 32:1,17). "Y dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones..." (Apocalipsis 12:5). "...habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Jehová." (2 Samuel 32:3). "Y los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos." (Apocalipsis 11:15). "Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa (Israel), ha dicho Jehová de los ejércitos...y mi pueblo nunca jamás será avergonzado." (Joel 2:26,27).
El apóstol Pablo nos confirma que Israel como nación finalmente será restaurada en una posición privilegiada para la bendición del mundo entero. Si el rechazo temporal de los hebreos significa la bendición de los no hebreos, ¡cuánta más bendición significará para los no hebreos la restauración de los hebreos! La restauración del país, y del reino, significará la máxima bendición de todos los pueblos de la tierra. Dice Pablo: "Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión (pecado) vino la salvación de los gentiles (no judíos), para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?" (Romanos 11:11,12). Sin embargo, y pese a las claras promesas de bendición de parte de Dios para los hebreos, los católicos siempre han sostenido que los hebreos han perdido los favores de Dios, por haber “crucificado” a Jesús. ¡Cuán errados están! ¡La Biblia los desmiente fácilmente!
¿Cuándo Será Restaurado el Reino o Gobierno de Dios?
La pregunta que se nos viene al pensamiento es: ¿Cuándo se restablecerá el reino de Dios? Pues esa fue la misma pregunta que los apóstoles le hicieron a Jesús hace dos milenios: "...Señor, ¿restaurarás el reino (davídico) a Israel en este tiempo (año 27 d.C)? (Hechos 1:6). En el verso siguiente (7) Jesús les dice que la fecha sólo la sabe Dios. Y en otra ocasión Jesús les dice a sus discípulos que sólo su Padre sabe cuándo será "el fin del mundo o Edad Maligna.
La Iglesia de Dios heredará el Reino Davídico
La Iglesia está llamada a tener un papel protagónico en la restauración del reino davídico en la tierra. Según las Escrituras, los cristianos están llamados a ser co-gobernantes con Cristo en su reino de mil años. En las Escrituras Inspiradas hallamos las siguientes promesas que las iglesias han olvidado. "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria...Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo." (Mateo 25:31,34).
En el libro de Apocalipsis 2:26 leemos: "Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones." Y en el 3:21 leemos: "Al que venciere, le haré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono."
En Lucas 19:12 Jesús les dice a sus discípulos: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino (davídico)". Y en Lucas 13:28. "Allí será el llanto y crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos." "Yo, pues, os asigno un reino (el de David), como mi Padre me lo asignó a mí." (Lucas 22:29).
Y también Jesús pronuncia la Parábola de la Diez Minas para enseñar a sus discípulos que tendrán parte en su gobernación mundial, obteniendo el control de ciudades importantes. "Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades." (Lucas 19:17).
Como vemos, el Señor exige que seamos fieles a su causa para tener derecho a participar en su gobernación mundial. El apóstol Pedro dirá por su parte: "Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo." (2 Pedro 1:10,11).
Y a los creyentes pobres, Santiago les dice: "Hermanos míos amados, oíd: ¿No a elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?" (2:5).
Y Jesús dice también: "...Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios." (Lucas 6:20). "Mas buscad el reino de Dios, y estas cosas os serán añadidas." (Lucas 12:31). Y también Jesús se dirige a los ricos diciendo: "...¡Cuán difícilmente entrarán al reino de Dios los que tienen riquezas!" (Lucas 18:24).
Y en otra ocasión Jesús se vio forzado a decir: "...Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios." (Lucas 9:62). Aquí Jesús está poniendo como condición el perseverar en la fe para ganar el reino davídico. Y Pablo, por su parte, dice: "...Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios." (Hechos 14:22).
A los efesios Pablo les dice: "Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios." (Efesios 5:5). Y el ladrón de la cruz le pide a Jesús: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino." (Lucas 23:42).
Al Fariseo Nicodemo, Jesús le dice: "...de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios...de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3:3,5). Y también dijo el Señor: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos." (Mateo 7:21).
Como vemos, el reino de Cristo está en todas partes de la Biblia. Es la esperanza central de la Iglesia. De hecho, los teólogos están unánimemente de acuerdo que este es el tema central de las Escrituras. Jesús habló de él desde el mismo inicio de su ministerio (Marcos 1:1,14,15) hasta en el final de él (Hechos 1:3,6,7).
Es un hecho indiscutible que Jesús vino para proclamar el establecimiento del reino. En Lucas 4:43, él había revelado a sus propios seguidores la razón por la cual su Padre le había enviado al mundo hace dos milenios. Él les dijo:
"...es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO." Sí, la misión de Jesús fue la de proclamar su gobierno mundial, desde el trono del reino de David. Él vino para anunciarlo y confirmarlo. Así lo expresó Pablo cuando dijo: "Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, PARA CONFIRMAR LAS PROMESAS HECHAS A LOS PADRES." (Romanos 15:8).
Es claro que Cristo NO vino a cambiar las promesas de Dios escritas por los profetas del Antiguo Testamento. Y aunque muchos cristianos contemporáneos pretendan decirnos que Dios tiene otro programa para sus escogidos, lo cierto es que Dios no cambia (Malaquías 3:6); y sus promesas antiguas se cumplirán tarde o temprano.
Mientras que esperamos el cumplimiento de sus promesas, la iglesia deberá estar pidiendo y buscando el reino o gobierno mundial de Jesucristo en esta tierra. Jesús mandó a que pidiéramos lo siguiente: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra...Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia..." (Mateo 6:10,33).
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RETOMANDO EL EVANGELIO VERDADERO TAL COMO JESÚS LO ENSEÑÓ

—“El Partido Político y Teocrático que Cristo vino a Edificar”—
Por Ing° Mario A Olcese
Un Evangelio Prístino
Hoy escuchamos por todos lados una infinidad de evangelios que en nada se parecen al evangelio que Cristo y sus apóstoles predicaron. Hoy escuchamos entre los Católicos Romanos el llamado “Evangelio social”, y entre los evangélicos, el llamado “evangelio de la prosperidad”. Ninguno de estos evangelios es el evangelio que Cristo predicó, y de hecho, no encontramos esas frases en ninguna parte de las Escrituras. Lo sorprendente del caso es que millones de así llamados “cristianos” han aceptado estos evangelios falsos para olvidarse del verdadero que es el Reino de Dios y la muerte, sepultura y resurrección al tercer día de Jesucristo. El Reino de Dios es poco o casi nada predicado en las iglesias, y lo más grave es que cuando uno le pregunta a un evangélico o a un católico de qué se trata el evangelio, uno recibe una variedad de respuestas que no se ajustan a lo enseñado por Cristo. Estos “cristianos” parecen haberse olvidado de la advertencia Paulina a los Gálatas, y que dice: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gál. 1:6-9). ¡Usted puede ser un anatema (maldito) si predica o enseña un evangelio que no es el genuino!
El Evangelio y el nuevo gobierno mundial divino de Justicia
Cuando nuestro Señor estuvo en nuestro planeta hace dos milenios, él se esmeró en dar a conocer el mensaje de Dios a su pueblo. En Lucas 4:43 él dijo: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado”. Aquí Jesús no dijo que fue enviado para bendecir a todos los hombres en la presente edad maligna, sino a “introducirnos” en el reino de Dios (Col. 1:13), y a reclutar a los herederos de dicho reino venidero (Lucas 12:32). Jesús vino a formar su equipo de gobierno (su iglesia), y a escoger a los mejores candidatos, a los más preparados, probos, y dignos, para cargos de mayor responsabilidad dentro de su “gabinete” (Apocalipsis 2:27 “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”; Apocalipsis 3:21; “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”; Lucas 19:15-19: “Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. ).
Durante estos dos mil años de ausencia, él ha estado guiando e inspirando a los suyos a través de su espíritu para formar su equipo de gobierno (príncipes, ministros, viceministros, etc) a través de la labor esmerada de sus fieles pastores y maestros que él constituyó para el perfeccionamiento de Su iglesia (Efe. 4:11-13). La razón de ser de la venida de Cristo a nuestro mundo no fue sólo la de salvar a los hombres de la condenación debido al pecado, sino también para prometerles una participación activa en su nuevo gobierno mundial, que es su reino milenario venidero de justicia y paz, si resultaran fieles hasta el final (“Yo os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí” para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel”, Lucas 22:29,30).
Jesús y Satanás
El Señor Jesucristo, el futuro Rey Presidente Mundial, es la pesadilla más grande para Satanás. Satanás es el actual Presidente y Líder Mundial que viene rigiendo el presente mundo malo a través de cientos de gobiernos títeres. El Apóstol Pablo llama a Satanás “El dios de este mundo”. El es el verdadero gobernante de las naciones, el líder detrás de todas las naciones gentiles. Juan dijo que todo el mundo yace bajo el poder del maligno (1 Juan 5:19).
Recordemos que la primera cosa que intentó el diablo fue asesinar al bebé Jesús a través de un edicto del rey Herodes, y luego hacerlo caer bajo su influjo cuando estuvo andando en el desierto de Judea por 40 días. El diablo sabía que Cristo no sólo le arrebataría servidores sino que finalmente sería destituido o depuesto de su dominio mundial para que se pudiese restaurar en la tierra un nuevo reino o gobierno mundial presidido por el Mesías, Hijo de Dios. El diablo sabía que Cristo, como simiente de la mujer, pisaría su cabeza y lo destruiría, y por eso lo atacó desde el principio, arremetiendo fieramente contra Él, e intentándolo asesinar desde su infancia, y luego hacerlo caer con sus tentaciones durante todo su ministerio. En el desierto, el diablo le ofreció a Jesús su reino, y su dominio mundial, si sólo le rendía su adoración postrada (Mateo 4:8, 9: “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”) en un intento desesperado de evitar su futura deposición por Él. El quiso astutamente aliarse con su enemigo y hacerlo parte de su dominio maligno en la era presente. Pero Jesús, conocedor de las artimañas del diablo, lo rechazó sin demora. El destino fatal del diablo y de sus ángeles estaba ya determinado desde el mismo principio de su extraordinario ministerio. Nada podría cambiarlo.
Jesús percibió cómo ciertos judíos, sin saberlo, servían a Satanás, y por esto él los llamó ‘hijos del diablo’… ¿Por qué? Porque sencillamente estaban haciendo la voluntad de su padre y jefe (Juan 8:44). No obstante, para estos Judíos ciegos, Jesús era el que estaba endemoniado (v.48). ¡Así engaña el diablo! En distintas ocasiones, tanto Judas, como Pedro, fueron llamados “diablo” y “Satanás” respectivamente por Jesús cuando se dejaron influenciar por el enemigo por ciertos hechos o palabras malignas. El problema con los siervos de Satán es que no se dan cuenta de que están siendo manipulados por él para destruir o a atormentar a los hijos de Dios (2 Cor. 12:7). Se hace necesario, entonces, deponer al diablo de su trono maligno, y establecer un nuevo gobierno justo y perfecto a manos del Hijo de Dios (Rom. 16:20). Si no se depone al diablo, el trabajo de Cristo se verá constantemente obstaculizado con revueltas y conflictos. Por eso en Apocalipsis 20:1-4 se nos revela que el diablo y sus servidores angélicos serán lanzados y atados al abismo por mil años y entonces el gobierno revolucionario y renovador de Cristo se restaurará en la tierra. Los hijos de la luz reemplazarán a los hijos de las tinieblas, y la tierra disfrutará de una era nunca antes vista, donde los animales más feroces y hostiles entre sí vivirán en armonía.
Por fin llegará el día en que las revoluciones sociales, las guerras entre naciones, el terrorismo internacional, los desplazados, y los dictadores malignos, dejarán de existir. La constante lucha entre el bien y el mal habrá terminado finalmente, cuando el bien triunfe sobre el mal, y el diablo, la serpiente antigua, sea removido de nuestro planeta y “encarcelado” en el abismo. La enemistad (predicha en Génesis 3:15) que ha venido coexistiendo entre las dos simientes (la de la mujer y la de la serpiente), habrá finalmente terminado.
Vivir en el Cielo no es la Promesa de Cristo
El mensaje de Dios es el evangelio de la paz, del reino, o del gobierno divino venidero en la tierra en la persona de Jesucristo (Hechos 10:36). Un mensaje o “Buena Nueva” (= ‘evangelio’) que tiene que hacer con la política mundial. Nadie que enseñe otra cosa puede estar enseñando el evangelio original, y menos, aquellos que nos predican que esta tierra será destruida y que nosotros partiremos al cielo para vivir con “angelitos alados” tocando un arpa o una lira de oro al lado de los seres celestiales. Hay definitivamente un prejuicio enorme hacia un reino o gobierno teocrático en la tierra por mil años. Para algunos “cristianos” esta enseñanza es muy “Judía”, y para muchos sectarios, clasistas, y racistas, los Judíos no son sino un pueblo paria, maldito, y aborrecible, que perdió todos sus derechos de primogenitura. Hay ciertamente muchos hombres que no quieren que Cristo reine sobre ellos, ni ahora, ni nunca, y rechazan su señorío o autoridad. Éstos serán destruidos por Cristo cuando él regrese en gloria (Lucas 19:27: “Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí”).
Jesús jamás enseñó que partiríamos al cielo para estar para siempre con él. Usted no encontrará a Jesús ofreciendo a sus seguidores el cielo como el paradero final de la carrera cristiana, sino “el reino de los cielos” lo cual es muy distinto. Desgraciadamente muchos todavía confunden la frase “reino de los cielos” con la locución “reino en los cielos”.
Yo lo reto a usted a que me presente tan solo un texto donde se nos prometa el cielo si somos fieles hasta el final de nuestra carrera cristiana. Sólo uno!
El Reino y San Agustín
La Iglesia Católica por siglos se ha encargado de desdeñar y estigmatizar a los judíos acusándolos de matar a Jesús. Los padres de la Iglesia, y en especial los que se dejaron influenciar por las ideas gnósticas de los primeros siglos de la Era Cristiana, adoptaron la creencia de la supervivencia del alma después de la muerte física (Platonismo-Gnosticismo) y la partida de ésta (el alma) al cielo en el momento de la muerte. Así, el reino milenario “Judío” en la nueva tierra se esfumó y se hizo innecesario, siendo este reino espiritualizado o alegorizado por pura conveniencia de la iglesia Universal. Ahora el reino o gobierno literal de Cristo en la tierra prometida fue reemplazado por la noción Agustiniana de un “reino eclesiástico”. Es decir, para “San Agustín de Hipona” (Padre insigne del romanismo del siglo IV) el reino es la misma Iglesia organizada, la cual reina en la tierra sobre las naciones, ejerciendo su poder y autoridad bajo órdenes del Papado y de la curia romana. Convenientemente la Iglesia Universal se adueñó de las promesas muy judías para justificar su poder temporal, y dominar sobre todos los pueblos de la tierra. Ahora la Iglesia Universal era el reino hecho realidad en todo el mundo, al adjudicarse todas las promesas pertenecientes a la era venidera para la presente era, que es la era maligna, la era de Satanás. Para Agustín, y mil millones de Católicos en todo el mundo, el evangelio original de un reino teocrático Judío se convirtió prácticamente en una esperanza obsoleta, siendo este reino mesiánico futuro reemplazado por un reino que está ya “presente” en la tierra...¡y por espacio de casi dos milenios! Así, de un plumazo, el esperado reino restaurado teocrático Judío para la parusía ya no se hace necesario hoy, y más bien se ha convertido simplemente en una vana ilusión y una vana expectativa de los premilenaristas. El amilenialismo y postmilenialismo reemplazaron al premilenialismo apostólico y el pasaje de Apocalipsis 20 fue reinterpretado y hasta considerado irrelevante.
Si como sostenemos, la iglesia Universal realmente apostató de la fe en muchas de sus prácticas y doctrinas, entonces debemos tener cuidado con su doctrina del "reino eclesiástico", pues ésta muy bien puede ser una de sus más grandes apostasías ideadas por Satanás para desvirtuar el verdadero evangelio del reino tal como Jesús y sus apóstoles lo enseñaron. Esto es serio, porque finalmente podría ser otra causa de perdición para millones de potenciales creyentes y a una infinidad de creyentes ya comprometidos. Jesús enseñó que aquellos que no quieren aceptarlo como Rey y Señor del reino milenario que se restaurará en su segunda venida, no podrán ser salvos. Usted puede decir que Cristo es “el Rey y Señor de su vida”, pero si usted no está dispuesto a aceptarlo a Él como el venidero Rey y Presidente de la nueva sociedad que Él personalmente restaurará en este mundo, y se le hace difícil creer que Él volverá a pisar nuestro mundo para gobernar en persona entre los hombres, entonces usted corre el riesgo de no ser incluido en su partido divino y en su gobierno que por espacio de casi 20 siglos él ha estado construyendo o edificando (Lucas 19:27).
Nuestra Misión, como Iglesia Mesiánica, es anunciar el Partido de Cristo, y convocar a más adherentes
Es evidente que Cristo vino a edificar su iglesia (sus partidarios de su nuevo gobierno mundial). Su misión principal en la tierra fue arrebatar seguidores al diablo y atraerlos a su nuevo partido milenario a fin de restaurar juntos el gobierno o reino de la justicia y paz verdaderos (Col. 1:13). Sus seguidores estaban muy conscientes de la misión de Cristo como el restaurador del gobierno o reino davídico, que le preguntaron poco antes de volver al Padre, lo siguiente: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Ellos sabían que Jesús era el Mesías y que restauraría el gobierno davídico en Jerusalén como Líder y Presidente de ese antiguo partido de Dios. Ahora, viendo ellos que Jesús “tardaba” en llevarlo a cabo, le preguntaron si Él lo inauguraría en sus tiempos. Ellos querían gobernar con él, y deseaban deponer el dominio satánico representado por el abusivo e impío Imperio Romano. Pero Jesús no los reprendió por semejante “extraña” pregunta como algunos han querido hacernos creer, como si ésta hubiera sido tonta y fuera de lugar. Al contrario, en el verso 7 Jesús les dice: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Es decir, Jesús no los reprende en ningún momento por su pregunta supuestamente absurda o tonta, sino que más bien la valida, diciéndoles que el tiempo para que se restaure dicho reino en Jerusalén sólo lo sabe Su Padre (v. 7).
Ahora noten ustedes que los discípulos tendrían primero que estar anunciando y dando testimonio de Jesús y de su reino hasta que él volviera a restaurarlo. Ellos tendrían que estar captando adeptos para su causa, y arrebatando a los pecadores de la garras del diablo (Col. 1:13, 2 Timoteo 2:25,26). Su primera venida había sido para anunciar la cercanía de su reino y establecer las condiciones para ingresar en él, como están enunciados en el Sermón del Monte (Mateo 5), y en Gálatas 5:16-26 por Pablo. Sin embargo, muchos cristianos creen que Cristo cumplió todo lo prometido en un periodo muy corto de tiempo, cuando se destruyó el templo Judío en el año 70 DC. Estos son los llamados preteristas extremos o totales, los partidarios de la Escatología Realizada. Estos creen que Cristo estableció su reino en el primer siglo, y que su venida, y la resurrección de los muertos ocurrieron en el año 70 DC. Sin embargo, estos exégetas se encuentran con grandes problemas para explicar ciertos eventos predichos en Mateo 24, como es el caso de la resurrección de los muertos, y la venida física y personal de Cristo a esta misma tierra. De allí que aparecen los llamados “preteristas parciales”, los más moderados en esta corriente escatológica, y que sostienen que la parusía y la resurrección descansan aún en el futuro. Pero los preteristas extremos nos quieren hacer creer que la parusía de Cristo ocurrió en el año 70 DC, cuando en realidad Jesús fue muy claro al detallar la forma de su regreso glorioso, la cual no encaja con la supuesta “parusía” de Cristo expuesta por ellos. Les recomiendo que lean mi artículo sobre “La Señal de la Venida de Cristo” que aparece en mi sitio web: www.elevangeliodelreino.org en el link “el Reino”.
Retomando el tema, Jesús les dijo a sus discípulos que a ellos no les correspondía saber los tiempos o las sazones para la restauración del reino de Dios. Además les dijo que mientras durará su ausencia, ellos debían dar testimonio de él, y de su futuro reino o gobierno mundial (Hechos 1:7; Mateo 24:14). Y así lo hicieron. Vemos a Pablo, por ejemplo, predicando el reino de Dios entre los gentiles. En Roma, él se la pasó dos años enteros preso en una casa rentada (“porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena, dijo él”, Hechos 28:20), y recibía a todos los que le visitaban “a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas… Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.” (Hechos 28:23, 30,31). Fíjense ustedes cómo Pablo hablaba desde la mañana hasta la tarde sobre Jesucristo y de su Reino o gobierno --- “la esperanza de Israel”--- a los que le visitaban. Era su tema central y la razón de ser de su ministerio. Sin embargo, los predicadores de hoy se la pasan predicando desde la mañana hasta la tarde el evangelio de la prosperidad, de la riqueza, de la bendición material y nada en absoluto sobre el Reino o gobierno de Cristo que él implantará en esta tierra decadente y moribunda. Simplemente son evangelios y evangelistas fraudulentos. A éstos no hay que recibirlos ni decirles "Bienvenidos". San Juan dice: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras”. (2 Juan 9-11). ¡Usted no puede perder su tiempo escuchando a esos mensajeros del diablo!
Ahora observemos algo de lo ocurrido en Tesálonica, pues aquí vamos a descubrir qué predicaban los cristianos a los gentiles y a los judíos del lugar. Dice Hechos 17:1-7:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo (es decir, el futuro Gobernante del partido o reino de Dios). Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús”. Tomen nota que los cristianos en Tesálonica eran considerados como revoltosos o como predicadores de un nuevo gobierno y de un nuevo rey como lo era César. Su mensaje tenía sabor político, y era una proclama de esperanza para las masas oprimidas por los gobernantes injustos e imperfectos. De modo que afirmar que el mensaje del reino de Dios es un mensaje que nada tiene que ver con la política, o con los gobiernos humanos, es una falacia. Los cristianos auténticos son pregoneros de un nuevo gobierno y de un nuevo Líder justo y poderoso, que cambiará realmente las estructuras decadentes de nuestra sociedad. Estamos llamados a formar el partido de Dios, con Cristo como el futuro Presidente del Maravilloso Gobierno Davídico Mesiánico Restaurado.
Debemos anunciar al mundo que hay un personaje ideal o idóneo para el cargo de Presidente del Mundo llamado Jesucristo. Tenemos que “trastornar” al mundo con este personaje revolucionario, cuyo mensaje trae la esperanza de la justicia y de la paz permanentes a nuestro mundo, cuando los malvados e injustos reciban el justo pago por sus abusos cometidos contra los más desposeídos de esta tierra, y los pobres sean enriquecidos como príncipes en su reino o gobierno. En ese tiempo los creyentes serán realmente prósperos al lado del hombre más rico y poderoso que existirá… Jesús, el Cristo.
Necesitamos reavivar este mensaje apostólico del reino venidero de justicia, y no desviarnos con prédicas extrañas como: "recibe a Jesús en tu corazón", "Haz de Jesús el Señor y Rey de tu vida", "Acéptalo a Jesús como tu salvador personal", y frases por el estilo. Me pregunto, ¿cómo puede alguno aceptar al Mesías si no entiende nada de lo que este Mesías hará en este mundo malo cuando él regrese, y más bien les estamos enseñando doctrinas católicas?
¿PUEDEN ACASO LAS DAMAS CRISTIANAS SER PASTORAS O CO-PASTORAS EN LA IGLESIA? —¡PUES, NO!
Por Ing° Mario A Olcese
Refrán: A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión
"Obispa" Anglicana
El Pastorado Femenino
En estos días vemos una enorme proliferación de iglesias cuyos líderes son mujeres. Estas damas han tomado el control de sus iglesias y han sido nombradas, o se han hecho nombrar, pastoras o co –pastoras. Sin embargo, esta innovación de los llamados presbiterianos y evangélicos “revisionistas” no puede sustentarse con la Biblia, ya que ella no permite el nombramiento de mujeres obispos en la congregación cristiana. Sólo nos basta leer todas las epístolas Paulinas, por ejemplo, para descubrir que Pablo nunca se dirigió a una mujer obispo. Al contrario, en su carta a Timoteo, él dice: “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar” (1 Timoteo 3:2). Es decir, Pablo dice que el obispo debe ser esposo de una sola mujer, y nunca que la “Obispa” debe ser esposa de un solo hombre.
El Hombre como Cabeza de la Mujer
Las Escrituras nos dicen que la cabeza de la mujer es el hombre, y ella debe sujetarse a su marido en todo. Esto sería un gran problema si es que en la iglesia la esposa fuese la líder y no el marido. ¿Podría una esposa que es “Obispo” sujetarse a su marido que es sólo un miembro más dentro de la feligresía o congregación? Claro que no. Pero además Pablo dice: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. 35 Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Corintios 14:34).
El Hombre fue creado primero que la mujer
La razón fundamental por la cual la mujer debe someterse o sujetarse al marido es que ella fue creada después que el hombre. Dice Pablo así: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12 Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.13 Porque Adán fue formado primero, después Eva; 14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.15 Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:11-15).
Dios es un Dios de orden
Es claro que Dios, el Dios de orden (1 Cor. 14:33), ha establecido un orden para todas las cosas, aun para los seres humanos. Por esto Pablo nos dice: “Pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Cor. 14:40). Y a los Corintios les dice: “Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo”. Sin embargo, en 1 Corintios 11:2-19 encontramos una discordia entre la autoridad del hombre y de la mujer, y Pablo se ve precisado a decir: “Las pondré en orden cuando yo fuere” (v.34).
Me pregunto si Pablo diría lo mismo hoy si viera a tantas mujeres que han usurpado el lugar de los hombres. ¡Se iría de espaldas al ver a tantas “Pastoras” dirigiendo la iglesia del Señor!
Apologista. (molceses@hotmail.com)
www.elevangeliodelreino.org
Si Satanás el Diablo es la Personificación del mal, ¿es Dios la Personificación del bien?
Por Ing. Mario A Olcese (Apologista)
Hay una corriente moderna de teólogos Católicos, Protestantes y Judíos que niega la existencia de un diablo personal cósmico y espiritual. Estos exégetas bíblicos sostienen que la creencia en ángeles caídos o también llamados “demonios”, es un mito medieval de origen pagano. Por ejemplo, para el teólogo R. Bultmann las figuras cósmicas como ángeles o demonios no les compete una realidad, pues las considera unas figuras míticas. Para este teólogo de renombre el pecado es puramente un asunto del hombre. Cuando la Biblia, dice él, habla de “la esclavitud bajo el pecado” (Juan 8:34) quiere decir “esclavitud bajo el diablo” (1 Juan 3:8). Para Bultmann el pecado y el diablo son sinónimos. Es decir, cuando uno peca, uno se convierte en diablo. El diablo según él es nuestro pecado, o nuestra desobediencia a Dios.
Para el teólogo católico Herbert Haag, el diablo es la personificación del mal. Él escribe: “Satanás es la personificación del mal, del pecado. En todos los pasajes del Nuevo Testamento en los que aparece el nombre de Satanás o del diablo, podemos tranquilamente cambiar esos términos por ‘el pecado’ o por ‘el mal’... La misma función queda resuelta en el vocabulario de Juan con el término ‘mundo’ (Juan 15: 18i; 17: 14). El Nuevo Testamento utiliza, en fin, alternativamente y con el mismo significado los términos Satanás, diablo, mundo, pecado, mal”.
Pero el razonamiento de Bultmann, Haag, y de muchos otros como ellos, es peligroso ya que de igual forma podríamos comparar Lucas 13:18 con Lucas 7:31 y obtendríamos a una conclusión erradísima por cierto. Veamos lo que nos dicen estos dos textos lucanos:
“Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?”
(Lucas 7:31)
“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?” (Lucas 13:18).
Si razonamos como lo hacen Bultmann y Haag, tendríamos que concluir que ‘el reino de Dios’, y ‘los hombres de esta generación’ son expresiones equivalentes. Pero: ¿Podría alguien creer que el reino de Dios esté compuesto por los hombres incrédulos de este mundo? Imposible!.
También podemos hacer ese mismo artificio con Santiago 4:7 y 1 Pedro 2:13. Veamos lo que dicen estos dos textos:
Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios...”
1 Pedro 2:13: “Someteos... al rey como a superior.”
Al comparar estos dos textos: ¿Sería lógico concluir que “someterse a Dios” es equivalente a “someterse al rey de una institución humana”?¿Era el rey humano Herodes---Dios?¿Es Dios una “institución humana”? Imposible.
Por su parte, P. Schoonenberg no nos habla de poderes personales, sino de poderes “personalizados” del pecado y de la muerte. Schoonenberg usa como sinónimos la “esclavitud del pecado” y “esclavitud del diablo” como lo planteó Bultmann. De modo que hay una corriente de teólogos cristianos que niegan la existencia de poderes personales espirituales, los cuales, nunca fueron negados por la iglesia en los primeros tres siglos de la Era Cristiana. Incluso en el Edad Media se intensificó dicha creencia aunque mucho de ella fue distorsionada y mitificada con ideas paganas. No obstante, la gran mayoría de creyentes Católicos y Protestantes cree en la existencia del diablo como una figura supramundana, cósmica, angélica, y maléfica. Entre los teólogos que son los grandes exponentes de un diablo personal están Karl Barth, Paul Althaus, Emil Brunner, Otto Weber, Hans Kung, D. Zähringer, Conrado Balducci, A. Winklhofer, J. Burton Brown, y muchos otros de renombre.
El problema de personalizar o personificar al diablo es que con igual criterio podemos personificar la ‘justicia’ con el término ‘Dios’. Podríamos decir, por citar un ejemplo, que ser “siervos de Dios” (Santiago 1: 1) es lo mismo que decir “siervos de la justicia” (Romanos 6: 18). Es decir, podríamos concluir que Dios es la personificación de la justicia y no necesariamente una Persona Divina Todopoderosa y Eterna. No obstante, Haag, Schoonenberg, y Bultmann se escandalizarían con esta lógica conclusión, pues ellos jamás pretendieron negar la existencia de un Dios personal y Todopoderoso en sus escritos.
Por otro lado, los proponentes de la personificación del mal sostienen que pueden haber muchos ‘Satanases’, y muchos ‘diablos’ humanos. Por ejemplo, Herbert Haag recurre a 1 Samuel 29: 4 para demostrar que el rey filisteo Aquis, al querer llevar a la guerra al rey David, se convirtió en adversario (Satán) de él en la batalla. Para Haag, y no le restamos razón, todo individuo que se oponga a Dios es adversario (Satán) de él. Además, Haag recurre a 1 Reyes 11: 14, 23, 25 para demostrar que el mensajero de Jehová se convirtió en Satán cuando estorbó el paso a Balaam. Y también es cierto que en el Nuevo Testamento, tanto Judas Iscariote, como Simón Pedro, son llamados ‘diablo’ y ‘Satanás’ respectivamente (Ver Juan 6: 70 y Mateo 16: 23). El hecho de que hombres hayan fungido de ‘Satanes’ o de ‘diablos’ no quiere decir que no exista un diablo mayor y espiritual que actúa adversamente a los dictados de Dios, pues también hubo hombres santos que fungieron de ‘Dios’, como Moisés (Éxodo 7: 1), los jueces de Israel (Juan 10: 34), y sin embargo, este hecho no anula la existencia de un Dios Todopoderoso, Espiritual, Justo, y Eterno.
El teólogo y exegeta bíblico Settimio Cipriani dice de Herbert Haag lo siguiente: “En conjunto, queda como un intento bastante infantil el realizado en los últimos tiempos por el profesor Herbert Haag, de la Universidad de Tubinga que intituló su libro muy significativamente ‘ABSCHIED VOM TEUFEL’ (‘DESPEDIDA DEL DIABLO’). Nunca se le podrá dar un adiós al diablo, aunque fuera cierta la hipótesis sugerida aquí por el autor, es decir, que Satanás sería la personificación del mal, que sería así dramatizado y corporalizado ante el hombre. He aquí, en efecto, cómo se expresa él como conclusión de sus quizás demasiado rápidas reflexiones exegéticas: ‘Para nosotros, pues, se trata no sólo de preguntarnos si la Sagrada Escritura utiliza la palabra Satanás, diablo, espíritus malos, sino más bien preguntarnos lo que ella quiere decir con esa terminología. El problema del diablo, sigue diciendo Cipriani, “no se resuelve ni simplemente negándolo, porque no encontraría lugar en las categorías científicas de nuestro tiempo, ni reduciéndolo de problema teológico a problema puramente filosófico, y más exactamente antropológico: es decir, la experiencia del mal que hacen los hombres y el porqué del mal en su corazón y en su vida, como efectivamente nos parece haya hecho el profesor Haag y después de él también otros estudiosos católicos” (12).
El Que Practica el Pecado Es del Diablo (1 Juan 3:8)
El Apóstol Juan nos dice que todo aquel que practica el pecado es DEL Diablo. Esto refutaría la posición de Haag (y Bultmann) en el sentido de que el pecador es diablo cuando peca. Pero si el pecador es diablo cuando peca, entonces Juan debió decir: "El que practica el pecado es diablo". ¡Pero él no dijo eso! El dijo claramente: "El que practica el pecado es DEL diablo", es decir, le pertenece al diablo y se convierte en su esclavo. Esto probaría que el diablo es una persona que puede someter y dominar a otra y hacerla su siervo.
El Diablo peca desde el Principio (1 Juan 3:8)
Si el Diablo peca desde el principio, entonces es un ser que tiene voluntad propia y goza de libre albedrío. Nadie puede pecar si antes no se deja seducir por su propia concupiscencia. De alguna manera el Diablo que presenta Juan es un ser que decidió violar las leyes del Eterno. No es alguien creado malo, sino una criatura que escogió el mal camino. Tampoco es un ser humano, pues Juan dice que peca (no "pecó") desde el principio. ¿Cuál principio? Pues según el contexto (1 Juan 1:1)---¡Desde el principio de todo lo creado! Esto demostraría que el diablo de Juan no era un ser humano en particular, sino un ser cósmico, longevo, y que de alguna manera viene pecando desde la misma creación del mundo.
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Bibliografía
1.- Brown, J.B.‘Satanás, La Primitiva Tradición Cristiana’, Fondo Cultura Económica, 1986, p.27
1b.- págs 27,28.
2.- Balducci, C. “El Diablo...existe y se puede reconocerlo”, Ed. Paulinas, 1991, págs.15,16.
3.- Zähringer, C. I. Demoni en A.V., Mysterium Salutis, IV, Brescia, 1970, 790.
4.- Bortone, O. (Demonio, en DES 1, pág.7; Satana, en DES II, 1679-80, Satana, Roma, 1978).
5.- Kertelge K., Diabolo, demoni, esorcismi in prospettiva biblica, en W. KASPER-K. LEHMANN, Diabolo-demoni-possesione, Brescia, 1983, pag.7)
6.- Paytuvi, C. El Diablo. Editorial Maucci, 1961, págs 69,70.
7.- Clemente 51:1 “del adversario”. El NT y los autores cristianos usaban Antikeimenos como “enemigo” o “adversario”. Véase F.X. Gokey, La Terminología para el Diablo y los Espíritus Malignos en los Padres Apostólicos (Washington, 1961, pgs 68,69; J. Quasten, Patrology, vol. 1, pp. 42-53.
8.- “Soberano de esta época”. Carta a los efesios, 17:1, 19:1; a los magnesianos, 1:2; a los romanos, 7:1).
9.- Barnard, L. Justino Mártir: Su Vida y Pensamiento (Cambridge, 1967, pág. 107).
10.- Papini, G. El Diablo, EMECÉ editores, 1954, pags 75,76.
11.- Brown, J.B. Satanás, La primitiva tradición cristiana, pág. 40.
12.- Cipriani, S. Satanás en la Tradición Bíblica, texto de una conferencia dictada en Potenza, págs 1,2, 1988.
EL DIABLO: ¿ES ACASO UN
MITO MEDIEVAL?
Por Ing° Mario A Olcese
El Diablo: ¿Mito o Revelación Divina?
Mucho se ha hablado del diablo y de sus ángeles en la religión cristiana, y aun, en las no cristianas. Si hay algo que tienen en común las religiones del mundo, es sobre la creencia en la existencia de poderes espirituales maléficos y benéficos. No obstante, hay quienes sostienen que la fe en el diablo es pura superstición, y por tanto, es una creencia originalmente pagana. Pero, ¿podría ser la creencia en el diablo y los demonios pura superstición pagana, sólo por el hecho de que los paganos creían en ellos? Es bien sabido, por ejemplo, que las religiones paganas tienen dentro de sus tradiciones, la existencia de un diluvio universal. ¿Diremos, entonces, que el diluvio es pura superstición o una mitología pagana, simplemente porque los paganos Mayas, Asirios, etc, lo aceptaron o creyeron? Además, ¿diremos que los sacrificios de animales del Antiguo Testamento tienen un origen pagano sólo porque los paganos también ofrecían animales en sacrificio a sus dioses? Si, los hebreos también ofrecían sacrificios de animales a Su Dios, pero ello no quiere decir que los hebreos eran paganos. Los Incas creyeron que una pareja de esposos fundaron el Imperio Inca. Es decir, que dos personas (Manco Cápac y Mama Ocllo) dieron origen a la raza Inca. ¿Diremos que la historia de la primera pareja humana: Adán y Eva, tiene un origen pagano, simplemente porque los Incas paganos también creyeron que una pareja de esposos fundó su imperio?
Lo cierto es que la Biblia habla del Diablo como una persona cósmica que tienta, seduce, miente, asesina, arrebata, engaña, confunde, contradice, etc. Negar esta verdad es negar la inspiración de las Santas Escrituras, las cuales nos hablan de un ‘Satan’ (en Hebreo= el obstructor” ) o ‘diabolos’ (En Griego = ‘Diablo’ = adversario, calumniador). En el Nuevo Testamento el príncipe de este mundo de espacio (kosmos), y de tiempo (aión), es el diablo; en contraste con Jesús, cuyo reino no es de este mundo.
Apelativos del Ángel Caído
El apelativo más usado para el diablo es “espíritu maligno”, nombre que sumado a su forma singular y plural se halla 76 veces. Luego sigue con 63 casos y casi siempre en plural el término “demonio”, del griego daimónion, y que indicaría la acción maléfica que inyectan esos malos espíritus en oposición a los buenos ángeles. También aparecen “Satanás” y “diablo” 36 veces cada uno. Estos son los 4 nombres más usados en el Nuevo Testamento para señalar a los malos ángeles en 211 textos bíblicos. Y sumado a esas 211 citas donde aparecen esos 4 términos para los ángeles caídos, hay por lo menos otros 300 textos bíblicos donde aparecen indistintamente los nombres acusador, dios de este mundo, el enemigo, el tentador, el malvado, homicida desde el principio, padre de la mentira, pecador desde el principio, príncipe de este mundo, serpiente, espíritu malo, espíritu inmundo, espíritu impuro, etc.
El Diablo Según los Teólogos Contemporáneos
El Diablo, según las Escrituras, pretendió hacer caer a Cristo en el desierto, pero fracasó. Pretendió que Cristo fuera asesinado reiteradamente y busca que sus seguidores se rebelen contra la autoridad de Cristo. También se le presenta como aquél que obsesiona y posee a los hombres, e induce al pecado. Se puede afirmar, como dice Jeffrey Burton Russell, que hay una “experiencia del Diablo”, así como existe una “experiencia de Dios” (1). También Burton Russell añade: “Negar la existencia y la importancia central del Diablo en el cristianismo es contravenir las enseñanzas apostólicas y la evolución histórica de la doctrina cristiana...Si el Diablo no existe, entonces el cristianismo se ha equivocado totalmente en un aspecto central, desde sus inicios”. (1b)
Por su parte, el reconocido teólogo católico, Corrado Balducci, dice sobre el Diablo, lo siguiente: “Puesto que el demonio pertenece a las verdades reveladas, no es algo opcional, es decir, un algo que podemos descartar, sino una verdad que debemos creer, porque desgraciadamente existe; ciertamente no por culpa nuestra y menos porque lo ha querido Dios, sino sólo y exclusivamente por culpa suya, que en plena libertad de ángel de la luz se convirtió en ángel de las tinieblas” (2).
El Teólogo D. Zähringer dice del Diablo lo siguiente: “Desde su primer comienzo y con creciente seguridad ella (la revelación) afirma la existencia de espíritus malignos” (3) Y como dice el teólogo E. Bortone: “Para quitar a Satanás de la Sagrada Escritura habría que rasgar muchas páginas del Antiguo Testamento, y muchísimas del Nuevo, con el resultado de que se harían ininteligibles”. (4) K. Kertelge escribió: “No hay duda de que Jesús, sus discípulos y los autores de los escritos del Nuevo Testamento tuvieron en cuenta la existencia del diablo y de los demonios”(5). El teólogo A. Winklhofer afirmó estar convencido de que el testimonio de la Escritura nos obliga a admitir la existencia de “espíritus personales malos”. En su libro Schweizerische Kirchenzeitung nos dice que la redención de Cristo carecería de sentido si no existiera el diablo. Él estaba convencido, como lo cita en su Traktak, haciendo referencia a A. Lefévre, que “Es difícil creer en Cristo sin creer al mismo tiempo en su adversario, el demonio”.
La creencia de un poder Satánico que se opone al poder Divino no es de origen pagano o Persa. El dualismo Persa supone a dos entidades divinas y eternas que se oponen entre sí en una infinita pugna entre ellas: El dios bueno Ahura Mazda enfrenta los ataques de los daevas (demonios), siendo el principal Anro Mainyus (Arriman), el cruel espíritu malo, demonio entre los demonios---Daevanam Daeva--- que combate incesantemente a Ahura Mazda y sus “fieles servidores” como Zoroastro (6). Pero en el cristianismo, este dualismo es moderado, pues considera al Diablo como no eterno y sujeto a la voluntad del Eterno buen Dios. Este Diablo bíblico y sus demonios serán finalmente vencidos y destruidos para siempre (Apocalipsis 20: 10, Hebreos 2: 14). En otras palabras, Dios es más poderoso que el Diablo, aunque a éste se le permite un cierto grado de libertad para probar a los hombres con tentaciones y desgracias físicas y espirituales (Hechos 10: 38). Sin duda, el hombre no es tentado por Dios, pues Él, ni tienta, ni es tentado por nadie (Santiago 1:13). Esa función sólo le compete al Adversario y Obstaculizador----Satán, el singular enemigo de Dios y Su creación.
El Diablo, El Primer Pecador de la Historia
Juan dice que el Diablo ha estado pecando desde “el principio”: “...porque el Diablo peca desde el principio...” (I Juan 3: 8). Aquí hay pues un misterioso personaje que peca desde el “principio” de algo. En la Biblia encontramos esa palabra en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Entonces se podría suponer que el Diablo viene pecando contra Dios desde el principio de la creación de los cielos y la tierra (universo), lo cual supondría que él no es una criatura humana sino angélica que vive desde hace millones de años. Recordemos que la vida humana fue muy posterior a la creación del universo. En Apocalipsis 3:14 se habla del “principio de la creación de Dios”, de modo que la palabra “principio” tiene relación con el inicio de la creación del universo. Por otro lado, recordemos que Jesús afirma que el Diablo ha sido homicida desde el principio (Juan 8: 44), haciendo referencia a la creación del Génesis, cuando Abel es asesinado por Caín, un hijo del diablo (1 Juan 3:12). De modo que “principio” puede referirse a la creación del universo, o bien, al principio de la creación humana en la tierra. Si comparamos 1 Juan 3:8 con Juan 8:44, llegaríamos a concluir que “principio” se refiere a la creación humana: Adán y Eva, y cuando éstos engendran a sus dos primeros hijos. Si este es el caso, este personaje, como diablo, no tiene menos de 4 mil años de edad.
Es claro que el diablo es un personaje antiguo, de larga data, pues Juan escribe: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:9). “Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años” (Apocalipsis 20: 2).
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Lo Que Los Padres Apostólicos Creyeron del Diablo
Los Padres de la Iglesia se inclinaron decididamente por definir al Diablo como un ángel rebelde y caído. Entre los años 94 y 97 DC, Clemente I, obispo de Roma escribió su carta a la iglesia de Corinto, la cual estaba dividida en facciones. En ella Clemente anhelaba la unidad y la reconciliación, así como el perdón de sus pecados que habían cometido “a instancias del adversario”. Aquí se puede ver una primera mención de un diablo que incita a los creyentes y los divide (7).
Las cartas de Ignacio, obispo de Antioquia, martirizado en el 107 DC, son interesantes. Para él el Diablo era el “soberano de esta época”. Habló del conflicto entre los aeones antiguos y los nuevos, entre el reino de este mundo y el reino de Dios. Él sostuvo que el eón o época actual, es perverso; ha sido gobernado por la maldad desde la caída de la primera pareja en Edén. No obstante, la Encarnación ha arrebatado el poder de este antiguo eón, que será destruido finalmente por la parusía, o la segunda venida de Cristo. Jesucristo introducirá un nuevo eón, una nuera era donde habrá una renovación total del mundo y sus habitantes (8). También Ignacio sostuvo que existen huestes de ángeles. Algunos son malignos y siguen al Diablo. Creyó que Dios siempre limitaba el poder y la sabiduría de Satanás.
La “Epístola de Bernabé” escrita entre los años 117-119 DC, Bernabé hacía de la lucha entre dos senderos opuestos o de dos reinos. Sostenía que la actual era o mundo es perversa y que está bajo el control del Diablo. En cambio, sostenía que la parusía de Cristo acabará con el reino diabólico para dar paso al reino de Cristo donde imperará la justicia. Enseñó que los ángeles hicieron su elección, y algunos se fueron al mal y con el Diablo, y se convirtieron en ángeles de las tinieblas. Otro grupo más numeroso hizo su elección por Dios, los cuales son los ángeles de la luz. Bernabé sostenía que los ángeles de las tinieblas seducen a los que andan en la luz para llevarlos a las tinieblas, y separarlos del reino futuro de Dios. Él enseñó que el Diablo obsesiona, y posesiona a los hombres para enajenarlos y trata de torcer las voluntades.
San Policarpo, obispo de Esmirna, martirizado cerca del año 156 DC, habló de múltiples planes que urde el Diablo contra los mártires, y el uso de torturas prolongadas para hacernos renegar de la fe. Decía que si bien el Diablo actuaba en nuestros corazones, también lo hace el Espíritu Santo. Policarpo decía que “quien tuerza las palabras de Cristo para acomodarlas a sus propios deseos y diga que no hay resurrección ni juicio es el primogénito de Satanás”. Policarpo creyó que se puede “pertenecer a Dios”, o sea, los creyentes; o “pertenecer al Diablo”, o sea, los herejes.
El Pastor de Hermas, escrito en 140 DC, y primer libro cristiano de interés pastoral; el cual tuvo valor de inspirado en la segunda mitad del siglo II, hace hincapié a la batalla entre los espíritus buenos y malos en el corazón humano. Hay dos caminos, uno recto y otro sinuoso; y dos ciudades, la ciudad del Señor y la ciudad de aquellos que se oponen.
El Diablo Según Justino Mártir
Justino fue el primer padre apologético, y un gran teólogo cristiano. Él fue el primero en tratar el asunto del mal en términos teológicos, y por tanto, ejerció una influencia enorme durante siglos. La “conciencia del elemento demoníaco en el universo fue central en la cosmovisión de Justino” (9).
Tanto para Justino y los cristianos del siglo II, Cristo y la iglesia habían entablado una batalla cósmica
Con el Diablo y sus huestes. Por cierto que Justino era un fiel creyente en los ángeles como criaturas espirituales. Justino creía que Dios designa una nación, área o persona a cada ángel para que rijan el mundo, y el deber de los ángeles es obedecer a Dios, de lo contrario pecan. Para Justino, los gigantes pecadores fueron ángeles de las naciones que faltaron a su deber. Justino no es claro sobre la naturaleza de su pecado, pero creía bastante en la teología de los gigantes lujuriosos. Justino aceptó la creencia apocalíptica de que gigantes engendraron hijos con mujeres humanas. Para él existen dos tipos al menos de espíritus malignos fuera del Diablo: Los ángeles caídos y los hijos que éstos engendraron. Pero en el siglo V desapareció esta creencia de Justino. También Justino equipara al Satanás del AT con la serpiente del Génesis. Creyó que Satanás es el tentador de Adán y Eva, el tentador de Jesús, la serpiente y el príncipe de los demonios. El poder de Jesús se contrapone al poder Satánico, cuya destrucción, para Justino, es una de las principales funciones de la obra de Cristo (Dial. 78, 116: El poder---dynamis--- del Diablo contra el dynamis de Cristo).
Justino sostiene que el Diablo supo desde el comienzo de la pasión de Cristo que su condena era inevitable, aunque ha seguido luchando vanamente contra su fatal destino, tratando de destruir la obra salvadora de Cristo en la iglesia. Y lo que hace no tiene perdón porque el diablo no tiene la capacidad ni la voluntad para arrepentirse. También Justino cree que el Diablo tentó a Cristo, pero al no lograr corromperlo, se ha dirigido a obstaculizar su obra dividiendo a la comunidad cristiana y conduciendo a los cristianos al pecado. El Diablo, decía él, se vale de nuestras debilidades, de nuestras vidas irracionales, de nuestro apego a las cosas mundanas. El creyó que el Diablo se vale de muchos medios para socavar nuestro amor y fidelidad a Cristo. Provoca sueños y visiones para confundirnos y dominarnos. Los demonios nos hacen confundir las malas leyes con las buenas. También creyó que los demonios nos poseen, que causan enfermedades y la locura. Nos enseñan pecados y nos inducen a practicarlos (Dial. 105). También creía que el instrumento más terrible del Diablo es la persecución. Creía que las autoridades que juzgan y condenan a los cristianos están influenciados por los demonios.
La Serpiente Antigua
En el Génesis aparece la figura de la serpiente, el animal más astuto que existía en ese entonces cuando Dios creó a la primera pareja humana. Pero para ser justos, es verdad que las palabras ‘Satanás’ y ‘diablo’ no aparecen en este primer libro de la Biblia, aunque en el libro de Apocalipsis la serpiente viene a ser diablo y Satanás (Apocalipsis 12:9; 20:2). Pero, ¿sería esta afirmación una prueba definitiva de que no existe un ángel caído? No necesariamente. No obstante, los que niegan la existencia de un Satanás demoníaco y espiritual, sostienen que quien tentó a Eva no fue, ni un hombre, ni un ángel, sino un animal astuto llamado serpiente. Pero nos resulta muy extraño que la habilidad de hablar y razonar la pueda poseer algún animal que no está hecho a la imagen y semejanza de Dios. Una simple serpiente hablante y pensante nos resulta difícil de creer y aceptar, salvo que esté poseída, o sea una encarnación de un espíritu impuro.
De todos modos esta serpiente pudo hablar con Eva y tentarla para que desobedeciera a Dios. No sabemos si esta serpiente estuvo poseída por el demonio, o fue el demonio transformado en serpiente. Pero como dice Giovanni Papini: “La primera apariencia que Satanás cobró en sus encarnaciones terrestres fue la de la serpiente.” Luego dice: “En una de sus visiones, Isaías vio dos serafines con seis alas, que estaban junto al Señor. Pero nosotros sabemos que la palabra saraf significa en hebreo “que quema” y también “serpiente”; y el mismo Isaías la emplea en el sentido de dragón. Es probable, pues, que el nombre de los Serafines—el orden más elevado de los ángeles—derive de saraf, que significa también serpiente” (10). Lo interesante del caso es que finalmente la serpiente es sentenciada a arrastrarse sobre su vientre, y a comer polvo de la tierra (Génesis 3:14). Nada se dice que sería castigada con la mudez, lo cual resulta extraño, pues al principio la serpiente hablaba y hoy ninguna de ellas puede hablar. Pregunto: ¿Por qué no hablan las serpientes hoy si no se las condenó al mutismo? Esto me lleva a creer que la serpiente fue sólo un instrumento de Satanás, el cual, a través de ella, habló a Eva. El hecho que las serpientes se arrastren tiene como finalidad el recordarnos lo que ocurrió en Edén, y de cómo Dios humilló al tentador por haber hecho lo que hizo en contra de la raza humana.
“El Príncipe de este Mundo”
En Juan 16:2, Jesús se refiere a un personaje que lo llama: “El Príncipe de este mundo”(el cual) “ha sido ya juzgado”. Por cierto que nuestro Señor no estaba hablando de sí mismo, puesto que también él dijo: “...porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.” (Juan 14: 30). Además, Jesús dijo que “Mi reino no es de este mundo” ( Juan 18: 36). Entonces, es claro que él hablaba de alguien más, alguien que tiene autoridad en este cosmos, y en esta era maligna. Además, este personaje se caracteriza por haber sido ya juzgado. Este hecho indicaría que no es un humano, puesto que los humanos serán juzgados cuando Cristo regrese por segunda vez en persona a este mundo (2 Timoteo 4:1, Hechos 17:31).
La palabra griega para “Príncipe” en Juan 16:2 es “archon”, que significa literalmente un gobernante político. Como comenta Burton Russeell: “La palabra griega “archon” significa jefe, dirigente, general o soberano. Quizá la mejor traducción sea el tradicional “príncipe”, del latín princeps, “cabeza principal”, “jefe” o “soberano”. Por el uso que hace del N.T del término “arconte de esta era” y por los demás escritos de Ignacio, puede verse con claridad que archön tou aiönou equivale a diabolos “el Diablo” y Satanás a “Satán” (11). Esto quiere decir que Satanás controla los sistemas políticos de esta tierra. Hay un ejemplo de esto en el libro del profeta Daniel, quien recibió una visión profética la cual no pudo interpretar. Entonces Daniel oró a Dios con la esperanza que recibiría el significado de la misma. Daniel tuvo que orar 21 días y entonces se le apareció el ángel del Señor, quien le dice que fue enviado por Dios para revelarle el significado de la visión. El ángel le dijo a Daniel que él fue detenido u obstaculizado de una manera inusual por “El príncipe del reino de Persia” durante 21 días (Daniel 10: 13). En ese entonces el Reino Persa gobernaba el mundo, y era la potencia mundial de turno. Pero no fue un mero hombre que se interpuso al ángel de Dios, sino otra criatura capaz de enfrentarlo, un ángel caído, uno de los generales de Satán quien controlaba al príncipe de Persia. Este poderoso espíritu detrás del príncipe de Persia se interpuso al ángel de Dios por tres semanas, hasta que Dios mandó a Miguel, uno de sus ángeles principales, para vencer al demonio y permitir el paso del mensajero de Dios hacia Daniel.
No obstante, hay quienes niegan la existencia de demonios siendo “creyentes en Cristo”, los cuales dicen que quien se opuso al ángel del Señor fue un hombre con poder, el rey de Persia de turno (¿Ciro?). Pero: ¿Realmente sólo un arcángel pudo vencer a un hombre mortal? Resulta extraño. Además, resulta raro que un hombre pueda oponerse a un ángel de Dios (quien es más que un hombre) por 3 semanas y no poder vencerlo, salvo con el auxilio de Miguel, uno de los principales príncipes celestiales.
En Efesios 6: 12 Pablo confirmará nuestra posición doctrinal cuando dice: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre (humanos), sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Aquí hay una clara distinción entre los poderes humanos, y los poderes maléficos (no humanos o espirituales) en las regiones celestes. Por tanto, quienes niegan a los espíritus angélicos caídos debieran explicarnos qué quiso decir Pablo con “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Obviamente no pueden ser humanos en posiciones de poder y autoridad, pues Pablo comienza aclarando que contra los humanos no es nuestra batalla.
“El Príncipe del Poder del Aire”
Aquí tenemos otra descripción de Satanás como “El Príncipe del poder del Aire” (Efesios 2: 2). La palabra “aire” es la misma para referirse al aire que respiramos, el aire de nuestra atmósfera. Este texto tiene relación con Efesios 6:12 (“poder del aire”= “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”). Aquí no se habla de “tendencias pervertidas en el corazón de los hombres” o de “inclinaciones pecaminosas humanas”, sino de un espíritu (“el Príncipe del poder del aire” o “El Príncipe de la atmósfera”) que opera o actúa en los hijos desobedientes.
La interpretación que se da al aire o atmósfera puede ser tanto literal y simbólica. Literal, porque el Diablo y sus demonios saturan nuestra atmósfera con su maléfica influencia. Él está dando vueltas por la tierra, de arriba abajo, para hacer maldades y provocar el caos. El sentido de su presencia se deja sentir hasta en el aire que respiramos. Todo está contaminado y saturado de maldad. En la atmósfera terrestre el Diablo se mueve con sus demonios. Están muy cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, su accionar se hace patente en las extrañas manifestaciones en el aire (ovni, levitaciones, apariciones en el cielo, espíritus fantasmales, luces extrañas, poltergeist, voces celestiales, ángeles de luz, etc). Sí, el Diablo está metido en nuestro mundo, y él es el poder tras el trono de los gobiernos del mundo. El Diablo ha contaminado el mundo con sus filosofías diabólicas, con sus ideales mundanos y vanos, etc. Si, “Nuestra atmósfera está enrarecida con su influencia ponzoñosa”. Estamos respirando “aire de esclavitud y de maldad”.
Sin duda Pablo está hablando de un poder que está fuera de uno pero que de alguna manera influye en el sentir interior de los hombres, penetrando en sus pensamientos, actitudes, valores, aspiraciones, etc. De modo que podemos decir que el Diablo es supramundano, pero mundano en su accionar.
“El dios de este Siglo”
Otro de los títulos para Satanás es: “el dios de este mundo” (II Corintios 4: 4). Según Pablo, un individuo con poder en este mundo ha logrado obscurecer las mentes de los hombres para que no crean en el evangelio de Jesucristo. ¿Quién puede ser este personaje endiosado que ha logrado engañar al mundo entero (1 Juan 5:19)?. Que sepamos, ningún hombre en la época de Jesús engañó al mundo con su maléfica influencia para oscurecer el evangelio de Cristo. Sólo el Diablo, el superángel caído, si lo ha logrado parcialmente, introduciendo falsas corrientes filosóficas y religiosas que han confundido a millones, como por ejemplo, el llamado “gnosticismo” del los primeros siglos de la Era Cristiana, y más adelante, la teoría de la Evolución, la moral relativa, etc (Colosenses 2: 8).
Satanás quiso ser Dios, y rebelarse contra Su Creador para recibir la adoración de los ángeles y hombres. Por eso Pablo lo llama como “el dios de este mundo malo”, lo que significa que él tiene seguidores y adoradores. Las religiones falsas son del Diablo, y los que se unen a esas religiones se unen al Diablo. Las doctrinas que allí se enseñan Pablo las denomina “doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1).
Es interesante destacar que sólo hay un Dios verdadero, pero también hay un falsificador, un usurpador que funge como “dios”. Pablo no dice en su Primera Epístola a Timoteo que hay “dioses de este mundo” sino uno (en singular): “El dios de este mundo”. Esto indicaría que hay un solo dios perverso en este mundo impío quien es el responsable de todo el mal en la tierra. Si Pablo tenía en mente a los hombres con autoridad y tiranos cuando se refería al “dios del mundo”, entonces él hubiera hablado en plural, y no en singular. Él habló de UN solo dios de este mundo o siglo malo y no más. Pablo no tenía en mente al César del Imperio Romano, ni a ningún otro tirano de la historia, sino a un ángel caído que tiene la astucia suficiente de engañar a todo el mundo con sus mentiras a fin de que los hombres no crean en el evangelio y se salven (Véase también Lucas 8: 11,12).
“Vuestro Padre: El Diablo”
El diablo es presentado en el Nuevo Testamento como un padre que tiene hijos que están sujetos a él y hacen lo que él dice. Cuando Jesús les dijo a los fariseos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer...” (Juan 8: 44), lo que tenía en mente es el hecho que hay hombres que se convierten en hijos del diablo porque hacen la voluntad del Diablo. También Jesús afirma que el diablo ha sido “homicida desde el principio”. Sí, desde el principio de la creación del Génesis, el diablo indujo a Caín a matar a su hermano Abel. Ahora nótese que dos versículos más adelante (v.10) Juan dice: “En esto se manifiestan... los hijos del diablo: Todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. Es evidente que todos los que hacen cosas injustas son del Diablo, y están en contraposición con aquellos que son de Dios, los que hacen cosas justas. Los justos son hijos de Dios, y los injustos, hijos del Diablo. Dios es una Persona, y también el Diablo. Ambos tienen sus seguidores, y ambos son “Padres”. Los impíos obedecen y adoran al Diablo, en cambio los justos sirven y adoran a Dios.
En 1 Juan 3: 8 el apóstol dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Aquí tenemos a un diablo que peca o que continúa pecando desde el principio, y que tiene influencia sobre los hombres para hacerlos pecar. Este es un diablo que vive sin envecejecer desde hace muchísimo tiempo, cuando muchos seres humanos longevos ya han muerto hace muchísimo tiempo, como por ejemplo, Matusalén. Ahora, Juan no dice que el que peca es un diablo, sino más bien, es del diablo. Esto es muy interesante, pues indica que el pecador le pertenece a otra persona a la cual sirve y hasta adora, conciente o inconscientemente. Sin embargo, si una persona opta por no pecar para vivir como Dios manda, ésta le pertenece a Dios. Por eso Juan dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5: 19).
Como se puede ver, Juan habla que la mayoría de la gente es del diablo, y una minoría de ella es de Dios. Uno le puede pertenecer al diablo o bien a Dios. Todo depende de si practicamos el pecado o no. Si el diablo no existe, entonces el pecador en realidad no le pertenece a nadie, pues el diablo sería simplemente un sinónimo del mal, o una personificación del pecado como algo contrario al bien. Y también tendríamos que concluir que el hombre justo no le pertenecería a un buen Dios, pues Éste sería simplemente un sinónimo del bien, o una personificación de la justicia y de la rectitud.
El Diablo Incógnito
Barnhouse afirma que la estratagema más inteligente del Diablo es hacer creer que él no existe (‘La Guerra Invisible’). El Diablo busca que las hombres nieguen su existencia, y de ese modo hacerles creer que el principal enemigo de ellos es el hombre mismo. Esto sería peligroso de existir verdaderamente un ángel caído poderoso y sutil. Por su parte, el teólogo D. Zähringer bien ha dicho: “...el primero y mayor ardid del demonio consiste en negarse a si mismo. Donde su duda de su existencia o se niega ésta, se le ofrecen los mejores presupuestos para una acción eficaz”.
Sin duda, Satanás se esconde detrás de la música ‘Rock’ con sus mensajes subliminales que incitan al suicidio, al crimen, a la infidelidad, al satanismo, etc. También está detrás de las religiones falsas que endiosan al ser humano y niegan su necesidad de redención. También está detrás del arte, en especial de las pinturas, el cine, etc. En cuanto a las filosofías, éstas están saturadas de materialismo y ateísmo. Millones han sido seducidos por los “grandes intelectuales” de la ciencia, y de las corrientes filosóficas de este siglo. Pablo habló de filosofías demoníacas que engañan a los incautos. Y finalmente, el diablo se esconde detrás de las apariciones fantasmales y fenomenales ( en la forma de ángeles, vírgenes, extraterrestres, etc) trayendo mensajes supuestamente de Dios o de entidades superiores de otras dimensiones. Estas son sus palabras: “Pero el espíritu dice que en los postreros tiempos algunos apostarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1).
Satanás el Diablo: ¿Personificación del mal?
Hay una corriente moderna de teólogos católicos y protestantes que niega la existencia de un diablo personal cósmico y espiritual. Tales exegetas bíblicos sostienen que la creencia en ángeles caídos o también llamados “demonios”, es un mito medieval y de origen pagano. Para el teólogo R. Bultmann, las figuras cósmicas como ángeles o demonios, no les compete una realidad, pues las considera unas figuras míticas. Para Bultmann el pecado es puramente un asunto del hombre. Cuando la Biblia, dice él, habla de “la esclavitud bajo el pecado” (Juan 8:34) quiere decir “esclavitud bajo el diablo” (1 Juan 3:8). Para él, el pecado y el diablo son sinónimos. Es decir, cuando uno peca, uno se convierte en diablo. El diablo para Bultmann es nuestro pecado, o nuestra desobediencia a Dios.
Para el teólogo católico Herbert Haag, el diablo es la personificación del mal. Él escribe: “Satanás es la personificación del mal, del pecado. En todos los pasajes del Nuevo Testamento en los que aparece el nombre de Satanás o del diablo, podemos tranquilamente cambiar esos términos por ‘el pecado’ o por ‘el mal’... La misma función queda resuelta en el vocabulario de Juan con el término ‘mundo’ (Juan 15: 18i; 17: 14). El Nuevo Testamento utiliza, en fin, alternativamente y con el mismo significado los términos Satanás, diablo, mundo, pecado, mal”.
Pero el razonamiento de Bultmann, de Haag, y de muchos de sus seguidores es peligroso, ya que de igual forma podríamos comparar, por ejemplo, Lucas 13:18 con Lucas 7:31, y llegaríamos a una conclusión erradísima por cierto. Veamos lo que nos dicen estos dos textos lucanos:
“Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?”
(Lucas 7:31)
“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?” (Lucas 13:18).
Entonces, si razonamos como lo hacen Bultmann y Haag, tendríamos que concluir que ‘el reino de Dios’, y ‘los hombres de esta generación’ son expresiones equivalentes. Pero: ¿Podría alguien creer que el reino de Dios esté compuesto por los hombres incrédulos de este mundo? Imposible!.
También podemos hacer ese mismo artificio con Santiago 4:7 y 1 Pedro 2:13. Veamos lo que dicen estos dos textos:
Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios...”
1 Pedro 2:13: “Someteos... al rey como a superior.”
Al comparar estos dos textos: ¿Sería lógico concluir que “someterse a Dios” es equivalente a “someterse al rey de una institución humana”?¿Era el rey humano Herodes---Dios?¿Es Dios una “institución humana”? Imposible.
Comparemos ahora Romanos 16:16 con 1 Timoteo 3:15 para ver qué resulta:
“...las iglesias de Cristo os saludan” (Romanos 16:16).
“ .. la iglesia del Dios viviente” (1 Timoteo 3:15)
Si comparamos ambos pasajes llegaríamos a la conclusión de que Cristo es el Dios viviente. Pero esta conclusión contradeciría lo dicho por Jesús en Juan 17:3 en el sentido que sólo el Padre es el único Dios verdadero y vivo.
Por su parte, P. Schoonenberg no nos habla de poderes personales, sino de poderes “personalizados” del pecado y de la muerte. Schoonenberg usa como sinónimos la “esclavitud del pecado” y “esclavitud del diablo” como lo planteó Bultmann. De modo que hay una corriente de teólogos cristianos que niegan la existencia de poderes personales espirituales, los cuales, nunca fueron negados por la iglesia en los primeros tres siglos de la Era Cristiana. Incluso en el Edad Media se intensificó dicha creencia aunque mucho de ella fue distorsionada y mitificada con ideas paganas.
No obstante, la gran mayoría de creyentes católicos y protestantes cree en la existencia del diablo como una figura supramundana, cósmica, angélica, y maléfica. Entre los teólogos que son los grandes exponentes de un diablo personal están Karl Barth, Paul Althaus, Emil Brunner, Otto Weber, Hans Kung, D. Zähringer, Conrado Balducci, A. Winklhofer, J. Burton Brown, y muchos otros de renombre.
El problema de personalizar o personificar al diablo es que con igual criterio podemos personificar la ‘justicia’ con el término ‘Dios’. Podríamos decir, por citar un ejemplo, que ser “siervos de Dios” (Santiago 1: 1) es lo mismo que decir “siervos de la justicia” (Romanos 6: 18). Es decir, podríamos concluir que Dios es la personificación de la justicia y no necesariamente una Persona Divina Todopoderosa y Eterna. No obstante, Haag, Schoonenberg, y Bultmann se escandalizarían con esta lógica conclusión, pues ellos jamás pretendieron negar la existencia de un Dios personal y Todopoderoso en sus escritos.
Por otro lado, los proponentes de la personificación del mal sostienen que pueden haber muchos ‘Satanases’, y muchos ‘diablos’ humanos. Por ejemplo, Herbert Haag recurre a 1 Samuel 29: 4 para demostrar que el rey filisteo Aquis, al querer llevar a la guerra al rey David, se convirtió en adversario (Satán) de él en la batalla. Para Haag, y no le restamos razón, todo individuo que se oponga a Dios es adversario (Satán) de él. Además, Haag recurre a 1 Reyes 11: 14, 23, 25 para demostrar que el mensajero de Jehová se convirtió en Satán cuando estorbó el paso a Balaam. Y también es cierto que en el Nuevo Testamento, tanto Judas Iscariote, como Simón Pedro, son llamados ‘diablo’ y ‘Satanás’ respectivamente (Ver Juan 6: 70 y Mateo 16: 23). El hecho de que hombres hayan fungido de ‘Satanes’ o de ‘diablos’ no quiere decir que no exista un diablo mayor y espiritual que actúa adversamente a los dictados de Dios, pues también hubo hombres santos que fungieron de ‘Dios’, como Moisés (Éxodo 7: 1), los jueces de Israel (Juan 10: 34), e incluso Jesucristo (Juan 1: 1), y sin embargo, este hecho no anula la existencia de un Dios Todopoderoso, Espiritual, Justo y Eterno.
El teólogo y exegeta bíblico Settimio Cipriani dice de Herbert Haag, lo siguiente: “En conjunto, queda como un intento bastante infantil el realizado en los últimos tiempos por el profesor Herbert Haag, de la Universidad de Tubinga que intituló su libro muy significativamente ‘ABSCHIED VOM TEUFEL’ (‘DESPEDIDA DEL DIABLO’). Nunca se le podrá dar un adiós al diablo, aunque fuera cierta la hipótesis sugerida aquí por el autor, es decir, que Satanás sería la personificación del mal, que sería así dramatizado y corporalizado ante el hombre. He aquí, en efecto, cómo se expresa él como conclusión de sus quizás demasiado rápidas reflexiones exegéticas: ‘Para nosotros, pues, se trata no sólo de preguntarnos si la Sagrada Escritura utiliza la palabra Satanás, diablo, espíritus malos, sino más bien preguntarnos lo que ella quiere decir con esa terminología. El problema del diablo, sigue diciendo Cipriani, “no se resuelve ni simplemente negándolo, porque no encontraría lugar en las categorías científicas de nuestro tiempo, ni reduciéndolo de problema teológico a problema puramente filosófico, y más exactamente antropológico: es decir, la experiencia del mal que hacen los hombres y el porqué del mal en su corazón y en su vida, como efectivamente nos parece haya hecho el profesor Haag y después de él también otros estudiosos católicos” (12).
Judas El Diablo
En Juan 6: 70, 71, Jesús dice a sus discípulos: “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce”. En esta cita reconocemos claramente que Judas se convirtió en un diablo (adversario) de Cristo. No obstante, Juan admite que otro diablo indujo a Judas a convertirse en un diablo. En Juan 13: 2 encontramos esta sorprendente afirmación con respecto a la caída de Judas: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase”. Si el Judas-diablo era una persona, entonces el otro diablo que sedujo a Judas a traicionar a Jesús tuvo que ser otra persona. Pero fue esa otra persona: ¿Humana o espiritual? No lo sabemos por el contexto, pero sí por otras citas bíblicas. En primer término, ¿quién podría ser el más interesado en deshacerse de Jesús? ¿Pilato?¿El sumo sacerdote Caifás? ¿U otro hombre en el poder citado en el Nuevo Testamento? No parece posible, ya que el mal proceder de Judas no se inició con el trato que realizó con las autoridades que odiaban a Jesús, sino en el momento en que él se propuso dirigirse hacia los detractores de Jesús. Si aceptamos la persona del ángel caído Satanás, éste sería el más interesado en deshacerse de Jesús. Y la razón sería la envidia y el odio que siente éste por Jesús porque finalmente tendrá el dominio del mundo en la Era venidera de justicia, y quien, además, lo derrocará, y lo destruirá en el “lago de fuego” junto con sus demonios. El ángel caído Satanás sabe muy bien sobre la sentencia de Dios registrada en Génesis 3:15, y está muy airado por ello y porque le queda poco tiempo en libertad y con vida (1 Pedro 5: 8). Desde Génesis hasta el Apocalipsis, el destino fatal de la persona del diablo y sus demonios está bien definido (aniquilación total de esos malos espíritus).
El Pedro Satanás
Tenemos el caso del Pedro “satánico” o el Pedro “diabólico” como se registra en Mateo 16: 23. Aquí Jesús mismo también se dirige a otro de sus discípulos con el duro adjetivo o nombre “Satanás”: “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás; me eres tropiezo...”. Es obvio que Pedro estaba obstaculizando el camino de la redención de Jesús. Sin querer se estaba convirtiendo en un adversario del Señor. Pero en Lucas 22:31 Jesús mismo habla que otro Satanás ha pedido “zarandear” a Pedro con sus pruebas duras. Dice el texto así: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte...” Entonces es evidente que Cristo sabía que otro ser había pedido (probablemente a Dios mismo) por Pedro a fin de probarlo como lo había hecho probablemente mucho antes con Job. Si Satanás fue el sumo sacerdote, ¿a quién le pidió permiso para zarandear a Pedro? El Nuevo Testamento no registra nada en se sentido, es decir, que el sumo sacerdote, o alguna otra autoridad no cristiana, haya pedido permiso a alguien para probar a Pedro con pruebas. Así como un ángel caído pidió a Dios por Pedro para probarlo duramente, a su vez Cristo pidió, rogando a Dios mismo, para que le de fuerzas y fe a Pedro para que pueda resistir en el día malo. Cristo Abogó por Pedro ante Su Padre como fiel Mediador y Defensor de su discípulo.
Un Singular Diablo
Si bien es cierto que los hombres pueden ser diablos como de hecho se señala en la Biblia, también es cierto que la Biblia habla de un singular y enigmático “Satanás el Diablo, la serpiente antigua”. Veamos algunos ejemplos:
1.- “Fue...para ser tentado por el diablo.” (Mateo 4:1).
2.- “Al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41).
3.- “El enemigo que la sembró es el diablo” (Mateo 13:39).
4.- “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44).
5.- “El diablo ya había puesto en el corazón de Judas” (Juan 13:2).
6.- “Sanando a...los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38).
7.- “Hijo del diablo, enemigo de toda justicia” (Hechos 13:10).
8.- “Ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:27).
9.- “Estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).
10.-“No sea...caiga en la condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6).
11.- “Escapen del lazo del diablo” (2 Timoteo 2:26).
12.- “Que tenía el imperio de la muerte...al diablo” (Hebreos 2:14).
13.- “Resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).
14.- “El diablo, como león rugiente” (1 Pedro 5:8).
15.- “El que practica el pecado es del diablo” (1 Juan 3:8).
16.- “El Arcángel Miguel contendía con el diablo” (Judas 9).
17.- “El diablo... fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:10).
Es interesante lo que se dice del diablo en Santiago 4:7 (“Resistid al diablo y huirá de vosotros”), pues este diablo no puede referirse a ningún hombre con o sin poder. Y hay dos motivos: Primero, porque resulta difícil creer que la comunidad cristiana pudiese vencer o hacer huir a alguna autoridad impía, como por ejemplo, a Nerón, Tiberio, Calígula, Herodes, etc, y a sus fuerzas, en el caso de que estos “diablos” los persiguiesen cruelmente. ¿Cómo podría hacer huir a un ejército romano poderoso aquella iglesia perseguida y sufriente que tenía que estar agazapada o escondida y sin contar con armas de ningún tipo? Segundo, Cristo manda a no resistir a los hombres impíos, es decir, a no atacarlos violentamente. Sus palabras son claras: “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5:39). ¿Cómo entonces armonizar Mateo 5:39 con Santiago 4:7? Es sencillo. Jesús habla en Mateo 5:39 de hombres malos que nos persiguen y nos golpean, y a quienes podemos ver cara a cara. En cambio, Santiago está hablando de un diablo singular, espiritual y cósmico, al cual se le puede hacer huir sólo con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia da sobrado testimonio de cómo los espíritus diabólicos temblaban al ver a Jesús. Hemos visto que en el nombre del Señor los demonios cósmicos huyen, literalmente hablando (Lucas 9:49; Hechos 4:12; Romanos 10:13; Mateo 7:22). De modo que podemos decir que el diablo de Santiago no es una persona humana sino cósmica y espiritual, sin lugar a dudas.
El otro pasaje que evidencia a un diablo no humano es Efesios 4:27 (“No deis lugar al diablo”). Sería absurdo pensar que Pablo se estuviese refiriendo a alguna autoridad humana impía del momento con este nombre: “Diablo”, cuando los cristianos siempre eran acusados falsamente y “daban lugar” a ser perseguidos sin piedad durante los tres primeros siglos de la Era Cristiana. Los cristianos se oponían a la adoración del césar de turno y a participar de las prácticas mundanas. Esto era suficiente motivo para su persecución---Era inevitable! Por eso, parecería irónico que Pablo se estuviese refiriendo a aquellos impíos gobernantes como “el Diablo” en una época en que sin motivo alguno los creyentes eran perseguidos y asesinados sin piedad. Siempre había un motivo para perseguir a un cristiano en los primeros siglos del cristianismo. De modo que Pablo tuvo que referirse a otro tipo de diablo, a uno que está al asecho para atacar a los creyentes y en todas las épocas. Pablo no sólo escribió ese versículo para los cristianos de su época, sino para todos los cristianos, incluso para nosotros, que no sufrimos la persecución que sufrieron los creyentes de los primeros siglos. Hoy día no tenemos a un gobernante humano impío que nos persiga como un diablo feroz, pero no obstante, ese texto tiene plena vigencia para nosotros hoy. Y es que tenemos a un enemigo invisible, cósmico, espiritual, que nos asecha diariamente. Este ser es maléfico, astuto, pervertido, maquiavélico, invisible, poderoso, asesino, mentiroso, calumniador, etc. A éste ser le podemos dar cabida si bajamos la guardia. Es como una enfermedad que se desarrolla en nosotros cuando bajan las defensas de nuestros cuerpos. Por ejemplo, un hombre puede dar lugar al diablo si éste, siendo ex alcohólico, va con un bebedor a una cantina para conversar. Uno puede dar lugar al diablo, si ve películas violentas, o pervertidas. Uno puede dar lugar al diablo si nos asociamos con gente viciosa. El enemigo cósmico aprovechará la ocasión para sugerirnos o impelernos a hacer cosas que nunca hubiésemos hecho en otras circunstancias.
El otro pasaje que nos lleva a pensar que hay un singular diablo que mueve los hilos de sus marionetas demoníacas es Mateo 25:41 (“Al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”). Si hay muchos diablos: ¿Por qué aquí se habla de un solo diablo que es arrojado al “fuego eterno” con sus ángeles?¿No deberían ser arrojados allí todos los diablos, y no tan sólo uno, con sus ángeles? Aquí hay un castigo extremo, capital, definitivo para alguien llamado “El diablo”. Pero sin duda aquí no se refiere a ningún humano, sino a algún ser extremadamente impío, maléfico, cruel, abominable, etc. Debe ser un líder, cabecilla, estratega, “el cerebro” de las acciones impías en la tierra y el cosmos. No es un Hitler, ni un Napoleón, ni un Calígula, ni un Herodes, ni un Atila, ni un Stalin, etc; aunque tiene rasgos de todos ellos en su ser. Definitivamente es alguien que merece estar en el “fuego eterno”, y con él, sus servidores angélicos y humanos.
Algunas Citas del N.T donde Aparece un Singular “Satanás”
1.- “Estuvo allí...días, y era tentado por Satanás” (Marcos 1:13).
2.- “Viene Satanás, y quita la Palabra que se sembró” (Marcos 4:15).
3.- “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18).
4.- “Si...Satanás está dividida contra sí mismo” (Lucas 11:18).
5.- “Esta hija...que Satanás había atado” (Lucas 13:16).
6.- “Entró Satanás en Judas” (Lucas 22:3).
7.- “Satanás os ha pedido para zarandearos” (Lucas 22:31).
8.- “Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses” (Hechos 5:3).
9.- “Y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).
10.-“El Dios de paz aplastará...a Satanás” (Romanos 16:20).
11.- “Sea entregado a Satanás para destrucción” (1 Corintios 5:5).
12.- “Juntaros en uno, para que no os tiente Satanás” (1 Corintios 7:5).
13.- “Que Satanás no gane ventaja alguna sobre vosotros” (2 Corintios 2:11).
14.- “El mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14).
15.- “Un mensajero de Satanás que me abofetee” (2 Corintios 12:7).
16.- “quisimos ir...pero Satanás nos estorbó” (1 Tesalonicenses 2: 18).
17.- “A quienes entregué a Satanás para que no aprendan a blasfemar” (1 Timoteo 1:20).
18.- “Algunos se han apartado en pos de Satanás” (1 Timoteo 5:15).
19.- “Sinagoga de Satanás” (Apocalipsis 2:9).
20.- “Donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:13).
21.- “No han conocido...las profundidades de Satanás” (Apocalipsis 2:24).
22.- “la serpiente...que se llama diablo y Satanás” ( Apocalipsis 12:9).
23.- “prendió al...Satanás, y lo ató por mil años” (Apocalipsis 20:2).
24.- “Los mil años se cumplan, Satanás será suelto” (Apocalipsis 20:7).
En los textos #11 y #17, enumerados arriba, Pablo dice que había entregado a Satanás a creyentes que habían blasfemado y fornicado. Pero: ¿Se estaba refiriendo Pablo a alguna autoridad civil o militar del imperio por el nombre de “Satanás”? Si la respuesta fuera afirmativa, ¿pensaremos, entonces, que Pablo estaba denunciando y entregando a sus hermanos en la fe por faltas morales que debían ellos--- en privado--- dilucidar? Imagínese, por un instante, qué insensato hubiese sido que Pablo hubiese entregado a las autoridades civiles anticristianas, a cristianos infieles. Este desatino de Pablo les hubiera dado más motivos a sus detractores para perseguir a los cristianos, acusándolos de inmorales, deshonestos, e impíos. Esto hubiese ido en contra de los mismos cristianos, y ellos mismos hubieran sido objeto de justificadas acusaciones y persecuciones feroces. Ahora bien, el contexto del texto # 11 parece indicar que aquel fornicario había sido disciplinado por Pablo y finalmente expulsado de la grey. Esto significaría que dicho pecador pasaría, del reino de la luz, al reino de las tinieblas, cuyo padre y dios es Satanás, el ángel caído (ver el verso 2). Lo mismo les ocurrió a Himeneo y Alejandro del texto # 17.
El Satanás del libro de Job
En el libro de Job encontramos la figura de Satanás que aparece como una persona enigmática, seductora, acusadora, y aun, celosa. Mucho se ha discutido sobre este Satanás que se acerca a Dios para cuestionar la fidelidad del fiel Job. Veamos lo que dice Job capítulo 1: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales también vino Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿no has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: acaso teme Job a Dios de balde? ¿no le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová (Job 1: 6-12).
Los que creen que este Satanás del libro de Job no es otro que un siervo humano de Dios que pone en tela de juicio la integridad de Job, se encuentran con ciertos problemas. En primer término, no es seguro que este Satanás sea un hijo de Dios necesariamente. Lo que dice el texto es que entre los hijos de Dios que vinieron a entrevistarse con Dios estaba también Satanás. Por ejemplo, yo puedo decir que en la reunión de los obreros de la empresa estaba también el abogado de la compañía. Esto no significa que el abogado sea otro obrero de la empresa, ¿no es verdad? Segundo punto, aquí tenemos a un Satanás velocísimo que se da el lujo de andar por toda la tierra en un tiempo en que ni siquiera se conocía la rueda. Los hombres de aquellos remotos tiempos de seguro demorarían una eternidad para poder recorrer toda la tierra de arriba para abajo, cruzando ríos, mares, desiertos, montañas; soportando el calor, el frío, el cansancio, la falta de comida y agua; sorteando las fieras salvajes, las tribus paganas, etc, etc. Pero nuevamente aquí hay una persona llamada “Satanás” que no tenía problema alguno para movilizarse permanentemente por el planeta tierra unos tres mil años atrás, y probablemente tampoco lo tenga en estos días.
Por otro lado, este Satanás no parece ser un buen y fiel servidor del Señor, y pareciera que tampoco estaba en buenas relaciones con Él. En Job 2: 3 Dios dice algo contra Satanás que lo coloca como un ser despiadado y maligno: “...tú (Satanás) me incitaste contra él (Job) para que lo arruinara sin causa”. De aquí se desprende que este Satanás es alguien funesto, que incita a la adversidad y a la ruina de las personas sin motivo alguno. Este es un ser calumniador, envidioso, altanero, desafiante, mentiroso, provocador, y acusador. Y esto es precisamente lo que dice la Biblia de Satanás, el gran señalador y acusador de los hombres. Dice Apocalipsis 12: 10: “...porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Esto concuerda con la historia de Job perfectamente, y con la de Josué en Zacarías 3. No obstante, este arrojamiento se realizará cuando Cristo esté por reinar en el mundo por mil años, es decir, cuando vuelva por segunda vez.
Se dice que “delante de Jehová” no significa necesariamente estar presente frente a Dios en el cielo. Se sostiene que Josué y los ancianos de las tribus de Israel en Siquem, “se presentaron delante de Jehová” (Josué 24: 1). Aún después, Samuel a su turno le dijo a Israel: “Preséntense ustedes delante del Señor...” (1 Samuel 10: 19): Igual se nos dice que María, la madre de Jesús, poco después del nacimiento de su hijo, vino al templo de Jerusalén “Para presentarlo al Señor...” (Lucas 2: 22-24). Todos estos ejemplos son usados por los no creyentes del diablo para sostener que hombres pueden presentarse ante Dios en la tierra, sin moverse de ella, o sin necesidad de “volar” al cielo. No obstante, en ninguno de estos casos, ni en otros que puedan existir, encontramos a un Satanás que mantiene un diálogo fluido y directo (sin necesidad de un mediador) con el mismo Dios Eterno. No hay nada en el contexto, ni en todo el libro de Job, que nos pueda sugerir que este Satanás hablaba con un ángel de Dios. En realidad todo parece indicar que Satanás hablaba con Dios mismo. Aquí hay un personaje osado, medio intrigante, celoso, y envidioso de la prosperidad de un hombre de la tierra.
Es verdad que Moisés, como un escogido de Dios, habló con Dios en muchas ocasiones. No obstante, sabemos que sus diálogos fueron con los ángeles de Dios que venían en su nombre. Por ejemplo, cuando habló con “Dios” en la zarza ardiente, en realidad está demostrado, por la misma Biblia, que Moisés habló con los mensajeros angélicos de Jehová que venían en su nombre. Además, jamás se le llamó con el nombre ‘Satanás’ a Moisés, ni siquiera cuando rompió las tablas de la ley. Por otro lado, la única ocasión que parece que Dios se dirigió a un hombre personalmente fue en el Paraíso, inmediatamente después de la desobediencia de Adán y Eva. Después el hombre necesitaría de un mediador para llegar al trono de la gracia, pues el pecado rompió la relación hombre-Dios.
A los israelitas, inclusive, no les era permitido entrar al “santísimo” (la morada de Dios), sino sólo al sumo sacerdote de Dios. Éste ofrecía sacrificios a Dios por los pecados del pueblo y podía ingresar al santísimo una vez al año (Hebreos 9: 25). Aun hoy Jesús es el único Mediador entre los hombres y Dios, ya que ninguno puede prescindir de Cristo como tal (Hebreos 9: 24). Nótese que este texto de Hebreos 9: 24 prueba que ningún hombre puede presentarse directamente ante Dios, sino sólo el único Mediador, Jesucristo. Él sólo se presenta por nosotros ante el Dios y Padre celestial. Esta imposibilidad de estar “frente a Dios”, cara a cara, fue siempre así desde que el pecado reinó en el mundo. ¿Cómo, entonces, suponer que este Satanás era un hombre que se presentó ante Dios y que pudo mantener un diálogo fluido y directo con Él, cuando a nadie en la tierra se le ha permitido eso, salvo al Hijo de Dios y a los buenos espíritus angélicos?
Satanás en el libro de Zacarías
En el libro de Zacarías 3: 1-7 encontramos nuevamente la figura de Satanás. Dice el texto: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás, Jehová te reprenda, oh Satanás...”. Sobre este Satanás se ha especulado mucho, y hay quienes creen que era alguno de los principales samaritanos que se oponía a la construcción del templo. Pero si esa interpretación es verdad, ¿por qué no se dice claramente eso en el contexto?¿Por qué tanto misterio? ¿No hubiera sido mejor que se dijera claramente que un líder o líderes samaritanos se oponían como adversarios (Satanases) ante el sumo sacerdote? Pero aquí aparece un Satanás que no requiere mayor presentación, pues es harto conocido desde tiempos anteriores, desde la creación, en la historia de Job, en la vida de David, y ahora, en la de Josué. Por tanto, decir que este Satanás de Zacarías simboliza a una secta llamada de los samaritanos, es forzar el sentido del texto. Definitivamente el contexto de Zacarías no nos dice nada de que los samaritanos eran, en su conjunto, el Satanás de Josué.
Jesús Confronta las Tentaciones de Satanás
En Mateo 4 tenemos el registro de la tentación Satánica contra Jesús, la cual se produjo mientras Jesús ayunaba por 40 días. Dice así el relato: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo e Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está; No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca e ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” (Mateo 4:1-11).
Mucho se ha discutido sobre este incidente de Jesús, de si es una historia literal o simbólica. Se ha dicho que ésta fue una tentación personal de Jesús, sin la verdadera intervención de un tentador cósmico o supramundano. Se ha dicho que esta tentación de Jesús provino de su mismo ser, de su propia inclinación humana al mal y al pecado. Se ha afirmado que él mismo sintió deseos de adelantar su reino mundial, tomando el control inmediato del mundo. Se ha sostenido que él sintió el deseo (se sintió tentado) de probarse a si mismo para comprobar si él era verdaderamente el Hijo de Dios, y si Dios era capaz de intervenir por él. Además, se sostiene que Jesús, por sí mismo, y por su sola voluntad, se fue a la santa ciudad y se paró en el pináculo del templo para probarse. Pero si esto es verdad: ¿Acaso no hubiera sido más fácil, y más directo, por parte de Mateo, que dijera que Cristo se sintió tentado para ser rey del reino de este mundo y hacerse el soberano de esta era, y que quiso, por un instante, tentar a Dios para ver si verdaderamente lo protegería, y así confirmar su filiación divina?¿por qué usar a una tercera persona (el diablo) para decir lo mismo en forma oculta? O, ¿Es que el diablo en verdad sí existe como un tentador personal y cósmico?
Si los malos deseos, o las perversas inclinaciones salen de nuestro interior o de nuestro “corazón”: ¿Por qué dice Mateo que el diablo vino--- y no más bien--- que el diablo salió de Jesús? Aquí hay un diablo cósmico, que no reside en uno, pero que puede eventualmente “entrar” en uno a través de las obsesiones (en la mente) y las posesiones ( en el cuerpo).
Notemos, además, que al ver Jesús los reinos de este mundo, el diablo no le dijo: “Todo esto es tuyo, sólo tienes que tomarlo”, sino más bien: “Todo esto te daré si postrado me adoras”. Aquí hay uno que ya tenía la posesión del mundo, y que se lo ofrece a Jesús. Pero la condición es que Jesús se rinda al amo y señor de los reinos de este mundo malo. Jesús no podía ser el amo del mundo malo sin condiciones. Él tenía que rendirse y adorar al diablo.
Nuestra Lucha no es Contra “Carne y Sangre”
El apóstol Pablo fue claro al afirmar que nuestra lucha no es contra los adversarios o “satanases” de este mundo de carne y huesos, o los oponentes humanos de Jesucristo; sino contra los enemigos o adversarios espirituales que se mueven constantemente en los “lugares celestiales” (no en el “corazón” del hombre). En Efesios 6:12 leemos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales en las regiones celestes”. Notemos que Pablo dice que nuestra verdadera lucha no es contra los adversarios humanos que nos persiguen o nos quieren matar, sino más bien contra las huestes espirituales en las regiones celestes. Pablo sin duda creía en adversarios maléficos y espirituales de diferentes rangos en los lugares supramundanos o “atmosféricos”. Este pasaje contradice la hipótesis que Satanás y el diablo son dos palabras para personificar el mal. Los deseos malos no son espíritus, son inclinaciones torcidas del carácter que pueden conducirnos a la violación de las leyes divinas. Pero los malos espíritus pueden inducir a los malos deseos a través de sugestiones, obsesiones, posesiones, etc.
Por su parte, el apóstol Pedro coincide con Pablo, cuando al escribir su Primera Epístola, dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Aquí Pedro habla de un enemigo cósmico que da vueltas por la tierra buscando a quien devorar. Esto nos hace recordar al Satanás de Job, quien venía de la tierra, movilizándose alrededor de ella para luego acusar a Job. Aquí tampoco no hay evidencia contextual alguna de que se esté hablando de un diablo humano en el poder, es decir, de un perseguidor del Imperio Romano o de una autoridad Judía. Además, los humanos nos pueden devorar en esta vida, pero no en la futura. Es decir, nos pueden matar el cuerpo, mas no el alma. En cambio, este diablo si tiene la facultad de devorarnos y destruirnos para siempre si caemos en sus garras. Por causa de ese maléfico espíritu cósmico podemos perder alma y cuerpo en el infierno (Véase Mateo 10:28).
Recordemos siempre que los enemigos que no podemos ver y tocar resultan más difíciles de combatir, pues operan sigilosamente y de sorpresa. No obstante, Jesús ha venido para desenmascarar al Diablo, revelando los estratagemas que éste, y sus demonios, usan contra nosotros (1 Juan 3:8; 2 Corintios 2:11).
Satanás: Imitador de Dios
Satanás es un gran imitador de Dios. Desde un comienzo quiso ser como Dios (Isaías 14: 13, 14; 2 Corintios 4: 4) y recibir así, la adoración del mundo entero (1 Juan 5: 19), y de los ángeles. Él reina en esta era maligna, y recibe el servicio de millones de hombres (Mateo 4: 8, 9; 1 Juan 5: 19). También él inspira sus “libros sagrados” de religiones falsas, y filosofías contrarias a las de Dios. Durante el régimen diabólico de Hitler, Satanás usó a este líder nazista y racista en contra del pueblo de Dios, y le hizo creer que tendría un reino milenario. Por cierto que Satanás estaba detrás del trono y pretendió oprimir al mundo por mil años con su falso Mesías. Una burda imitación del reinado milenario de Cristo. Dios le prometió a Su Hijo el gobierno del mundo venidero (Daniel 7: 13, ,14), y así también lo hizo el diablo, ofreciéndole su mundo y sus reinos a Jesús en la tentación en el desierto (Mateo 4: 8, 9).
El Diablo también quiere tener su propia iglesia---la Iglesia de Satanás. Sí, hoy en día Satanás es adorado con sacrificios de animales y de humanos. Él tiene su propia Biblia, sus propios mandamientos, sus propios rituales, y sus propias recompensas. Sus mandamientos principales son el odio y las prácticas carnales (sexo, drogas, alcohol, asesinatos, brujería, idolatría, etc).
A Satanás le gusta hacer milagros y maravillas (2 Tesalonicenses 2: 9), como manifestarse en la forma de un ángel de luz y de verdad (2 Corintios 4: 4). También puede hacer bajar fuego del cielo, imitando a lo que Dios hizo a favor y en presencia del profeta Elías (comparar 2 Reyes 1: 10, y Apocalipsis 13: 12, 13). Igualmente puede materializarse como una virgen bendita, y hasta tomar la forma de Cristo. También es capaz de predecir con alguna precisión algo del futuro usando psíquicos y profetas, y hasta curar enfermedades con la imposición de manos por parte de “curanderos” y “médicos psíquicos”.
Y finalmente, el diablo imita el advenimiento de Cristo enviando a un “inicuo” (el Anticristo final) para que engañe a los hombres con maravillas y portentos, aunque será destruido por la verdadera presencia de Jesucristo en gloria (2 Tesalonicenses 2: 9, 10).
El Pecador Consuetudinario es del Diablo”
Satanás el diablo es presentado como un padre con hijos (Juan 8: 44), y además, si bien la Biblia habla de muchos “satanases” y muchos “diablos”, también es cierto que habla de un singular diablo que es líder de la maldad, un dios, un mentiroso, tentador, seductor, astuto, devorador, maléfico, milagrero, zarandeador, instigador, revoltoso, ladrón, arrebatador, embaucador, estorbador, mentiroso, acusador, calumniador, asesino, intrigante, soberbio, odioso, enemigo, acechador, etc. Ahora bien, según las Escrituras, hay un singular personaje en la Biblia que tiene todas estas características en él, y se le llama Satanás el diablo.
Pues bien, este Satanás busca seguidores que se le parezcan a él y para ello él moldea un carácter perverso en las personas a través de sus mentiras. Mentiras filosóficas y valores torcidos son dos caminos que usa él. También pone en el corazón sentimientos bajos y ruines de maldad. Así, él logra cautivar a los hombres con su seductora influencia. Él explota la carnalidad humana. El pinta el alcohol como algo bueno, y también el tabaco. Él promueve el sexo desenfrenado a través de la pornografía. También el promueve la infidelidad conyugal a través de las novelas baratas que bombardean a la TV todos los días. En fin, los que caen bajo su influencia maléfica se convierten en sus esclavos, de allí que Juan tiene razón al decir: “El que practica el pecado es DEL Diablo...” (1 Juan 3: 8). Nótese que Juan no está diciendo que aquel que practica el pecado es diablo o un diablo. No! Lo que dice es otra cosa diferente. Él dice que el que practica el pecado le pertenece al diablo, al singular diablo que es el padre y dios de este mundo impío. Si el diablo es un sinónimo de la maldad o de la personificación de la maldad, o es el mismo pecador: ¿por qué Juan dice que un pecador puede pertenecer al diablo?
Por otro lado, como ya dijimos antes en “Vuestro Padre: El Diablo”, uno puede ser de la entidad diabólica espiritual, llamada ‘Satanás’, o en caso contrario, de la Entidad Divina Espiritual llamada ‘Dios’. Si el Satanás espiritual no existe, entonces tampoco existe Dios como un Ser Todopoderoso y Espiritual. Si uno es diablo y Satanás cuando nos oponemos a Dios, entonces uno es Dios cuando practicamos la justicia y obramos con amor y verdad. Pero esta conclusión, ni es bíblica, ni es posible.
Aquí claramente se habla de pertenecer a alguien: A Satanás o a Dios. Ahora bien, hoy continúa la rivalidad del diablo por robarle seguidores a Dios y a Cristo. Por otro lado, Dios ha enviado a Cristo para arrebatarle al diablo pecadores cautivos bajo sus maléficas garras (Colosenses 1:13; Lucas 8:12, 2 Timoteo 2:26; Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8; Hechos 26:18; 1 Timoteo 5:15).
El Diablo en los Fenómenos Parasicológicos
Según el profesor Charles Richet, los fenómenos paranormales (del griego para, al lado de, más allá, por encima de, y normal), son “fenómenos extraños, psicológicos o físicos, debidos a fuerzas que parecen inteligentes o a facultades desconocidas del espíritu”. Éstos se pueden dividir en dos grupos: los subjetivos o psicológicos y los objetivos o materiales. Los primeros comprenden, básicamente, la telepatía, llamada, en general, “transmisión de pensamiento”, y la metagnomía o “videncia”, que consiste en el conocimiento, al margen de la actividad sensorial o racional normales, tanto las cosas sensibles como los acontecimientos pasados o futuros.
Los segundos pueden agrupar en 3 categorías principales: La telecinesia, la psicocinesia y la ectoplasmia. La telecinesia (del griego tele, lejos, y kinesis, movimiento) designa, de una forma científica, el movimiento de objetos realizados sin que medie contacto alguno, así como la levitación del cuerpo humano. El fenómeno típico de la telecinesia es el de la mesa, llamada “giratoria”, movida a distancia.
Con la telecinesia se halla generalmente vinculada la psicocinesia (del griego psyché, alma, y kinesis, movimiento), que se puede definir como un influjo de la acción del pensamiento sobre sistemas físicos en evolución: por ejemplo, un lanzamiento de dados.
La ectoplasmia (del griego ektós, fuera, y plasma, formación) es, al parecer, la formación paranormal, la materialización, mediante el cuerpo de un médium, de órganos aislados, rostros, animales, y seres fantasmales de aspecto humano o humanoide.
Los movimientos de objetos sin contacto, o telecinesia, fueron observados mucho antes de la aparición del espiritismo y de la metapsíquica: el fenómeno era conocido en tiempos de Tertuliano, o sea hace unos 18 siglos. Hay muchos registros de telecinesia interesantes como las de los religiosos católicos Teresa de Ávila, Bernardino Realino, Francisco Suárez, y José de Copertino. Las levitaciones de José de Copertino (1603-1663) se produjeron en Nardo, en Asís, en Osimo, en Fossombrone, en Nápoles, en Roma y en cierto número de conventos: La Grottela, el Sacro Convento, etc.
Sólo en la ciudad de Copertino hay registradas más de setenta éxtasis corporales de José. Y según la bula de canonización, “no hay santo que se compare a él”. Sus levitaciones consistían en levantamientos con movimientos de traslación. El Papa Urbano VIII fue una vez testigo del fenómeno.
Sus levitaciones eran tan frecuentes, que cuando sus hermanos de comunidad lo buscaban por el convento y no lo hallaban, el superior les decía, en son de broma: “Mirad hacia arriba, que ahí lo encontraréis.” El punto aparte es si esta fenomenología en José era de Dios o de los espíritus malignos. Recordemos que los médiumes espiritistas también levitaban por los aires y se podían trasladar en ese estado. Tenemos el caso del espiritista Mister Home, en Londres, (1868), en presencia de Lord Lindsay, de Lord Adare, y el capitán Wyrme. Los testigos vieron cómo el médium, en levitación, entraba y salía por las ventanas del inmueble sito en el número 5 de Buckinghame Gate, en Ashley Place.
No podemos, pues, ignorar las fuerzas ocultas en este mundo malvado. Se ha sabido de niños analfabetos, que poseídos por entidades paranormales, empezaron a hablar en lenguas extrañas, como también hablaron pulcramente idiomas y lenguas conocidos (glosolalia) tales como el latín, el francés, el inglés, el alemán, etc. También se ha visto a personas levitar como los médiumes espiritistas, monjes, y aun fantasmas. También han levitado objetos como mesas, lámparas, libros, botellas, copas, etc, por manos invisibles. Los “espíritus chocarrones o traviesos (poltergeist)” en casas llamadas encantadas o embrujadas no es historia nueva. Se han reportados casas, hospitales, palacios, conventos, etc, embrujados, en donde se manifiestan fenómenos paranormales como es el caso de radios y televisores que se encienden solos, Luces que se prenden y apagan, manchas de sangre que aparecen en las paredes, voces extrañas lamentándose, objetos que vuelan y se estrellan en las paredes, golpes, agresiones físicas y psicológicas a personas que las habitan, cambios bruscos de temperatura dentro de un área de la casa sin motivo alguno, aparecidos sin cabeza, o sin pies, y así por el estilo. Y esto no es sólo de reciente data.
Se cuenta que Adrien de Montalembert, limosnero de Francisco I de Francia, anotó el caso sucedido en un convento, en 1528, donde no sólo se producían ruidos extraños, sino que los más diversos objetos eran arrojados violentamente sin mano visible alguna que los arrojara. También Cieza de León cuenta que, en 1594, cuando el cacique Pirza, en Popayán, Colombia, se convirtió al cristianismo, era molestado continuamente por piedras que caían de lo alto. No eran arrojadas por ningún ser humano, sino que caían verticalmente a tierra. Los que presenciaron la conversión del cacique contemplaron con gran asombro, cómo una copa de licor, colocada sobre una mesa, se levantaba en el aire, siendo vaciada, y vuelta a llenar al ser nuevamente dejada en el mueble. También los misioneros jesuitas en Conchinchina, en el siglo XVIII, observaron varios casos, sin encontrar explicación alguna.
Las personas poseídas suelen no sólo hablar en lenguas, sino también pueden predecir el futuro, y manifestar una fuerza descomunal pese a todos los intentos por detenerlo. También suelen odiar la religión cristiana, y el nombre de Jesús. El exorcismo en el nombre de Jesucristo puede liberar a esas personas completamente de la posesión diabólica. Negar que existen estos extraños fenómenos es querer tapar el sol con un dedo. El sol seguirá pese a todo. Y como dice el Dr. D. Costa, S.P: “Las posesiones han venido haciéndose más raras a medida que se extendía el reino de Jesucristo, pero nunca ha cesado por completo ni entre los cristianos”.
Conclusión
Mucho se ha discutido del diablo en todas las épocas o siglos. Hoy existe una corriente de teólogos, católicos y protestantes, que se ha propuesto negar la existencia personal y cósmica del diablo, aduciendo que es un mito de las religiones paganas. No obstante, existen muchísimos teólogos renombrados que sostienen la creencia tradicional cristiana de fuerzas cósmicas que están en contra de Dios y de sus criaturas a las cuales la Biblia llama demonios, espíritus impuros, etc.
En la Biblia encontramos a humanos que fueron diablos y Satanases, como por ejemplo: Judas, Pedro, y otros. No obstante, este hecho no niega la existencia de un Satanás y Diablo mayor; como tampoco se puede negar la existencia de un Dios Todopoderoso y Espiritual, por el simple hecho de que hombres como Moisés, Samuel, Sansón hayan fungido de dios en una determinada función.
El problema de negar la existencia de un cósmico Satanás maléfico, perverso, astuto y tentador, es que motivamos a que las gentes bajen la guardia contra su accionar asolapado y agazapado. Si decimos irresponsablemente que no existe el virus de la polio, millones de padres dejarían de vacunar a sus hijos, y entonces les estaríamos exponiendo a un gran peligro. La obra maestra del diablo es, sin duda, lograr que las personas no perciban su existencia, y que la nieguen por completo.
Definitivamente la Biblia presenta a un diablo singular que sabe que el evangelio de Cristo tiene poder para salvar a los hombres de sus pecados y también de apartarlos de su maléfica influencia y dominio férreo. Satanás el diablo es un personaje perverso e impío que conoce quién es Cristo y de quien es verdaderamente Hijo. Su oposición a Cristo no es de balde, él sabe que Cristo significa su ruina eterna, su destrucción total. En Lucas 8:12 Jesús--- al explicar la parábola del sembrador---dice: “Y los del camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven”. Aquí se nos presenta a un diablo o Satanás creyente, creyente en el poder del evangelio de Jesucristo, pero no se rinde a él. Es más, hace todo lo posible para que los hombres no vean la eficacia salvadora del evangelio de Cristo, para que no se salven. Definitivamente este personaje no es un hombre incrédulo, pues el incrédulo no cree en el poder salvador del evangelio. Tiene que ser alguien que conoce quien es Cristo y del valor de su palabra. ¿Quien más que el ángel caído Satanás?
La parapsicología admite que hay fenómenos muy extraños y sobrenaturales en este mundo que no pueden ser simplemente explicados como fenómenos producidos por el mismo hombre. Hay, de hecho, fuerzas o poderes ocultos que son sutiles y peligrosos que el hombre no podría explicar sin la presencia o existencia de un diablo cósmico.
2 PEDRO 3:12 —¿QUÉ SIGNIFICA LA
PALABRA “ELEMENTOS” EN ESTE
VERSÍCULO BÍBLICO?
Por Ing. Mario A Olcese
2 Pedro 3:12 y la palabra griega Stoicheia
2 Pedro 3:12 en las Escrituras Griegas, dice: “prosdokôntas (aguardando) kai (y) speudontas (apresurando) tên (la) parousian (venida) tês (del) tou theou (de Dios) êmeras (día) di ên ouranoi (a causa del cual los cielos) puroumenoi (encendidos) luthêsontai (serán disueltos) kai (y) stoicheia (elementos) kausoumena (quemados) têketai (se derretirán)”.
Nos interesa examinar qué fue lo que quiso decir el Apóstol Pedro con la palabra Griega stoicheia, que ha sido vertida como “elementos” o “rudimentos” en la mayoría de las versiones bíblicas. Y es que se ha creído que Pablo se refiere a una destrucción total de la tierra por fuego a tal punto que sus elementos serán destruidos completamente.
Stoicheia y sus acepciones en el NT
En primer término, esta palabra aparece en el Nuevo Testamento sólo en 7 ocasiones En la Concordancia Exhaustiva Young de la Biblia, el significado literal de la palabra es "elemento, rudimento, principio". En otros términos, éstos son los elementos del aprendizaje religioso, o los mandatos ceremoniales que son comunes al culto de los judíos y de Gentiles.
¿Acaso esta palabra "elementos" se refiere a la idea científica de los elementos de la materia, todos los "átomos" del universo? ¿O la tabla periódica de los elementos? ¡No necesariamente! Nosotros debemos primero mirar dentro de los siete pasajes con la palabra "elementos" o en el griego "stoicheia".
1.- Gál 4:3,9 dice: “Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos (stoicheia) del mundo. mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos (stoicheia), a los cuales os queréis volver a esclavizar?”.
Este pasaje de Gálatas 4:3,9, donde aparece dos veces la palabra stoicheia, es claramente una discusión de la relación del judío a la antigua ley de Moisés, en versos 1-7; y los Gentiles que habían servido a los ídolos, en el verso 8. Así que los judíos estuvieron en esclavitud a la antigua ley de Moisés o a la tradición de hombres. Pablo exhortó a los hermanos cristianos para no volver a la esclavitud de esa Ley. La Ley era nuestra tutora para traernos a Cristo para que nosotros podamos ser justificados por la fe (Gal. 3:23-24). Ningún hombre podía guardar esa Ley perfectamente. Los Gentiles sirvieron a los ídolos sin valor alguno. Los dos habían estado en esclavitud, a la stoicheia del mundo. Por consiguiente, el uso de la palabra "elementos" o “rudimentos” no es sobre el mundo físico.
2.- Col. 2: 8,20-22: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos (stoicheia) del mundo, y no según Cristo. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos (stoicheia) del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?”
De nuevo, Pablo usa la palabra (stoicheia) dos veces. En el versículo 8 él exhorta a la iglesia de Colosas a que no permitan que nadie los engañe por medio de la filosofía mundana, o las tradiciones de hombres según los elementos o rudimentos del mundo. En este contexto había dos peligros diferentes que ellos confrontaron: Las actividades Judaicas en los versos 16-17, y posiblemente alguna actividad o culto pagano en el verso 18. El punto es, una vez más, que esto no tiene que ver en absoluto con la creación material.
3.- Hebreos 5:12: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos (stoicheia) de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”.
Este escritor lamenta el hecho de que los Judíos Cristianos (hebreos) no habían crecido en Cristo como debían. El escritor dice que ellos necesitan a alguien para enseñarles de nuevo con "la leche, no la comida sólida" en los principios elementales de los oráculos de Dios antes de convertirse en maestros idóneos y maduros. Obviamente, este "stoicheia" no es sobre átomos o sobre la creación del universo.
4.- 2 Pedro 3:10-13: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos (stoicheia) ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos (stoicheia), siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.
Observe que Pedro usa la palabra stoicheia (elementos) dos veces. En ambas él dice que los elementos se destruirán o se quemarán. Hasta ahora, nosotros podemos estar de acuerdo que los "elementos" en sus otros pasajes anteriores, nunca se refieren al universo físico.
Los elementos o rudimentos (stoicheia) puede referirse, sin duda, a varias cosas, aunque no hemos encontrado en la Biblia una aplicación para los átomos de la materia de nuestro universo, salvo, aparentemente, en 2 Ped. 3:10-13. Si se refiere a lo material debe entenderse a distintas cosas: “La disposición ordenada de las cosas”, los elementos atómicos, los fundamentos del universo físico. En lo espiritual ya hemos visto que son los preceptos religiosos, las filosofías mundanas opuestas a la doctrina de Dios, y también a las fuerzas angélicas invisibles y poderes espirituales que controlan este mundo o siglo malvado —Los espíritus elementales o demonios.
Los Espíritus demoníacos como los “Elementos (stoicheia)”
El Diccionario de Pablo y Sus Cartas tiene esto para decir sobre los "elementos" como los poderes espirituales:
“Varios intérpretes, quizás incluso una mayoría, ha concluido que 'ta stoicheia tou kosmou' se refiere a los poderes espirituales de alguna clase. . . . La más temprana evidencia extrabiblica Judía existente para stoicheia que está asociada con ambos, los espíritus y las estrellas, es muy posterior que el primer siglo (segundo y terceros siglos D.C.), pero está muy bien confirmado y puede muy bien representar las creencias contemporáneas de Pablo ( cf. Lohse, 99 n.41). El Testamento de Solomón, una obra Judío-Cristiana, normalmente fechada en el tercer siglo D.C., pero que contiene posiblemente material que data al primer siglo, testifica una creencia en los espíritus de las estrellas llamados stoicheia. Siete espíritus atados aparecen ante Solomon y revelan su identidad: "Nosotros somos los stoicheia, gobernantes de este mundo de oscuridad [el skotous de tou de kosmokratores, el cf. Efe 6:12]. . . nuestras estrellas en el cielo se ven pequeñas, pero nosotros somos llamados como dioses" (T. Sal. 8:2-4). (pp. 231, 232, “Elementos/espíritus Elementales del Mundo")”.
La mayoría de los estudiosos sostienen que Pablo está refiriéndose por stoicheia a los demonios satánicos que han originado las enseñanzas falsas que el apóstol de los gentiles está refutando. Pablo los llama "los principios elementales del mundo" porque los herejes estaban refiriéndose a ellos como los seres espirituales que gobiernan sobre los cielos. Lejos de ser una revelación superior de Dios que les traerá liberación espiritual, Pablo da a entender irónicamente que esta enseñanza se origina de los demonios y sólo les traerá, por consiguiente, la esclavitud. Entre los estudiosos que sostienen esta opinión están Boice, F. F. Bruce, Vaughn, Guthrie y Carson.
Se encuentra apoyo para esta interpretación de varios fuentes. El hecho más citado por los autores anteriores es que "los principios" elementales es usado en la literatura extra bíblica para referirse a los espíritus estelares que también se identificaron con los cuerpos celestiales Ambos pasajes también hacen la referencia a los ángeles en alguna relación a la frase. En Gál 3:19, Pablo se refiere a los ángeles como los mediadores a través de los cuales Dios dio la Ley. En Gál. 4:8, él habla de "aquellos que no son por naturaleza dioses" que los Gálatas anteriormente adoraron, y luego, al parecer, aplica "los principios elementales" a ellos en vs. 9. En Col. 2:18, Pablo habla del "culto de ángeles" como la parte de la herejía asociada con "los principios elementales".
El punto es que en todas las ocurrencias de stoicheia en la Biblia, nunca se refiere al mundo material, a los elementos de la materia. ¿Por qué tendríamos que suponer que en 2 Pedro 3:10-13, donde aparece dos veces la palabra stoicheia, sí se refiere al mundo material o a los elementos de la materia? ¿Por qué no podría referirse más bien al diablo y a los demonios quienes serán lanzados en el lago de fuego, siendo movidos desde los cielos al Gehenna para que no corrompan nuestra futura “nueva tierra” de justicia? Además, ¿Por qué no podría significar que las doctrinas de demonios, y todas las obras impías de los hombres serán destruidas en el fuego consumidor de Yahweh?
Stoicheia y la Ley Mosaica
Otro grupo de eruditos sostiene que Pablo se está refiriendo por stoicheia a la Ley de Israel. Esta idea, sostenida por Stott, Lightfoot y Tenney, entre otros, enfatiza la manera en la cual Pablo conecta estar “bajo la ley” en Gál. 3:23; 4:5 con estar “bajo los principios elementales de este mundo” en Gál. 4:3. También menciona el hecho que en cada caso, los herejes están prescribiendo leyes del Antiguo Testamento (ver Col. 2:16,21; Gál. 4:10).
Ciertamente hay una conexión entre estos dos conceptos, pero es exagerado llamarlos sinónimos por al menos dos rezones. Primero, parece improbable para Pablo llamar “el mundo” como el origen de la Ley de Israel. En Gál. 3:19,23, Pablo enseña que Dios dio la Ley para mantener a Israel bajo custodia hasta la venida del Mesías. Lo que sea que esto pueda significar, ciertamente afirma el origen divino de la Ley y su probidad esencial
El mayor problema con esta interpretación es que no toma en cuenta el hecho de que en ambos pasajes, Pablo también usa la frase para referirse a las enseñanzas gentiles o heréticas. En Col. 2:8 Pablo se refiere a “las filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” Este pasaje aclara que la frase se refiere a algo que se origina de la esfera del hombre en vez de Cristo. En Gál 4:9 Pablo dice que los Gálatas están en peligro de regresar nuevamente a la stoicheia (elementos), cuando su primer envolvimiento con ellos era idolatría pagana.
Razones por las que 2 Pedro 3:10-13 no se refiere a los elementos materiales (átomos)
El pasaje “problemático” de 2 Pedro 3:10-13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos 18-25 que: “traigo a Jerusalén alegría...y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo la Jerusalén antigua como una ciudad que finalmente, y después de tantas lágrimas y sufrimiento, tendrá gozo y alegría.
Por otro lado, ¿Si la tierra será destruida por Cristo, entonces sobre qué naciones y reinos regirá el Mesías y su iglesia (Apo. 11:15, 20:3)? Aquí hay un problema si sostenemos que la presente tierra será destruida desde sus “fundamentos” o “elementos”.
Y Finalmente, la promesa de Dios hecha Abraham que dice “Porque toda la tierra que estás viendo la daré a ti y a tu simiente para siempre” (Gén. 13:15; 15:18) jamás podría cumplirse si admitimos por un instante que el presente planeta desaparecerá por completo.
Neos y Kainos
Es cierto que Pedro esperó los nuevos cielos y la nueva tierra en el futuro. Pero, ¿ha investigado usted la palabra “nuevo” que es usada en 2 Pedro 3: 13? Pues hay dos palabras traducidas como “nuevo” en el NT. Ellas son “neos” y “kainos”. Curiosamente, “neos” significa nuevo en tiempo, es decir, que nunca existió antes, o que recientemente ha venido a existir. La otra palabra, “kainos”, significa “nuevo en calidad”, no en el tiempo. Pero Pedro usa “kainos” en este versículo. Ahora, si alguno toma la posición de que los nuevos cielos y la nueva tierra tienen un significado LITERAL, entonces es inconsistente con la palabra “kainos”. Si Dios destruye una tierra, y crea otra, esa sería nueva (“neos”) tierra no un nuevo “kainos”. Así tenemos que nosotros somos una “nueva (‘kainos’) creación”, o “nueva (‘kainos’) criatura”, o “nuevo (‘kainos’) hombre”. ¡Pero en lo cualitativo!
www.elevangeliodelreino.org
www.yeshuahamashiaj.org
EL FIN DEL MUNDO—¿QUÉ
SIGNIFICA REALMENTE?
Por Ing°. Mario A Olcese
Una Pregunta Importante
Un día los discípulos se le acercaron secretamente a Jesús y le preguntaron: "Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del FIN DEL MUNDO"? (Mateo 24:3). Sí, la esperanza del "fin del mundo" estuvo presente en la mente y conciencia de los apóstoles de Jesús hace dos milenios--- ¡Y la sigue estando aun hoy día!
La frase "fin del mundo" suele producir cierto pánico entre los hombres, y en particular, entre los inconversos. Pero sólo se teme a lo desconocido. Y es justamente el desconocimiento de lo que Cristo quiso decir por esa frase lo que produce temor angustiante. Pero, ¿deberían sentir temor los buenos cristianos al oír la frase: "fin del mundo"? Pues, no hay porqué.
Preguntémonos: ¿Es cierto que el planeta tierra y sus habitantes desaparecerán de la faz de la tierra algún día? ¿Es el propósito de Dios destruir la tierra la cual expresamente creó para que fuera habitada por sus criaturas humanas? Si la respuesta es "SI" entonces habría una contradicción, ya que nuestro mismo Señor Jesucristo nos promete: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad." (Mateo 5:5).
Ahora bien, siendo que el Nuevo Testamento fue escrito casi exclusivamente en griego koiné, es menester averiguar cuál fue la palabra griega que se ha traducido por "mundo" en Mateo 24:3. Pues bien, para conocimiento nuestro, la palabra griega es "aión" y no "cosmos". Veremos a continuación la diferencia entre la palabras griegas "aión" y "cosmos" que igualmente se vierten por "mundo" en la Biblia (Véase el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, Ed. CLIE, España, pág.105).
La palabra griega "Kosmos" tiene el significado de planeta tierra. En cambio "aión" nunca tiene ese significado en la Biblia. El significado de "aión" es "edad" o "era". Puede significar un período de tiempo indefinido (no necesariamente eterno), o un tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. "El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el del período marcado por características espirituales o morales." (Ver el diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, Ed. CLIE).
El apóstol Pablo nos menciona dos "siglos" o "edades": El presente, y el venidero. La presente edad finalizará para dar paso a la siguiente (Ver Efesios 1:21, donde Pablo dice: "...no sólo en este siglo, sino también en el venidero").
El apóstol San Pablo nos dice, además, del presente "aión" lo siguiente: "el cual (Jesús) se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo ("aión") malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre." (Gálatas 1:4).
Cristo pondrá Fin a este "aión" Malo vigente
Entendamos de una vez y por todas que "el fin del mundo" que hablan los apóstoles en Mateo 24:3 no es el fin del "Kosmos" (planeta) sino de la presente edad maligna y decadente. Es el fin del reino de Satanás, para dar paso a la ERA o "AIÓN" venidero; la de Cristo, nuestro Señor. Por eso Jesús dijo: "De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo (aión). Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a todos los que hacen iniquidad." (Mateo 13:40,41).
Nótese que Jesús habla del "fin del presente aión malo" cuando él vuelva con sus ángeles a este planeta. Entonces él inaugurará un nuevo "aión" (el venidero) de justicia. Entonces, el fin del mundo es el fin de la Edad o Era presente con todos sus males. En Marcos 10:30 el Señor Jesús nos dice que "en el siglo venidero" obtendremos la vida eterna. "...Y en el siglo (aión) venidero la VIDA ETERNA."
La Versión Biblia de Jerusalén (Católica) vierte Mateo 24:3 y su palabra "aión" como "mundo". En cambio, la Versión Reina Valera (1960) vierte la palabra "aión" de Mateo 24:3 como "siglo", lo que nos parece más apropiado.
También el Señor Jesucristo nos habla de "los hijos de este mundo (aión)", y "los hijos de aquel siglo (aión)". Estos no se casan, pero los otros sí. He aquí otra diferencia. Dice Jesús así: "...los hijos de este siglo (aión) se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueran tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (aión) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección."(Lucas 20:34-36).
Además de no casarse, los hijos de "aquel siglo" venidero resucitarán de entre los muertos. Entonces podemos afirmar que la resurrección se dará cuando comience el aión venidero, cuando el presente aión malo haya finalizado. El llamado "fin del mundo" será el fin del presente siglo, edad o era que está marcado por las malas y deplorables características morales y espirituales.
Es interesante lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4:4. Veamos textualmente lo que dice el pasaje: "En los cuales el dios de este siglo (aión) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo..."
Pablo nos dice muchas cosas del presente "aión" (siglo, mundo o era). Nos dice que es un aión malo (Gálatas 1:4), y ahora nos dice que Satanás es el dios de ese aión malo. Sin duda, este "aión" está destinado a desaparecer para dar paso al "aión" venidero de justicia. A los Efesios Pablo les dice que Satanás está por ser retirado de este presente "aión" malo. Sus palabras son como siguen: "Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (aión), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." (Efesios 6:12).
¿Notó estimado amigo? Este "aión" malo está gobernado por Satanás y sus demonios, y contra ellos nosotros debemos batallar. Pero será Cristo quien ponga fin a este llamado "mundo malo", cuando destituya al Diablo y sus seguidores y los arroje al infierno para siempre.
Ahora aquí viene una paradoja. Usted y yo debemos de sentir alegría de conocer la verdad de la finalización de este mundo (aión) malo, pues significará el inicio de un "nuevo mundo" (aión) de paz y justicia nunca antes vista o soñada por hombre alguno.
Mientras tanto, la iglesia de Dios deberá de vivir ejemplarmente en este siglo malo, pues nos dice el propio apóstol Pablo: "Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo (aión) sobria, justa y piadosamente." (Tito 2:12).
Sólo aquellos hombres que vivan sobria, justa y piadosamente podrán disfrutar de aquella edad o Era (aión) maravillosa, cuando por fin haya finalizado el presente mundo (aión) malo.
No tema, pues, por la expresión "fin del mundo", sino más bien alégrese de que este final producirá una edad gloriosa para usted, los suyos, y las demás familias de la tierra. Por eso Jesús dijo: "Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas (los males en aumento), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca." (Lucas 21:28).
El fin del aión malo presente se traducirá en su redención, es decir, en la adquisición de toda la herencia prometida. Y en el "aión venidero", la humanidad disfrutará de grandes bendiciones. El profeta Isaías nos habla del "mundo venidero" o de la "nueva tierra", así: "Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, y sus crías se echarán juntas; y el león como le buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar." (Isaías 11: 6-9).
La Nueva Tierra
Es cierto que la Biblia habla de la "nueva tierra", pero en el sentido de una nueva edad o era. También se nos dice que nosotros, los creyentes, somos "nuevas criaturas", "nuevos hombres", pero en el sentido espiritual y moral aunque seamos aún imperfectos. Veamos lo que nos dice el apóstol Pedro sobre la "nueva tierra": "Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia." (2 Pedro 3:13).
La "nueva tierra" significará una tierra donde morará la justicia. En esta vieja tierra, en este "aión" malo, la injusticia impera por doquier.¡Esto finalizará pronto! El apóstol Juan nos dice algo más de aquella era maravillosa, con estas palabras: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron." (Apocalipsis 21:4).
Las primeras cosas del aión malo habrán pasado al olvido. La muerte, el llanto, el clamor y el dolor son las características más saltantes del presente "aión" malo. Pero en el "aión" venidero, esos males habrán dejado de existir. Por fin los cristianos tendrán la herencia concreta de la vida eterna, y sobre la cual, la muerte, el dolor, y el clamor no pueden funcionar.
El profeta Isaías, hablando de la "nueva tierra" nos dice lo siguiente: "Porque he aquí que yo (Dios) crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento... porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo." (65:17,18).
Si en la "nueva tierra" aún existirá la ciudad de Jerusalén, eso quiere decir que la expresión "nueva tierra" es puramente simbólica. Si esta "vieja tierra" será literalmente destruida, ¿no se destruiría también a la ciudad de Jerusalén? Pero el caso es que en la "nueva tierra" Jerusalén permanecerá en pie, lo que quiere decir que NO habrá una destrucción literal de la tierra. Además, no sólo Israel permanecerá, sino también Egipto, Asiria, y muchísimas otras naciones de todo el mundo (Isaías 19:24; Miqueas 4:1-4).
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LA CLASE DE “SIMÓN EL MAGO” REPRESENTADA POR LOS SANADORES FRAUDULENTOS EN LAS CAMPAÑAS DE EVANGELIZACIÓN CONTEMPORÁNEAS

Por Ing° Mario A Olcese
Leamos Hechos 8:9-24:
“Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí”.
En estos versículos de Hechos nos enfrentamos a dos clases de “sanadores” que de igual forma lograron cautivar a sus oyentes con sus obras milagrosas. Por un lado tenemos a un agente de Satanás, a un tal Simón el Mago, que tenía embelesado al pueblo de Samaria, haciéndose pasar por un grande, por alguien importante, o por un elegido de la divinidad. Este se presentaba como alguien que estaba por encima de sus oyentes, y que era la misma encarnación del gran poder de Dios. Y aunque no se precisa lo que éste hacía, es probable que imitara los milagros registrados en los evangelios. Y por otro lado tenemos a Pedro y Juan, quienes, como apóstoles de Jesucristo, hacían milagros y señales por el Espíritu Santo que moraba en ellos.
Simón el Mago se quedó impresionado por el poder de los apóstoles de impartir el Espíritu Santo que daba poder para hacer cosas extraordinarias. Su mente carnal lo llevó a pensar que de Dios se podía obtener cualquier don por dinero. El creía que a Dios se le podía comprar con dinero, y que se podía obtener sus favores con el oro o la plata. Una mentalidad totalmente carnal y diabólica que es característica de los falsos ministros que pretenden canalizar de favores o milagros de Dios con el desembolso de grandes sumas de dinero.
Aquí vemos que a diferencia de Simón el Mago, los apóstoles impartían el Espíritu Santo por medio de la imposición de manos, y sin exigir nada de dinero a cambio. Sus prédicas estaban exentas de avaricia y de exigencias de dinero. Un contraste muy claro con el de Simón el Mago, que todo lo veía dinero, y con las de los predicadores del evangelio de la prosperidad, quienes suelen pedir dinero a su espectadores antes de que Dios pueda escuchar sus oraciones o peticiones por sanidad.
Sin duda, tanto Simón el Mago, como los apóstoles, despertaban la admiración de sus audiencias, y se nos dice que la audiencia de Simón el Mago vivía por largo tiempo engañada por este milagrero fraudulento que ejercía sus artes mágicas en Samaria. Entre su audiencia había gente “grande” tanto en edad como en estatus social. El tenía cautivado a todo un pueblo con sus poderes mágicos. Seguramente era un hipnotista, un sanador psíquico, alguien que levitaba, caminaba sobre las aguas, y cosas por el estilo.
Y seguramente Pedro evocó a este tipo de personas cuando dijo: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3).
Sin duda alguna, el corazón de este tipo de gente no es recto delante de Dios, y es una maldad que estos sátrapas sigan procediendo de esa manera, engañando a los incautos con poderes que no vienen de lo alto, sino de lo más bajo. Y también estos son los grandes responsables de que el camino de la verdad sea blasfemado debido a su repugnante avaricia. Estas personas que usan la Palabra de Dios y los supuestos dones celestiales para enriquecerse, haciendo de sus seguidores una mercancía, serán severamente castigadas por Dios. Su condenación ciertamente no se tarda y su perdición no se duerme.
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LAS BUENAS NOTICIAS DE JESUCRISTO
Por Ing° Mario A Olcese
Jesús es el Mensajero de Dios:
En Lucas 4:43 Jesús revela a sus seguidores la razón por la cual él fue enviado por Su Padre al mundo. Millones de cristianos han pasado por alto o ignorado este pasaje lucano. Son las mismísimas palabras de Jesucristo, quien dice: “...es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”. ¿Notó lo que dijo Jesús? Él dijo que fue enviado para anunciar el reino de Dios. Él vino a proclamar un mensaje glorioso para todos los pueblos y naciones de la tierra, nunca antes predicado por hombre alguno. (Ver Hechos 10:36). A este reino de Dios Jesús lo llamó: “El evangelio”. Jesús luego dirá que el mensaje que predicarán sus verdaderos seguidores será: El Evangelio del Reino de Dios. Veamos lo que Jesús dice en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.
Ahora bien, la pregunta más común que cualquier estudioso de la Biblia se hace es ésta: ¿Qué quiere decir la Biblia con la palabra “evangelio”? Y es que esta palabra es muy común en todo el Nuevo Testamento, pues ella aparece más de cien veces. En Marcos 1:1 el evangelista Marcos comienza diciendo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. En el versículo 15 Marcos informa que Cristo exigía a sus oyentes a que se arrepintieran y creyeran en el evangelio. Pero antes de responder qué es el evangelio, examinemos primero la importancia que tiene dicho evangelio para el hombre.
La Importancia del Evangelio de Jesús:
Es hora que los cristianos conozcan el verdadero evangelio de Cristo---¿por qué? ¡Porque trae salvación! Leamos lo que dice Pablo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego”. También leemos algo similar en Efesios 1:13, donde el apóstol Pablo dice: “...el evangelio de vuestra salvación y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu de la promesa.” Jesús vino a dar sentido y propósito a nuestra efímera existencia. Lo sorprendente es que millones de cristianos nominales no tienen ni la más mínima idea de lo que es el evangelio de Cristo. San Pablo dice que el evangelio tiene poder para salvar si lo creemos de verdad. Pero nadie puede creer o aceptar algo que no comprende, por tanto, nuestra misión será hacerle entender de qué se trata ese singular evangelio (=buenas noticias) de Jesucristo. Vea también Apocalipsis 12:10, en donde descubrirá que la salvación, el poder, y el reino, vienen juntos. Es evidente que la salvación es entrar al reino, y entrar al reino es ganar la vida eterna (Escudriñar Mateo 19:16-25). Concluimos entonces que la salvación, el reino, y la vida eterna, caminan de la mano.
Entendiendo el Evangelio de Jesucristo:
Pues bien, siendo que evangelio significa literalmente “buenas noticias” o “buenas nuevas”, pregunto: ¿De qué se tratan esas buenas noticias? Si yo le digo a usted que le traigo buenas noticias y no le revelo de qué se tratan, ¿valdrá de algo? De igual manera, si yo le digo que le traigo el evangelio (=‘buena noticia’) y no le explico de qué se trata, ¿tendrá sentido para usted? ¡De ningún modo! Usted necesita entender con su mente e inteligencia lo que Cristo vino a anunciar hace dos milenios (Efesios 5:17; Romanos 12:2; Efesios 1:17,18; Colosenses 2.2). Millones están ciegos porque Satanás es experto obscureciendo el evangelio salvador de Cristo. Este adversario del hombre no quiere que el mundo perdido vea la luz del evangelio de la gloria de Cristo. Él quiere mantenerlo ciego y en tinieblas espirituales para que usted no se salve. Pablo es claro cuando les dice a los creyentes de Corinto: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Aunque le parezca duro lo que le voy a decir, lo cierto es que si usted no quiere creer o entender el evangelio de Cristo, es porque usted está cegado por el dios de este mundo---El diablo. El enemigo le hará creer o entender que usted está oyendo una locura de fanáticos religiosos. Nuevamente Pablo les dice los corintios: “Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura...” (1 Corintios 2:14). Para los creyentes la “locura del evangelio” significa salvación eterna. Dice Pablo nuevamente: “...agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Y también añade él: “Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” ( 1 Corintios 1:18).
El Evangelio del Reino de Dios:
Es claro que el evangelio que debe ser predicado a todas las naciones es “el Reino de Dios”. Jesús vino a proclamar un mensaje glorioso para todos los pueblos y naciones de la tierra, nunca antes predicado por hombre alguno. Jesús fue un mensajero de buenas noticias de esperanza y salvación (Ver Hechos 10:36). En Lucas 8:1 se lee lo siguiente: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él.” Es evidente que Cristo y sus apóstoles estaban de acuerdo predicando el evangelio del reino de Dios. Pues bien, ¿están las iglesias de hoy predicando este mismo evangelio?¿Su iglesia lo predica?¿Lo ha oído usted antes? Probablemente nunca. Esta es la tragedia de las iglesias---¡Han perdido el singular evangelio llamado el reino de Dios!
En Hechos 8:12 leemos del evangelismo de un prominente cristiano llamado Felipe. Según este registro Neo-Testamentario: ¿Qué predicaba Felipe? El texto dice claramente como sigue: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.” Aquí tenemos a Felipe, un cristiano prominente, predicando a Jesús y su Reino (el evangelio). Hoy los líderes de la iglesias predican a Jesús, pero nunca, o casi nunca, ellos predican sobre su reino. Nótese además que Felipe bautizaba a los que habían creído en Cristo y en su evangelio del reino. Le pregunto: ¿Se bautizó usted habiendo creído en el nombre de Jesús y en el evangelio del reino de Dios? Millones de infantes o bebés han sido bautizados en la pila bautismal sin haber creído en Cristo ni en su evangelio del reino. ¿Valdrá tal bautismo? Según las Escrituras: NO!
Y para terminar este acápite, leeremos una última referencia del reino en el libro de los Hechos 28:23,30, y 31. En estos versículos veremos que Pablo (en Roma), predicaba lo mismo que Felipe: el Reino de Dios y el nombre de Jesucristo. Por cierto que Pablo esperó que los creyentes le imitaran en este mismo quehacer evangélico, predicando igualmente el reino de Dios y el nombre de Jesucristo (1 Corintios 11:1).
Falsos Evangelistas y Evangelios Incompletos:
El apóstol Pablo advirtió a los cristianos a no sucumbir en el engaño de los falsos evangelios promovidos por falsos maestros. Ya en su época él había previsto la infiltración de falsos mensajes con la etiqueta de “apostólicos”. En Gálatas 1:6-10 podemos leer esta importante exhortación paulina, con estas tajantes palabras: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema., como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”
El catolicismo romano elaboró su propio evangelio que ha sido llamado: El evangelio Social. Pero este evangelio es totalmente diferente al evangelio del reino predicado por Jesús y sus seguidores. Dicho Evangelio Social promueve el cambio del mundo por los esfuerzos humanos o acciones humanitarias. En cambio, el evangelio de Cristo es la renovación de nuestro mundo a través de la intervención Divina, al instaurarse un régimen divino y teocrático en la tierra en la persona del Mesías elegido: El Señor Jesucristo.
El Significado de la Palabra Reino:
La palabra reino es muy conocida por todos nosotros. Hemos oído del reino de Inglaterra, de España, de Italia, de Jordania, etc. Un reino es una forma de gobierno. Es una monarquía real con un rey, territorio, súbditos, y leyes. Ahora bien, la Biblia habla de reinos. Tenemos un ejemplo en Daniel 2:37-39, donde el profeta Daniel registra que Nabuconodosor era rey de reyes, el monarca del reino babilónico. Aquí tenemos la evidencia de que un reino es una monarquía real, con un soberano autoritario y poderoso. También Daniel revela que los reyes de Medo-Persia, Grecia, y Roma gobernarían sus respectivos reinos en el futuro. Daniel profetizó que en los días de diez reyes o líderes mundiales venideros (representados por los diez dedos de una colosal imagen), el Dios del cielo levantaría un reino (Gobierno) mundial que desplazaría y destruiría precisamente a estos diez países confederados (¿El Mercado Común Europeo?). Luego el profeta ve que dicho reino divino (representado por una roca---la cual simboliza al Mesías y su reino) cubre todo el planeta tierra. Aquí el profeta está viendo el reinado milenario y mundial del Mesías, con todo su poder y gloria, inmediatamente después de su Parusía o Segunda Venida personal a la tierra.
El Reino de Dios es un GOBIERNO político y teocrático, el cual traerá la paz y la justicia verdaderas a la tierra. El profeta Isaías dice del reino de Dios lo siguiente: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (9:7). ¡Cuántos no anhelamos una paz y justicia duraderas para todos los pueblos de la tierra! El mundo ha vivido en guerras siempre y los hombres nunca han vivido en una paz verdadera y global. Hoy hay prácticamente paz en nuestro continente americano, pero en otros lugares, y en otros continentes, existen guerras étnicas, y conflictos entre naciones. La Biblia nos dice que un rey gobernará con VARA DE HIERRO. En Apocalipsis 12:5 leemos: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones...” También el profeta Isaías predice: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”(32:1).
Jesucristo, el Rey de Israel:
Hemos visto que Cristo será Rey pero, ¿desde dónde gobernará?¿Quiénes serán sus súbditos? ¿Y con quién gobernará? Pues bien, estudiemos lo que el ángel Gabriel le dijo a María, cuando iba a concebir a su hijo Jesucristo: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:31-33). Esta promesa angelical ha sido pasada por alto por millones de llamados “cristianos”. Pero es importante que entendamos que aquí hay una promesa concreta aún no cumplida. Aquí se habla del ‘trono de David’ y de ‘la casa de Jacob’: ¡Sobre éstos reinará Jesús! Cuando Pilato interroga a Jesús : “¿Luego, eres tu Rey? Jesús le responde: Tu dices que yo soy Rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad...” (Juan 18:37). Aquí vemos que Jesús admite abiertamente que el nació para ser Rey, y para eso vino al mundo, para dar a conocer esta verdad. Sí, Jesús tendrá un trono---el de David su padre--- y tendrá un territorio, la casa o el país de Jacob (=Israel). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul o real”, pues desciende de un rey y de un reino israelita (Mateo 1:1). Efectivamente, Israel fue gobernado por reyes judíos, comenzando con Saúl, luego David, después su hijo Salomón, etc., hasta que en el año 586 A.C, el último rey judío Sedequías fue destronado por Nabuconodosor, rey de Babilonia. Es decir, hace más de 2,500 años que Israel dejó de tener una monarquía para convertirse en un país democrático a partir de 1948. No obstante, Dios le prometió a David que no le faltaría un descendiente en su trono (2 Samuel 7:12-17; 1 Crónicas 17:11-14; 2 Crónicas 7:18). En buena cuenta, Israel volverá a ser una monarquía como lo es su actual vecino, el reino de Jordania.
En Apocalipsis 12:5 hemos visto que un varón regirá el mundo con mano firme y sólida como el hierro. Pero: ¿Quién es ese misterioso varón? La respuesta la da el apóstol Pedro cuando dice: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesucristo, varón aprobado por Dios...” (Hechos 2:22). Aquí se le llama a Jesucristo: varón de Dios. Y en Hechos 17:31 Pablo dice: “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”. Notemos que aquel varón designado por Dios para ser juez y rey, fue resucitado de entre los muertos. ¡Esta es una clarísima alusión a Jesucristo! (Leer también 2 Samuel 23:3).
Sabiendo que Jesucristo es el Rey del reino o gobierno venidero de Dios, ¿qué más detalles tenemos de su gobierno? En el Salmo 72:7,8 encontramos más detalles del mismo con estas palabras proféticas: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra”. Aquí vemos que Dios promete un gobierno mundial de paz y justicia duraderas, y las naciones del mundo estarán bajo su control y dominio. En un mundo donde no hay justicia, no puede haber paz. Las injusticias sociales y económicas necesariamente se traducen en descontento y violencia. Los hogares están destruidos y violentados por las injusticias. Toda injusticia es pecado (1 Juan 5:17). Hay injusticia en los robos, adulterios, mentiras, en la explotación del hombre por el hombre, en las desigualdades educativas, en la discriminación racial, etc. Se necesita urgentemente un nuevo orden social, político y económico ideal y perfecto. Pero lo ideal y perfecto no puede venir de hombres imperfectos. Mientras existan el egoísmo y el afán de lucro desmedidos, no se podrá alcanzar la justicia y la paz verdaderas. El pecado acarrea la injusticia necesariamente. Y pecado es trasgresión o violación de las leyes de Dios que se resumen en el amor (1 Juan 3:4; Romanos 13:10).
Jesucristo es también llamado “El deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7), pues es el único que, siendo hombre, es también el Hijo de Dios. Jesús afirmó que mantiene una unidad perfecta con Su Padre (Juan 10:30). Su enseñanza y educación no provienen de una excelente universidad americana o europea, sino de Dios. Dios es su Maestro (Juan 8:28). Él recibió de Su Padre la mejor instrucción para solucionar los problemas humanos. ¡Las enseñanzas de Jesús son las mismas enseñanzas de Dios! (Juan 14:10,24).
Jesucristo Sabrá Cómo Reinar bien:
El apóstol Pablo reconoció que la Palabra de Dios instruye y hace perfecto al hombre (2 Timoteo 3:16). Dios ha perfeccionado a Su Hijo Unigénito Jesucristo a través de la obediencia a Su palabra (2 Timoteo 3:15-17). Sí, Jesús desde niño se iba perfeccionando con la palabra de Dios. Él discutía con los sabios de la época sobre lo escrito en los rollos del Antiguo Testamento, y se hacía cada vez más sabio y entendido. Sí, Jesucristo es la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24). Cuando Jesús gobierne este mundo desde Jerusalén, él emitirá decretos efectivos que traerán resultados positivos para todos los pueblos y naciones (Miqueas 4:1,2). En Isaías 55:11 Dios dice de Su Palabra lo siguiente: “Así será la palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Sus leyes para la reestructuración de nuestra sociedad tendrán resultados beneficiosos (Hechos 3:19-21). Con él no habrá derroche de riquezas, ni políticas equivocadas. La improvisación no existirá en su gobierno. Cristo regirá con sabiduría de Dios ( 1 Corintios 1:24). El sabio Salomón dijo: “Pero la sabiduría es provechosa para dirigir (Eclesiastés 10:10). Sí, para dirigir una nación o todas las naciones en su conjunto se requiere de verdadera sabiduría---la sabiduría de Dios! Los gobernantes han fracasado en sus planes y objetivos trazados para un buen gobierno porque les ha faltado la sabiduría de Dios. Los gobernantes de hoy y de antes han gobernado a espaldas del pueblo y trágicamente también sin tener en cuenta a Dios. La Biblia dice que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 17:1). Pero Cristo sí sabrá gobernar el mundo, porque él es la sabiduría de Dios, y sus súbditos serán hombres mansos y deseosos de obedecer sus leyes. Los malos e incorregibles habrán sido destruidos por Cristo en su segunda venida.
La Iglesia Será coheredera del Reino de Cristo:
La iglesia de Jesús, compuesta por todos sus santos seguidores, tendrá la herencia del reino de Cristo. El apóstol Pablo escribió esto a los cristianos de Roma: “Porque a los que antes predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos llamó; y a los que llamó, a éstos también glorificó.” (8:29,30). Notemos que Dios predestinó a hombres y a mujeres para glorificarlos, pero: ¿Qué significa eso? Pablo vuelve decir: “Pero nosotros debemos siempre dar gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”(2 Tesalonicenses 2:13,14). Nótese que los creyentes van a recibir la misma gloria de Jesucristo. ¡Esto es muy claro! Ahora bien, Pablo dice: “Y si hijos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:17). Observe ahora que nuestra glorificación tiene que ver con heredar de Dios y coheredar con Cristo, si es que padecemos juntamente con él. Ahora viene otra pregunta: ¿Qué heredaremos de Dios y qué coheredaremos con Cristo? La respuesta la da Jesús en Mateo 25:31,34, cuando dice: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria...entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Cuando Cristo vuelva nuevamente, su iglesia heredará el reino de Dios con Cristo. Sí, la iglesia está llamada a reinar con Cristo en el reino de Dios, pues Pablo también dice: “Si sufrimos, también reinaremos con él...” (2 Timoteo 2:12). Y en Apocalipsis 5:10 Juan escribe: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). La glorificación implica entonces nuestra coronación para ser reyes en el reino de Cristo que se establecerá en esta tierra.
La Sede del Reino de Dios:
Como el reino de Dios le será restaurado a Israel (Hechos 1:6), debemos averiguar dónde se asentó el trono del reino israelita hasta los tiempos de Sedequías, su último rey, destituido en 586 A.C. En primer lugar, la Biblia nos dice que desde Saúl hasta Sedequías, el trono se estableció en Jerusalén. Por ejemplo, David reinó 33 años en Jerusalén (1 Reyes 2:11). Luego Salomón, su hijo, se sentó en su trono (el de David) en Jerusalén por 40 años, y luego murió ( 1 Reyes 11:42). Y así se sucedieron los reyes judíos hasta Sedequías. De modo que Jerusalén fue la sede del trono del reino de Dios. Recordemos que el reino israelita era el reino de Dios (1 Crónicas 28:5), y este reino de Dios “finalizó” con Sedequías en 586 A.C. Pero Jesús habló de la restauración del reino de Dios en su persona (Hechos 1:3,6,7). Entonces, si el reino de Dios va a ser restaurado, tiene que ser en el mismo lugar donde estuvo antes, es decir, en Jerusalén. Efectivamente, Jesús afirma que Jerusalén en la ciudad del gran rey (Ver Mateo 5:33-35). Pero para que Dios le restaure al pueblo hebreo el reino de Dios, Jerusalén tiene que estar bajo el control judío. Pero por espacio de dos milenios Jerusalén estuvo en manos de los no judíos, en tanto que el pueblo hebreo estaba en la diáspora o dispersión mundial. La profecía parecía imposible de cumplirse hasta la formación del estado judío el 12 de Mayo de l948. Desde esa fecha los judíos regresaron a su tierra, y 19 años después recuperan la capital Jerusalén.
El Renacimiento del Estado de Israel El 12 de Mayo de 1948:
Muy pocas personas comprenden la importancia que tiene Israel en el escenario mundial. Las mayorías ignoran que la restauración del estado de Israel en 1948 tiene un propósito divino. Sí, millones de personas desconocen que esta es una generación única que ha visto una revolución en la política, en la economía, y en las ciencias. Esta generación ha tenido el privilegio de ver renacer el moderno estado judío tal como lo predijo Dios en Deuteronomio 30:3-5. Este pasaje debe ser leído con atención, pues habla del retorno final de los judíos de la diáspora mundial a su tierra, Israel. En Ezequiel 11:17 leemos además: “Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel”. En Lucas 21:24 Jesús predijo la dispersión mundial de los judíos (la cual ocurrió en el año 70 d.C), y la consecuente dominación de Jerusalén por las naciones gentiles hasta los tiempos postreros. Finalmente el pueblo judío recuperaría su capital, y recibiría a su Mesías esperado. Esta restauración del pueblo judío en su tierra ocurriría en la última generación de este mundo caótico (Mateo 24:34).
El Rito de Iniciación Para Heredar el Reino:
Para tener parte en el glorioso reino de Cristo como “reyes y sacerdotes”, hay que seguir algunos pasos de iniciación. Recordemos por un instante la entrevista privada que tuvieron Jesús y el fariseo Nicodemo, registrada en el evangelio de Juan: “Respondió Jesús (a Nicodemo) y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de AGUA y del ESPÍRITU, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. (3:3-8).
Aquí encontramos la “fórmula” para poder ver y entrar en el Reino de Dios. Primero, usted tiene que “nacer de agua”. Agua es sinónimo de purificación y representa el bautismo por inmersión. En Hechos 2:38 Pedro les dice a sus paisanos judíos: “Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Nótese que después del bautismo se recibe el Espíritu de Dios. Los nuevos creyentes bautizados eran añadidos a la iglesia de Cristo (Hechos 2:41). La palabra del evangelio del reino convierte al pecador, y lo impele a tomar la decisión de bautizarse para recibir el perdón de sus pecados pasados, y tener el camino despejado para entrar en el reino venidero (Efesios 5:26). Aquel hombre nuevo “renacido” recibe el sellamiento del Espíritu Santo, a fin de dar frutos espirituales. ¡Vivirá para el Espíritu y no más para la carne! Pedro además añadirá: “Siendo renacidos no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. Pero recuerde bien, el bautismo viene como consecuencia de haber creído en el evangelio del reino de Dios y en el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12). Además, tome nota sobre la importancia del bautismo en el siguiente texto: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias d la carne, sino como una aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo. (1 Pedro 3:21)”.
Invitación del Señor Jesucristo:
Dice Jesús: “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad.” “He aquí que yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” “Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:7,12, 14,17).
www.elevangeliodelreino.org
www.esnips.com/web/BibleTeachings (Estudios en español e inglés por Apologista)
(JUAN 14:28)
Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)
Una de las tantas declaraciones de Jesucristo que lo ubican como subordinado e inferior a Su Padre es ésta de Juan 14:28. Aquí asombrosamente Jesús dice algo que pone en jaque a los Trinitarios o binitarios, puesto que él está diciendo que “El Padre mayor es que yo”, y sube al Padre, para ponerse nuevamente a Sus órdenes (Mat. 6:10,38). En el verso 31 él agrega: “…y como el Padre me mandó, así hago…” Es decir, él está subordinado a las órdenes del Padre y procede a obrar como se le mandó hacer.
En una oportunidad escuché a un predicador decir que Dios está por encima de todos los hombres, y que Él es infinitamente más poderoso que nosotros, los humanos, y que los ángeles. A mí me pareció que tales declaraciones estaban de más, porque es evidente que Dios es superior a todo hombre, y sobre cualquier otra criatura Suya. Pero más absurdo aún me pareció cuando escuché a un Trinitario decir que Cristo dijo que ”El Padre era mayor que yo” porque “hablaba como hombre”, y que en tal condición humana él era inferior al Padre. Pero, por favor, ¿acaso no se espera que todo hombre sea inferior a Dios? ¿Qué de nuevo estaría Jesús diciendo al decir eso en Juan 14:28? Si yo le digo a usted que yo soy inferior a Dios, ¿qué me contestaría usted? ¡Pues claro, hombre, eso es evidente! Para mí, realmente, la explicación que nos ofrecen los trinitarios sobre Juan 14:28 es extremadamente ridícula y sin sentido.
Ahora bien, en Juan 10:29 Jesús vuelve a decir: “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”. Y yo me vuelvo a preguntar: ¿hablaba Jesús como hombre acá también? Pues claro que no! Lo que él estaba enseñando era una verdad inamovible, es decir, que Dios es mayor que todos los que están en el cielo, tierra, mar, y debajo del mar. ¡Y él estaba incluyéndole en ese vocablo “todos”! Él estaba enseñando una verdad universal de que Dios el Padre está por encima de todos…y todos son todos…¡no casi todos!
Sí mi amigos, nuestro querido Señor Jesús quiso enseñarnos su verdadero estatus frente al Padre, y ése es definitivamente de subordinación, de sometimiento, y de obediencia permanentes. Otros textos que comprueban lo que afirmo son:
A. Jesús dice que Su Padre es el único Dios verdadero.
Juan 17:3 “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.
B. Dios es Cabeza de Cristo
1 Corintios 11:3 “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”.
C. Cristo le pertenece a Dios
1 Corintios 3:23 “… y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios”.
D. Cristo estará siempre sujeto a Dios
1 Corintios 15:28 “Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.
E. Cristo no sabe todo
Marcos 13:32 “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”.
F. Cristo no sabe todos los tiempos
Hechos 1:7 “Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”.
G. Jesús sigue teniendo Su Dios en el cielo
Apocalipsis 3:12: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.
H. H. Jesús sigue recibiendo revelaciones de Dios en el cielo
Apocalipsis 1:1 “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”
Si después de todas estas evidencias, usted sigue creyendo que Jesús es la Segunda Persona de la Trinidad, entonces ese es un problema suyo que deberá resolver pronto.
Más sobre la Trinidad en:
www.elevangeliodelreino.org
www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y español)
APOLOGISTA: ¡NO SIGAS JUZGANDO A LA GENTE, POR DIOS!

¡Te voy a "cashetear"!...¡no te metas con mi "cashier"$$$$$... que te mando a la Luna!
Estimado hermano Ing°. Mario A. Olcese (Apologista):
Sus duros comentarios, en el amor de Cristo Jesús, me lleva a recordarle la palabra de Dios que dice que “No Juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
Hermano, te animo, si en verdad está en tu espíritu servir a Dios, elaborar páginas que tengan lo que Pablo escribe en la palabra. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. Filipenses 4:8-9 “…Porque cual es su pensamientos en su corazón tal es el.” Proverbios.23:7 “La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz: pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” Mateo.6:22 “Escudriñadlo todo, retened lo bueno” (I Tesalonisences.5:21).
Para ti, mi hermano, que lees estos anuncios, déjame decirte que siempre encontrarás información, así, no olvides de filtrar cada información de estos medios como internet, prensa, etc con la Palabra de Dios.
Un abrazo, Jesús me los Bendiga en todo.
Betty Robles
Respuesta de Apologista:
Hermana Betty, muchas gracias por sus consejos, pues sé que vienen de una dama sincera y amante de la palabra de Dios. En realidad no juzgo a nadie porque no dicto sentencia contra ninguno que obra impíamente. El único que sentencia es Dios, y no el hombre. Así que mientras me mantenga al margen de las sentencias, aunque ya nos imaginamos qué les espera a los predicadores sátrapas, no puedo ser tildado de juez o juzgador.

Mire usted hermanita, lo que está mal es “sacar la paja del ojo ajeno” teniendo uno una gran viga en el ojo. Lo primero que hay que hacer es sacar la viga de nuestro propio para poder sacar la paja del ojo ajeno. Es decir, no está mal sacar la paja del ojo ajeno mientras uno no tenga una viga en su propio ojo. Esta es la enseñanza de Jesús. Así pues, si yo critico y denuncio los vicios de los falsos predicadores que embaucan a las humildes ovejas con mensajes y doctrinas de demonios, esto no está mal siempre y cuando yo no esté haciendo lo mismo con mis propias ovejas. Yo siempre me siento alentado con el ángel de la iglesia de Éfeso, a quien se le dice: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos…Pero tienes (además) esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.” (Apo. 2:2) En contraposición, al ángel de la iglesia de Tiatira se le reprocha de que: “…toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos (Apo.2:20). Así que aquí tenemos dos situaciones diametralmente opuestas: mientras que el ángel de la iglesia de Éfeso no soportaba a los falsos apóstoles y profetas, el de Tiatira soportaba a la falsa profetisa Jezabel que estaba seduciendo a los siervos de Dios con doctrinas de demonios. Así que hay dos tipos de personas: Los Efesianos y los Tiatiranos. ¿de qué lado está usted?
Le Adjunto el estudio sobre “Juzgar o no Juzgar” para que usted pueda entender mejor el tema:
DIOS ENVIÓ A JESÚS AL MUNDO
, ¿SABE USTED PARA QUÉ?
Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)
Una Pregunta Sencilla
Esta pregunta parecerá innecesaria, y fuera de lugar, para muchos que se aprecian de ser cristianos. Y es que los cristianos creen que Cristo fue enviado por Dios al mundo para morir en la cruz y salvarnos así de la condenación eterna. Pero: ¿Dijo Jesucristo, en algún momento, que Dios lo envió expresamente al mundo para que muriese en la cruz por los pecadores? Muchas personas tienen un desconocimiento total de la razón de la venida de Jesús al mundo---¡Y usted puede ser una de ellas!
Jesús Revela la Verdadera Razón de su Venida al Mundo:
¡Quién más indicado que Jesús mismo para decirnos para qué lo envió Su Padre al mundo! ¿No le parece a usted?¿Podemos acaso encontrar el pasaje bíblico en donde Jesús revela la verdadera razón de su venida al mundo? La respuesta es un rotundo sí. El texto se halla en Lucas 4:43, y usted tiene que leerlo en su propia Biblia ahora mismo si es posible. Dice Jesús: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”. (También leer Marcos 1:38)
Observe que Jesús es enviado expresamente para algo, y ese algo es para anunciar el evangelio del reino de Dios. Por otro lado, es interesante notar que Jesús no dice, en ningún momento, que Dios lo envió a morir por los pecadores. Más bien su muerte en la cruz sería la consecuencia de su predicación del evangelio del reino de Dios.
La Muerte de Jesucristo: Una Necesidad Imperiosa:
Jesús tomó conciencia de que su muerte era una necesidad ineludible que cumpliría el propósito inicial de Dios de redimir al hombre de su estado caído y pecaminoso (Apocalipsis 13:8). Y es en Marcos 8:31 donde Jesús por vez primera anuncia su muerte a sus discípulos. El texto dice así: “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.
¿Por qué razón matarían a Jesús sus enemigos o detractores? En Marcos 11:18 encontramos la respuesta: “Y lo oyeron (a Jesús) los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina”.
Los líderes religiosos querían matar a Jesús por causa de su doctrina o evangelio. Tenían miedo de que su mensaje se hiciera cada vez más popular y aceptado por los judíos y los gentiles. Entonces vemos que su muerte sería la lógica consecuencia de su anuncio de un evangelio impopular para los intereses de los líderes religiosos judíos y de Roma misma.
Algo similar leemos en Juan 8:37,40, donde dice: “Se que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros...Pero ahora procuráis matarme a mi, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios...”.
La Incomprensión de Sus Apóstoles:
Hubo momentos en que Jesús eludía su trágico destino simplemente porque aún no era su hora de morir. No obstante, los discípulos no entendían cuál era la necesidad que tenía Jesús de morir. Pedro, su apóstol, tomó a Jesús aparte y le dice: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:22).
Hasta ese momento los discípulos parecían no entender cuál era la necesidad de Jesús para morir y ser resucitado al tercer día. Ellos estaban pensando carnalmente, humanamente, pero no espiritualmente. Aún Pedro mismo no lo entendía cabalmente. Y en el camino de Emaús, dos de sus discípulos aún mantenían un concepto errado de la venida de Jesús, cuando le dicen al forastero (Jesús resucitado): “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy ya es el tercer día que esto ha acontecido.” (Lucas 24: 21).
Es evidente que los discípulos aún no tenían un concepto cabal del propósito de la venida de Cristo a su pueblo. Ellos aún estaban creyendo que el reino de Dios se establecería en su época, y no para su segunda venida en gloria. En el libro de los Hechos 1:6, cuando Jesús ya estaba nuevamente con ellos resucitado, los discípulos le preguntan: “Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”
Ya podemos imaginarnos lo extraño que les habrá parecido a los discípulos oír a Jesús decir en la “Parábola de las Diez Minas”: “Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino volver” (Lucas 19:12)
Nosotros ahora sabemos que Jesús estaba hablando de sí mismo, y de su subida al cielo para recibir la autoridad de gobernar, y luego volver a la tierra. Pero: ¿Lo entendieron así sus seguidores? Ellos aún estaban pensando en una inminente restauración del reino davídico, y así lo dejaron notar cuando, al entrar Jesús en Jerusalén, la multitud exclamó: “¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!...” (Marcos 11:10).
¿Cuándo fue que comprendieron los discípulos Realmente?:
Ahora tenemos el gran acontecimiento de Pentecostés. El Pedro que había sido tildado de “Satanás” por Jesús, por negarse a aceptar la posibilidad de la muerte de su rey, ahora es él mismo quien explica a sus paisanos judíos que Jesús era efectivamente el Mesías esperado, y que le había sido necesario sufrir y morir primero y resucitar para volver al cielo, para después regresar en gloria para instaurar su reino. Sus palabras son éstas:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido el Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que veis y oís...Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.” (Hechos 2:32,33,35).
Ahora Pedro comprende que Cristo era el verdadero Mesías, cuando Dios lo resucita y lo llama a su gloria. La visión de Daniel 7:13,14 cobra para él el sentido verdadero. Además, en el pórtico de Salomón, Pedro les dice a otros paisanos judíos: “Pero Dios a cumplido así lo que había sido antes anunciado por boca de todos los profetas, que su Cristo había de padecer” (Hechos 3:18).
Por fin Pedro llegó a comprender que era necesario que Cristo primero tuviera que padecer y morir por la causa del evangelio que predicaba; muerte que redundaría en la salvación de los creyentes. Además comprendió que Cristo era el verdadero Mesías esperado que tendría que volver nuevamente para cumplir con todas las promesas hechas a los padres. Sin duda, el Espíritu Santo aclaró muchas de las dudas que aún existían en las mentes de los discípulos.
El apóstol Pablo, por su parte, dirá de la muerte y resurrección de Jesús lo siguiente: “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven”. (Romanos 14:9).
Sí, Jesús tuvo que morir para convertirse en el Señor y Cristo de los creyentes que esperan en él de todo corazón. Si él no hubiera resucitado, entonces vano sería creer en él y en sus promesas de vida eterna en el reino de Dios. Pedro y los demás apóstoles comprendieron que Jesús se ganó el derecho de ser el Mesías, al vencer hasta el final. Por eso leemos en Filipenses 2:8: “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”.
Y en Apocalipsis 3:21 Jesús dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.
Nótese que Pedro dice que Dios lo hizo a Jesús: “Señor y Cristo” (Hechos 2:36)---¿cuándo? ¡Cuando fue resucitado y exaltado! (Hechos 2:32,33). Y fue exaltado porque fue obediente hasta la muerte (Filipenses 2:9; 2 Timoteo 2:5). Sí, Jesús venció y ¡se ganó su corona de rey! (Ezequiel 21:26,27; Daniel 7:13,14).
Los Cristianos Están llamados a ser reyes con Cristo:
Los Cristianos también están llamados a predicar el mismo evangelio de Cristo a todo el mundo habitado. Como consecuencia de ello los creyentes igualmente sufrirán como Cristo sufrió por cumplir su cometido. Recordemos que la Gran Comisión de Cristo consiste en: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” (Mateo 28:19).
Y Marcos lo registra de esta manera: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura...” (Marcos 16:15).
Al dar testimonio del evangelio de Jesucristo, muchos serán insultados, apedreados, escupidos, y hasta asesinados. Esto se verifica al leer Apocalipsis 20:4 en donde leemos: “...y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios...”.
Es claro que ningún cristiano “mudo” podrá ser perseguido y asechado por los enemigos de Dios. Es, pues, menester que el creyente imite a Jesús, así como Pablo lo hacía con Cristo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).
Los cristianos que venzan hasta el final recibirán, como Cristo, su corona de gloria para ser coherederos en el reino de Dios. Nuevamente leemos en Apocalipsis 3:21: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono...”.
Y en Apocalipsis 2:10 encontramos esta promesa de Jesús: “...sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.
Además Jesús dice en Apocalipsis 3:11: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.
Por lo visto estamos llamados a ser reyes con el Rey de los reyes, Jesucristo (Apocalipsis 1:6). Esta verdad no es comprendida por los cristianos que no estudian la Biblia. Estos “creyentes” ni siquiera saben qué significa la palabra “cristiano”. Cristiano es ser Mesiánico, y ser Mesiánico es ser partidario de la monarquía de Dios. Así: David, Salomón, etc, eran ‘Mesías’ o ‘ungidos’ para desempeñar sus cargos de reyes en Israel. No se podía ser rey en Israel si antes no se era ungido por el Sumo Sacerdote. Al ser Jesús ungido por Dios por su victoria o triunfo al cumplir con la misión de su Padre, Jesús se ganó su corona de gloria para ser el nuevo rey que tendrá Israel cuando él regrese por segunda vez. Del mismo modo, los cristianos son ungidos (2 Corintios 1:21) para heredar el reino y recibir sus coronas. Pero antes tendrán que vencer como Jesús.
Será únicamente cuando Cristo regrese que los cristianos vencedores tendrán la herencia en el reino milenario de Cristo. Por eso Jesús dice en Mateo 25:31,34: “Cuando el Hijo del Hombre venga...entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.
Algo Más sobre el Evangelio del Reino:
1.- Es el mensaje central de Cristo y sus Apóstoles. (Marcos 1:1,14,15; Lucas 8:1; 9:2; Hechos 8:12; 19:8; 20:25; 28:23,30,31).
2.- Es el mensaje que será predicado hasta la venida de Jesucristo al mundo (Mateo 24:14).
3.- Este evangelio del reino tiene poder para salvar a los que creen (Romanos 1:16).
4.-El Diablo intentará que las personas no crean en el evangelio y se pierdan para siempre (2 Corintios 4:4).
5.- El Diablo perseguirá a la iglesia que esté predicando el evangelio del reino y se valdrá de la “Bestia” o el “Anticristo” para ello (Apocalipsis 20:4).
6.- Los que venzan hasta el final heredarán el reino de Cristo en la tierra por mil años. Las naciones serán gobernadas por Cristo y su iglesia glorificada (Apocalipsis 20:6).
7.- La sede del reino de Dios estará en Jerusalén (Mateo 5:33-35; Jeremías 3:17; Miqueas 4:1-5; También (Salmos 122:1-9; Zacarías 1:17; 8:3,22,23;14:17).
8.- El Diablo y sus demonios estarán atados en el abismo durante el reino milenario de Cristo (Apocalipsis 20:1-3). El mundo gozará de paz, amor, y felicidad, sin la influencia maléfica de los espíritus impuros.
Resumen:
Es importante subrayar que Dios quiso redimir a los hombres a través del sacrificio de Su propio Hijo Unigénito (Juan 3:16). Jesús pagó el precio por nuestros pecados muriendo por nosotros en la cruz. No obstante, para lograr que Cristo pagara con su vida nuestras deudas con Dios, Dios tenía que enviar a Su Hijo con un mensaje que sería poco o nada apetecible para las autoridades religiosas judías y también romanas. Este mensaje o evangelio fue el verdadero motivo por el cual Cristo fe enviado al mundo por Su Padre. En otras palabras, se tenía que dar el motivo que provocara la muerte de Cristo, y ese fue el evangelio del reino predicado por Jesucristo y sus seguidores. Más adelante, los apóstoles correrían la misma suerte, al morir cada uno en el martirio o el destierro.
Jesús venció hasta el final, e igualmente sus apóstoles. Nosotros igualmente tenemos que vencer hasta el final para ganar nuestra corona de gloria, y así ser parte del reino milenario de Cristo. Esto quiere decir que debemos anunciar ese mismo mensaje o evangelio del reino al mundo entero, ofrendando nuestras vidas si fuere necesario.
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¿QUÉ ES EL HOMBRE Y CUÁL ES SU DESTINO?---¡SÉPALO
HOY!
Por Ing° Mario A Olcese
Introducción
Desde que el hombre ha tenido uso de razón se ha preguntado cuál es el sentido de su existencia en este mundo. También ha filosofado de diferentes modos a fin de darle propósito a su vida. No obstante, muchas de estas ideas han sido contradictorias unas con otras y diametralmente opuestas y desconcertantes.
Sin embargo, la Biblia, la Palabra de Dios, sí nos dice qué somos, y hacia dónde vamos finalmente en esta vida. Es decir, la Biblia revela un propósito divino para nuestra existencia, y explica porqué el hombre muere finalmente. Sépalo usted hoy leyendo con atención y meditación este estudio de las Santas Escrituras.
El Hombre Tiene el Deseo de la Inmortalidad:
Todos los seres humanos quisiéramos vivir para siempre con salud y felicidad sin tener que asistir a los entierros de amigos y parientes queridos. La muerte es, definitivamente, el enemigo número uno del ser humano. Tal vez para otros la muerte es una necesidad cuando se está sufriendo de una grave dolencia incurable, pero aún así, nadie quisiera la muerte sino la salud y la vida plena y eterna (ver Eclesiastés 3:11 que dice: “...y ha puesto eternidad en el corazón de los hombres”). Es por eso que Cristo recogió esta necesidad del hombre por la eternidad, y vino a proclamar que él es el camino, la verdad y la vida eterna (Juan 14:6). Jesús vino a ofrecerle al hombre una vida abundante, gozosa, y eterna si éste opta por él y su causa (Juan 11:25).
Ningún Hombre posee la Inmortalidad:
La vida eterna abundante y feliz es un regalo muy tentador que nos impele a seguir a Cristo en todo momento de nuestras vidas. Sin esta oferta de Dios a través de Su Hijo, pocos estarían motivados a dejar los intereses mundanos y pasajeros. Dios es un Dios que remunera a sus siervos grandemente, y no escatima cuando se trata de premiar. Él quiso que el hombre viviera para siempre y no que muriera por la enfermedad o la vejez. Él puso al hombre en la tierra para que viviera en ella para siempre. Los hizo del polvo de la tierra, y les sopló aliento de vida (‘Ruáj’ en Hebreo, ‘Pneuma’ en Griego) y Adán y Eva se convirtieron en (no dice que tuvieron) “almas (‘nephesh’) vivientes” (con la posibilidad de ser inmortales) (Génesis 2:7). Él hizo al hombre a Su imagen y semejanza... ¡y Dios no es mortal! Sí, Dios quiso que la primera pareja humana no muriera, pero Adán y Eva pecaron y su almas empezaron a morir (Génesis 2:17). Es claro que Adán, Eva y su descendencia, no lograron su inmortalidad por la desobediencia. Su alma pudo ser inmortal, pero fracasaron---¡Trágicamente sus almas vinieron a ser mortales! (Ezequiel 18:4,20).
Sólo Dios tiene Inmortalidad Inherente:
Aunque muchos se sorprendan, sólo Dios el Padre tiene inmortalidad inherente. Todos los cristianos recibirán la inmortalidad como Jesús la recibió, en la resurrección. Veamos lo que dice el apóstol Pablo al respecto:
1 Timoteo 6:16:
“El único que posee inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver...”
Aquí Pablo está hablando de Dios el Padre, pues el Hijo sí fue visto. Pues bien, Pablo afirma que sólo Dios el Padre tiene inmortalidad, y nadie más. Ahora pregunto, ¿tiene Jesús inmortalidad? Sí, porque la ganó en su resurrección (Romanos 6:9). De modo que Jesús nunca tuvo una inmortalidad inherente y eterna, sólo Su Padre y Dios.
La Vida Eterna: El Futuro Regalo de Dios para los Justos:
Lo que la mayoría de cristianos no parece comprender es que la vida eterna es una promesa y una esperanza para el futuro (Romanos 6:23). Esta la recibirán sólo los que son hijos de Dios, los adoptados, los renacidos, los bautizados, los fieles, y los santos. Veamos los pasajes que nos llevan a esta conclusión:
Mateo 25:46:
“E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.
Marcos 10:30:
“...y en el siglo venidero la vida eterna”.
Romanos 2:6,7:
“El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: Vida eterna a los que, perseverando el bien hacer, buscan gloria, honra, e inmortalidad”.
1 Timoteo 6:12:
“Pelea la buena de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual fuiste llamado”.
Romanos 6:22:
“...y como fin , la vida eterna”.
Gálatas 6:8:
“...del Espíritu segará vida eterna”.
Tito 1:2:
“En la esperanza de la vida eterna”.
Judas 21:
“Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”.
1 Juan 2:25:
“Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna”.
Hechos 13:46:
“...y no os juzgáis dignos de la vida eterna”.
1 Corintios 15:53:
“...Es necesario que esto mortal se vista de inmortalidad”.
El Infierno como Sepulcro o Tumba:
¿Habla la Biblia del infierno? ¡Sí! Pero no en la misma forma como lo presentó Dante en su “Divina Comedia”. El infierno viene de la voz latina “Infer” (= ‘debajo de’), y del Griego “Hades” y del Hebreo “Seol”. En el Antiguo Testamento Hebreo, la palabra ‘Seol’ aparece como el lugar de los muertos, o el sitio donde descienden los que fallecen. Igual sentido tiene su equivalente “Hades” en el Nuevo Testamento Griego. Se sabe que Hades y Seol son equivalentes comparando Hechos 2:27,31 y el Salmo 16:10. Estos dos textos se relacionan con la muerte y sepultura de nuestro Señor Jesucristo, quien fue al Hades (sepulcro) después de morir por tres días. En Oseas 13:14 hay una definición de Seol relacionado con la muerte y el sepulcro. En el Salmo 31:17 el Seol tiene relación con el silencio de los muertos en sus sepulcros. En 1 Samuel 2:6 la muerte está relacionada con la bajada al seol, y la vida con la subida del seol.
Tanto justos como injustos van al infierno al morir. En Isaías 53:9 se dice que se dispuso la tumba de Jesús con los impíos, y también se dice que el fiel Jacob descendió al infierno (tumba, heb. seol), por causa de José, su hijo (Génesis 37:35).
La tradición cristiana dice que Cristo descendió al infierno (Hades), y de allí salió su alma (= ‘Psyché’) resucitada, la cual no vio corrupción. Pero la religión Católica empezó a propagar la doctrina de un infierno en donde sólo las almas impuras “desencarnadas” serían condenadas por la eternidad con tormentos interminables o eternos. No obstante, Jesús enseñó otra cosa muy diferente.
La Simbología del Gehenna:
Pero algunos dirán: ¿No habla Jesús de un “infierno (‘Gehenna’) de fuego” en Mateo 5:22 donde “el gusano de los pecadores no muere?”(¿gusanos mortales?) (Marcos 9:44)? La respuesta es Sí. Jesús usó la palabra ‘Gehenna’ en varias ocasiones como en Mateo 5:22. Este ‘Gehenna’ es otra palabra en arameo que se ha traducido por infierno en el Nuevo Testamento aparte de ‘Hades’. No obstante, esta palabra erradamente ha sido vertida por infierno. Se la debió dejar tal como está escrita (‘Gehenna’), sin traducirla caprichosamente. No obstante, son pocos los que entienden la figura simbólica del “Gehenna de fuego” que viene del hebreo Ge-ben-Hinom, lugar localizado a las afueras de Jerusalén (Josué 5:8). El “Gehenna de Fuego” era un lugar en donde se arrojaban los cadáveres de delincuentes y asesinos ejecutados o asesinados en Jerusalén. Estos eran consumidos por las llamas a fin de hacerlos desaparecer y como una medida profiláctica. Así, Jesús usó como ejemplo un hecho real o histórico para simbolizar la severidad (aspecto cualitativo) del castigo de los impíos incorregibles. No obstante, esto no quiere significar necesariamente que los pecadores van a ser atormentados eternamente, literalmente hablando.
Significado de la palabra “Eterno” en la Biblia:
Jesús usó las frase “castigo eterno” (no, ‘castigamiento eterno’), y también: “fuego eterno”, “juicio eterno” (no, ‘enjuiciamiento eterno’), “perdición eterna”. Y en Judas 7 se dice que Sodoma y Gomorra (dos ciudades impías cerca al mar muerto) están “sufriendo el castigo del fuego eterno”. Obviamente Sodoma y Gomorra fueron castigadas por fuego del cielo, pero ahora ya no existen, ni quedan rastros de ellas. Pero adviértase que ambas están sufriendo (un hecho que continúa) el castigo del “fuego eterno”. ¿Cómo se explica este “fuego eterno” si ya se apagó hace miles de años atrás?
Sí, el “fuego eterno” no significa necesariamente que será cuantitativamente sin fin, pues como vimos, Sodoma y Gomorra están sufriendo el “fuego eterno” de manera cualitativa, y no debe tomarse literalmente. Las ciudades fueron destruidas por el fuego y desaparecieron por completo. Nadie puede revertir ese castigo, ni volverán nuevamente a la existencia esas mismas en la tierra, aunque sí muchas semejantes a ellas en otras partes del mundo. Algo similar encontramos en Jeremías 17:27 donde Dios sentencia a Jerusalén “al fuego que no se apagará” debido al pecado de su pueblo. Pero Dios no estaba hablando literalmente, pues Jerusalén será la capital el futuro reino de Dios nuevamente (Isaías 2:2-4; Salmo 48:2). También leer el caso de Edom en Isaías 34:9-15. En el verso 10 que “su fuego no se apagará ni de día ni de noche”. No obstante, el hecho de que allí sólo habitarán animales y aves (versos 11y 13-15) en medio de sus ruinas, prueba que el lenguaje usado en el verso 10 es simbólico, indicando la severidad del castigo de Dios.
Regresemos al “castigo eterno” de Mateo 25:46. Aquí Jesús habla de un “castigo eterno” y no de un “castigamiento eterno”. El sentido de estas dos frases no son iguales. Jesús no dice que Dios estará castigando a los malos todos los días y por la eternidad. Lo que dice es que el castigo, el único castigo de Dios, será eterno, invariable, inmutable. Su sentencia no variará. El reo no saldrá libre, y no será perdonado. Su pena será eterna, y nadie la mudará. El reo será castigado con la pena capital, es decir, la pena de muerte---¡muerte eterna!. Estará muerto para siempre sin posibilidad de volver a existir.
Algo semejante ocurre con la frase “vida eterna” usada por Jesús en Juan 17:3. ¿Acaso Dios nos ofrece darnos todos los días la vida eterna y por toda la eternidad? Es decir, ¿cada día nos otorgará la vida eterna, y no parará nunca? O ¿es más bien que nos dará la inmortalidad una sola vez en la resurrección, para luego nunca más morir? (Ver 1 Corintios 15:53). La respuesta es que una vez que recibamos nuestra glorificación e inmortalización, los resultados de esa inmortalización serán eternos, inmutables, o invariables.
La Biblia habla también de la “redención eterna” en Hebreos 9:12. ¿Qué se entiende por “redención eterna”?¿Acaso que seremos redimidos por Cristo en la cruz todos los días y por la eternidad? ¡Ello implicaría que Cristo tendría que estar muriendo en la cruz todos los días y por la eternidad! ¿Será eso posible? No, pues Cristo murió una sola vez y para siempre (Hebreos 9:24-26). Concluimos entonces que la “redención eterna” implica que la única redención que hizo Jesús en el Gólgota tiene efectos eternos o para siempre. También existe la frase “salvación eterna” en Hebreos 5:9. Pero esta salvación no se hace todos los días y por la eternidad. Lo que en verdad significa es que los efectos o resultados de la salvación son eternos. Una vez que alcancemos la salvación en el reino, nadie nos la quitará o arrebatará. Una vez salvos dentro del reino, siempre seremos salvos, por la eternidad.
Está claro que la palabra “eterno” no siempre está relacionado con lo cuantitativo, sino también con lo cualitativo. Así, el “reino eterno” de Cristo en 2 Pedro 1:11, durará en verdad mil años, según Apocalipsis 20:5. Aquí hay un “reino eterno de mil años”---¿Extraño no?¿Cómo se explica esto? Creo que la idea es que el reino de Cristo será cualitativamente “eterno”, pues por ser tan bueno, justo, y pacífico, éste se prolongará por diez siglos como ningún otro reino o gobierno lo ha logrado.
Dios es Fuego Consumidor:
Contrario a lo que muchos cristianos creen, el fuego con que Dios castigará a los impíos o incorregibles, ¡consume!. Dice Hebreos 12:29: “Porque nuestro Dios es fuego consumidor”. Si esto es verdad, y no hay porqué dudarlo, los proponentes de un castigo por “fuego eterno” que no se apaga, y no consume, están en serios problemas. Si el infierno es un lugar literalmente de fuego que no se apaga, y que no destruye, sino que atormenta, ¿cómo explicar Hebreos 12:29? ¿Y cómo explicar Hebreos 10:27 que dice: “Sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”? Aquí se habla que el fuego de Dios devorará (no atormentará eternamente) a los adversarios de Dios. Esto quiere decir que Dios consumirá y destruirá a sus enemigos para siempre, y dejarán de ser o existir. Por eso leemos en Isaías 33:14: “...¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor?¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?”. Aquí Dios es fuego eterno consumidor. Es decir, el fuego de Dios es eterno, pero no lo que consume.
Los Impíos e Incorregibles serán Destruidos Para Siempre:
El cristianismo tradicional ha sostenido que los pecadores irán al castigo del infierno para ser atormentados en el fuego por la eternidad. Según esta hipótesis, los que no se arrepientan serán atormentados con sus almas inmortales en el infierno por los siglos de los siglos. Pero esta teoría tiene sus defectos y contradicciones. Uno de ellos es el siguiente: Si la inmortalidad es un regalo o dádiva de Dios sólo para los “buenos”, según Romanos 6:23, entonces los que no son fieles a Cristo y a Su Padre no recibirán la vida inmortal como premio, sino lo contrario, lo opuesto. ¿Cómo, entonces, podrían los malos ser atormentados por la eternidad si no van a recibir la vida inmortal? He aquí una encrucijada, y un callejón sin salida.
La teoría del alma inmortal inherente en todos los hombres es de origen pagano. Platón, el filósofo Griego, sostenía que el hombre tenía un alma inmortal inherente que trascendía a la muerte física. Esta creencia, a su vez, la sostuvieron los egipcios, los aztecas, mayas, incas, etc. Todas éstas eran culturas paganas panteístas y politeístas.
Como hemos visto al inicio de este estudio, Dios hizo a la primera pareja humana “almas (‘nephesh’) vivientes”. No dice que Adán y Eva “vinieron a tener almas vivientes inmortales”, sino más bien, que “vinieron a ser almas vivientes” (Génesis 2:7 Versión Moderna---sin inmortalidad). Incluso los animales son “almas o seres (‘nephesh’) vivientes” (Génesis 1:20,21). No obstante, Adán y Eva desobedecieron, y como castigo fueron condenados o sentenciados con la muerte. Sus almas vivientes morirían---Serían mortales (Leer Ezequiel 18:4,20). De modo que no encontramos que Dios les haya dado inmortalidad inherente a los hombres, sino sólo el deseo y la posibilidad de tener inmortalidad (Eclesiastés 3:11).
Pero regresemos a los impíos nuevamente, ¿cómo serán castigados? ¡Con la aniquilación total!. ¡Ellos dejarán de existir! Veamos sólo tres textos bíblicos que prueban lo que decimos:
Salmos 37:9,20,22,34,38:
“Porque los malignos serán destruidos...perecerán...como la grasa de los carneros serán
consumidos; se disiparán como el humo...y los malditos de él serán destruidos...cuando
sean destruidos los pecadores, lo verás...mas los transgresores serán todos una destrui-
dos”.
Proverbios 12:7:
“Dios trastornará a los impíos, y no serán más”.
2 Pedro 2:1:
“...y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción
repentina”.
¿Qué Ocurre Cuando Morimos?:
¿Siguen vivos los muertos? Esta es una pregunta que deja perplejos a muchos. Sin embargo, ya hemos visto que el hombre no tiene inmortalidad inherente, por tanto los muertos no pueden estar vivos en otra dimensión. El espiritismo nos ha hecho creer esta falacia de la supervivencia de los muertos en una esfera espiritual. Y es que hay un hecho concreto en la Biblia: “Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). La materia o la carne regresa al polvo con la muerte, y el espíritu del hombre (justo o injusto) regresa a Dios quien lo dio. Esto es justamente lo inverso a lo ocurrido en Génesis 2:7. Así finaliza la existencia humana. No hay espíritus de difuntos vagando por allí y asustándonos con sus apariciones nocturnas. Todos los espíritus (Gr. Pneuma, Heb. Ruáj= vida) regresan a la fuente, que es Dios mismo. Pero estos espíritus no son el “yo” (‘Ego’ o la personalidad) de las personas muertas, pues si este fuere el caso, Dios estaría tolerando ante su santa presencia celestial a las personalidades más impías como Nimrod, Hitler, Calígula, Nerón, Herodes, etc., y esto no es posible en un Dios Santo. En Proverbios 15:29 leemos: “Jehová está lejos de los impíos...” lo cual refuerza lo que sostenemos, es decir, que los espíritus no son los “Egos” o las personalidades de los muertos. ¡Dios no tolera cerca de él a los pecadores! El espíritu, por tanto, es sinónimo de VIDA. Esta vida viene de Dios, pues él la sopló en el primer hombre hecho de barro de la tierra. Cuando el hombre pierde el espíritu, pierde su vida y muere. Su destino es en el polvo de la tierra.
Los Muertos están Inconscientes o Durmiendo:
No es de extrañarse de que Jesús hable de la muerte como un sueño profundísimo. Recordemos la historia del amigo de Jesús, Lázaro. Este hombre había muerto estando ausente Jesús. Al llegar a la casa de Lázaro, Marta, la hermana, le increpa a Jesús por haber estado ausente cuando Lázaro agonizaba, y no haber podido salvarlo de su destino fatal. En esa oportunidad Jesús había dicho que “Lázaro duerme”, y que iba a “despertarlo” (Juan 11:11), y además le dice a Marta que su hermano resucitará (Juan 11:23). ¡Y así lo hizo Jesús con Lázaro!
Es curioso que si en verdad los justos parten al cielo para estar con Dios en ocasión de la muerte, Jesús no la haya consolado a Marta diciéndole algo así como: “Mira Marta, no estés desconsolada, Lázaro está con Dios en el cielo gozando de todas las bienaventuranzas. Por fin ya no estará sufriendo en este mundo de lágrimas, de dolor y de pecado”.Pero no la consoló de este modo, pues bien sabía Jesús que nadie subía al cielo al morir (Juan 3:13; Hechos 2:34). Por otro lado, cuán alegre y cuán triste se habrá sentido Lázaro al volver a la tierra después de haber estado gozando---supuestamente--- de la gloria celestial con Dios, los ángeles, y los demás santos difuntos. Pero en la Biblia no hay ningún informe de que Lázaro haya revelado su “grata y hermosa experiencia post-mortem”, la cual hubiera sido digna de contar y de escribir para las sucesivas generaciones de creyentes. O, ¿Es que nunca la tuvo?
Veamos otros textos en donde se habla de la muerte como un sueño:
Lucas 8:52: “...no lloréis, no está muerta, sino que duerme”.
1 Corintios 11:30: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos
duermen”.
1 Corintios 15:20: “Primicias de los que durmieron es hecho...”
1 Corintios 15:51: “...no todos dormiremos”.
1 Tesalonicenses 4:13: “no ignoréis acerca de los que duermen...”
La Esperanza de la Resurrección:
Jesucristo vino a darnos esperanza de volver a la vida en la resurrección, pues el mismo dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá”. (Juan 11:25). Y también él dijo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida...” (Juan 5:28,29). Pues bien, aquí tenemos un hecho innegable: ¡Los muertos no están vivos! En realidad tendrán la vida cuando, y sólo cuando, resuciten de sus tumbas. Nótese que dice “resurrección de vida” y no: “resurrección para seguir viviendo”. Es claro que los muertos tendrán vida cuando el espíritu de Dios regrese a sus cuerpos polvorientos. Esta verdad se deja ver en Ezequiel 37:5 que dice: “Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”. Nuevamente ese espíritu que regresó a Dios en ocasión de la muerte, nuevamente regresará al difunto y vivirá.
La enseñanza católica de que los muertos cristianos están vivos en el cielo con sus almas inmortales es totalmente ajena a la Biblia. Y es que si ya están ahora los difuntos cristianos en la “gloria celestial”, disfrutando de todas las bienaventuranzas divinas, ¿cuál sería la razón de su resurrección en la tierra? Además, si los justos ya están recompensados en el cielo, y los malos en el infierno, ¿para qué serían sus resurrecciones? Pues bien, la Biblia sí contesta para qué seremos resucitados. En 1 Tesalonicenses 4:16,17 Pablo enseña: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta d Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero...para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Y además dice Jesús a Juan: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. (Apocalipsis 22:12). Entonces seremos resucitados para recibir a Jesús quien trae nuestras recompensas en función a nuestras obras. Nótese, además, que no es Jesús quien nos recibe a nosotros, sino nosotros a él. Claramente entonces los cristianos serán premiados sólo cuando Cristo regrese y no antes de ese magno evento. Los que dicen que los difuntos buenos serán recompensados en la hora de su muerte, y no en la hora de su resurrección, están muy errados y desconocen lo que Cristo enseñó.
Pero ¿qué pasará cuando resucitemos?¿Tendremos este mismo cuerpo envejecido, y con taras? Pues, no. La Biblia enseña que los muertos serán transformados en seres o almas inmortales. Tome nota lo dicho por Pablo en 1 Corintios 15:52,53: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los vivos) seremos transformados. Porque es necesario... que esto mortal se vista de inmortalidad”. Entonces es claro que nadie hoy tiene algo inmortal, salvo el espíritu de Dios en él. Pero ese espíritu inmortal es de Dios, y como vimos, no tiene conciencia, o personalidad. Sólo seremos realmente inmortales cuando nuestro cuerpo sea transformado en incorruptibilidad.
El fiel Job no pensó como piensan los teólogos católicos. Él creyó que volvería a ver a Dios en su carne, y no en su supuesta alma inmortal inherente. He aquí lo dicho por Job: “Yo se que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha mi piel, en mi carne (no en su supuesta alma inmortal inherente) he de ver a Dios, al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro...” (Job 19:25-27). Y a Daniel el profeta, Dios le dice: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad en el fin de los días”. (Daniel 12:13). Nótese que Daniel no sería recompensado “en el fin de sus días”, sino más bien, “en el fin de los días”--- que es muy diferente.
Conclusión:
La inmortalidad será un premio de Dios para los justos y fieles en Dios y en Su Hijo Jesucristo (Mateo 25:6). Los pecadores no tendrán dicha inmortalidad, y como consecuencia, no serán atormentados en un supuesto infierno de fuego por toda la eternidad. Si no reciben la inmortalidad, ¿cómo esperar que sean atormentados por la eternidad? Los católicos, y la gran mayoría de protestantes, siguen enseñando que los malos también recibirán la inmortalidad en el infierno, y esto es antiescritural.
El asunto es simple: Si los muertos en Cristo ya están en la gloria; y los malos, en el infierno, ¿para qué creer y enseñar la segunda venida de Cristo y la resurrección de todos los muertos? Y Si los justos serán recompensados cuando Cristo vuelva, pregunto: ¿qué están haciendo éstos en el cielo, suponiendo que estén ahora allá después de haber muerto? Y si están en el cielo, ¿para que Cristo los bajará a la tierra nuevamente?¿Qué harán acá? ¿O acaso los bajará del cielo para resucitarlos, y luego los volverá a llevar al cielo de donde vinieron?¿Tiene sentido eso?
¿Puede un Dios de amor atormentar para siempre a los pecadores en un infierno de fuego literal?¿Es ese Su sentir y voluntad?¿Podría Dios estar feliz Dios oyendo los lamentos, los crujidos, y los llantos de los pecadores en el infierno por una eternidad? Esto Dios no lo podría evitar por ser Él omnipresente y omnisapiente. Él mismo tendría que ver y oír eternamente los gritos desenfrenados de los atormentados en el infierno, los cuales, obviamente no serían nada gratos para un Dios de amor. Pero la verdad es otra, ya que leemos en Apocalipsis 21:3: “...y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron”.
La Biblia habla de que los pecadores incorregibles serán destruidos y dejarán de ser o existir. Y es que contrario a la teología tradicional de un tormento eterno, el fuego de Dios consume, como el fuego de la vela la consume hasta apagarse. Esta enseñanza tiene más fundamento bíblico, y es más razonable. Realmente se ajusta al carácter de Dios, pues un tormento eterno de los malos implica una ira eterna de Dios, lo cual nos parece ilógico en Él. La ira de Dios durará sólo hasta que la memoria de los pecadores sea cortada de la tierra (Salmos 34:16).
El “castigo eterno” no es “castigamiento eterno”. En realidad es un solo castigo que durará para siempre. Cualitativamente hablando, es un castigo severo, radical, irrevocable. Igual ocurre con el “fuego eterno”. No es cuantitativamente sino cualitativamente “eterno”. Por ejemplo: Sodoma y Gomorra ya no existen, han desaparecido por fuego. Pero siguen sufriendo el “fuego eterno”, cualitativamente hablando, indicando la severidad de Dios, la firmeza de su castigo, y su inmutabilidad.
La doctrina del Purgatorio es igualmente antibíblica, y por tanto, falsa. Es falsa porque implicaría que hay almas humanas inmortales atormentándose en un lugar intermedio de donde se puede salir por las misas católicas. Ya hemos visto que ningún hombre tiene inmortalidad, o un alma inmortal inherente.
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LA SABIDURÍA VERDADERA---¿EN QUÉ CONSISTE?

Por Ing° Mario A Olcese
La mayoría de gente suele tildar de “sabios” a personas talentosas, con coeficientes intelectuales altísimos. Decimos que Einstein, Newton, Pascal, Descartes, Bell, Freud, Oppenheimer, Ptolomeo, Raimondi, Voltaire, y muchísimos otros, fueron unos hombres “sabios” y “fuera de serie”. Pero: ¿Fueron todas estas personas realmente “sabias” bajo el punto de vista de Dios?
Por ejemplo, Voltaire, el reconocido filósofo ateo francés del Siglo VIII, quien, para muchos era un “sabio” de las letras, dijo en la hora de su muerte: “He sido abandonado de Dios y de los hombres. Me iré al infierno”. Entonces nos preguntamos, ¿fue realmente un sabio este hombre ateo?¿Qué cree usted?
¿Qué es la Sabiduría Verdadera?
He aquí la divina revelación de Dios de lo que es la sabiduría. Está en las páginas de su Biblia. Sorprendentemente, millones de llamados “cristianos”, no saben de qué se trata la sabiduría verdadera. ¡No tienen ni la menor idea! ¿La tiene usted, amigo lector? El sabio rey Salomón nos lo dirá:
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza:” (Proverbios 1:7).
Notemos que el principio de la sabiduría es el temor de Dios. Sólo los necios desprecian la sabiduría, es decir, el temor a Dios. Estos son los ateos, los agnósticos, etc. Salomón explica lo que es el temor de Dios, con estas palabras: “El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco.” (Proverbios 8:13).
El principio de la sabiduría es el temor a Dios. Cuando a un hombre se le predica de que hay un Dios que está ofendido por los pecados que cometemos, y que nos va a castigar severamente si no nos arrepentimos; a esta persona le quedan dos alternativas: burlarse, o temer. Si teme admitirá que ha pecado y que merece su castigo. Si se arrepiente, entonces aborrecerá el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa. Empezará a vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios.
La Vara y la Corrección en los Hijos
Muchos padres creen que el látigo o la vara aplicada al niño lo traumatiza y lo trastorna de por vida. ¡Nada más falso! Para que los hijos sean correctos y derechos, el padre de familia debe aplicar el látigo cuando es necesario. Dice Salomón:
“La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.” (Proverbios 29:15).
Los padres deben enseñar a los hijos el camino por donde deben andar, para que de grandes no se aparten de él. Dice nuevamente Salomón:
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
(Proverbios 29:15)
A los hijos hay que enseñarles el amor a Dios, pero también a que sientan temor por desobedecerle. A los niños hay que corregirlos desde que son niños, para que sean hombres sabios y prudentes, a fin de que no sean una vergüenza para sus padres. Realmente muchos padres no saben el daño que les hacen a sus hijos, al no inculcarles el amor y el temor a Dios. Parece mentira, pero cuando un niño es instruido en el camino de la sabiduría, y se le cría con fe y amor a Dios, éste será un hombre de bien para la sociedad. ¡Será sabio e inteligente!
En nuestros días vemos a innumerables jóvenes que se unen a pandillas para hacer vandalismo, tomar alcohol y drogas, y para abusar de las jovencitas sexualmente. Cientos de miles de abortos, asesinatos, violaciones, etc, son las tristes estadísticas de una vida sin Dios. Los padres viven frustrados, desesperados, y amargados por los hijos que han engendrado. Pero son ellos los responsables de haber criado a estos hijos rebeldes, y sin afecto natural por sus progenitores. Se han olvidado de educar a sus hijos en el amor y temor de Dios. La religión, la Biblia, la iglesia, la oración y la devoción diarias, nunca se inculcaron en casa, y a los padres nunca les interesó dar el ejemplo para conducir a sus hijos en el camino de la fe. La religión a quedado obsoleta. Aun ellos mismos, cuando hijos, no recibieron tampoco la sabiduría que viene de Dios, por parte de sus progenitores. Realmente hasta los mismos adolescentes ya no tienen temer a Dios. Pero la Biblia dice: “El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones” (Proverbios 13:1).
Jesús fue Sabio desde Niño
Un niño puede ser sabio si se le educa en el temor de Dios. Jesús fue el ejemplo de ello. En la Biblia está su vida y obra. Dice Lucas 2:40,52:
“Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él...Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”
Jesús mantuvo una permanente relación personal con su Padre. Él dio ejemplo de obediencia, no sólo a su familia en la tierra, sino también a su Padre celestial. Así, cuando los padres de Jesús lo fueron a buscar, lo hallaron en el templo conversando con los doctores de la ley, y avocado en “los negocios de su Padre.” (Lucas 2:49). Y después de ese suceso, la Biblia afirma que Jesús siguió SUJETO o subordinado a su familia humana, hasta los 30 años (Lucas 2:51).
Nuestro Señor Jesucristo nos dio ejemplo, para hacernos saber cómo debe comportarse un jovencito de Dios. Él se involucró en los asuntos de Dios desde niño, y también supo sujetarse obedientemente a su madre biológica y a su padre adoptivo. Jesús no fue rebelde, ni insolente, ni pandillero. Él fue ejemplo de fe, virtud, crecimiento espiritual, consagración, y amor por los hombres. Y cuando llegó a los 30 años de edad, Dios le dijo a través de Su Espíritu Santo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Lucas 3:21).
La Sabiduría del Mundo
La Biblia habla de la “sabiduría del mundo” en contraste con la “sabiduría de Dios”. Pablo dice de la “sabiduría del mundo” lo siguiente:
“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.” (1 Corintios 3:19,20).
La sabiduría mundana es vana, y esto va para todos aquellos hombres que dicen o que afirman que Dios no existe, que somos productos del azar y de la evolución, que después de esta vida no hay más, que la ciencia es la verdadera religión, y la religión tradicional es “el opio del pueblo”, y cosas como éstas. Estos “sabios” del mundo (pero ‘necios’ para Dios) son los responsables de que la espiritualidad y la fe cristianas hayan quedado rezagadas en un último lugar dentro de los valores de la familia y la sociedad. El resultado es ahora una sociedad en decadencia. Por eso dice Salomón: “El camino del necio es derecho en su opinión...” (Proverbios 12:15).
El Sabio es Libre Cuando Obedece a Dios
El principio de la sabiduría es el temor de Dios. Dice Salomón, además: “El sabio de corazón recibirá los mandamientos...” (Proverbios 10:8). Esto quiere decir que un hombre sabio de verdad, observará los preceptos de Dios para cumplirlos---¡no para desacatarlos! El hombre sabio se aparta del mal para no ofender a Dios. Por eso David exclamó: “En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.” (Salmo 119:15,16).
Las gentes quieren vivir sin prohibiciones, o sin leyes divinas que los rijan. Afirman que quieren ser “libres” y no “esclavos” de reglas o mandatos divinos que no les dejen “disfrutar” de la vida. Pero estas personas NO saben que los que desobedecen a Dios, y a sus leyes, son esclavos del pecado. Al respecto dice Jesús: “...todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” (Juan 8:34). Es decir, el que no quiere obedecer los mandamientos de Dios, se vuelve esclavo de su carne, de sus pasiones, y de sus vicios. Quien es verdaderamente libre es aquel que se ha decidido a dejar el pecado, y esto significa; someterse a los mandamientos de Dios. De modo que si usted quiere ser verdaderamente libre, debe seguir el siguiente consejo de Jesús: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Sí, Jesús es el único que puede libertar al pecador perdido y esclavo. No es Buda, Mahoma, Confucio, La “Nueva Era”, los “Rosacruces”, nuestras “buenas obras”, ni nada por el estilo. Sólo Cristo; su doctrina y sus mandamientos, pueden hacernos libres.
Pídale a Dios Sabiduría
Cuando el rey Salomón heredó el reino de su padre David, lo primero que hizo fue pedirle sabiduría a Dios, para dirigir al pueblo por el buen camino (2 Crónicas 2:10)---¡Y Dios se la dio! Pero Dios también se la puede dar a usted, para que pueda gobernarse bien en este mundo. Santiago dice muy claramente:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5).
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LA FELICIDAD---¿DÓNDE ENCONTRARLA?

Por Ing°. Mario A Olcese
Texto de Introducción:
Dice el profeta Isaías (35:10): “Y los redimidos de Jehová...tendrán gozo y alegría y huirán la tristeza y el gemido”. Estas son palabras que Dios dirige a su pueblo amado Israel, y por extensión, a todos los hijos de Abraham adoptivos. Si bien es verdad que éstas son palabras proféticas aún incumplidas, no obstante, éstas también tienen un cumplimiento presente.
Conceptos Erróneos de la Felicidad:
Los hombres de hoy buscan la felicidad para sus vidas. Creen que las cosas materiales los harán dichosos y felices, pero desgraciadamente éstas no resultan en una fórmula exacta para hallar la felicidad verdadera. Ya Jesús lo había advertido dos milenios atrás al decir: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Millones de hombres se han dedicado a obtener dinero y más dinero, el cual se traduce en poder y reconocimiento del mundo. Pero aún los poderosos de la tierra no son felices realmente si no tienen a Dios en sus corazones. Han probado de todo: mujeres, drogas, lujos, viajes, adulación, poder, soberbia, etc., pero no han conseguido la felicidad duradera. Estos hombres no saben que en la ABUNDANCIA de los bienes NO está la felicidad. Cuando multimillonarios pierden su fortuna, muchos optan por el suicidio pues ya no encuentran sentido en sus vidas. ¡Triste final!
Otro grupo de gente, sin ser millonario, tampoco encuentra la felicidad porque vive frustrado y amargado por no poder alcanzar lo que otros si alcanzaron. Éste vive compitiendo, ambicionando, envidiando, codiciando, y mil cosas más. Y otro grupo, sin tener ambiciones materiales, vive amargado porque carga un tremendo peso de pecado y de maldad que los atormenta día y noche. En realidad todos los que están sin Dios viven amargados porque tienen un vacío profundo en sus almas. Aquí aparece el Décimo Mandamiento de la Ley de Dios: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.” (Éxodo 20:17).
Muertos en Vida:
El cuerpo necesita alimento sólido o material, pero nuestro “hombre interior” requiere de un alimento apropiado para él, vale decir, espiritual. Es por eso que millones de hombres, que viven sin Dios, o alejados de él, tienen una desnutrición interior que los va consumiendo hasta a muerte. Jesús llamó a este tipo de gente como: “muertos vivientes”. Aparentemente tienen alegría y gozo, pero como dice Job: “¿No sabes esto, que así fue siempre, desde que fue puesto el hombre sobre la tierra, que la alegría de los malos es breve, y el gozo del impío por un momento?” (Job 20:4,5).
En una ocasión Jesús le dijo a un hombre que le siguiera, a lo cual éste le replicó que le permitiera primero enterrar a su difunto padre. Entonces Jesús le volvió a decir: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el evangelio del reino de Dios” (Lucas 9:59,60). Sí, “muertos que entierran a sus muertos” son las mayorías de los que viven sin seguir a Jesús. Y cuando Adán y Eva vivieron separados de la gracia Divina, Dios los condenó a una “muerte en vida”, es decir, estaban vivos, pero muertos para Dios. “...porque el día que de él comiereis, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Sí, la primera pareja del Edén se convirtió en difunta viviente en lo espiritual, aunque murieron en lo físico muchos siglos más. Recuerde que Adán vivió---¡9 siglos! (Génesis 5:5).
Judas Iscariote: El Suicida que vivió Atormentado:
Judas Iscariote es un claro ejemplo de un hombre que se aparta de Dios para seguir su camino de egoísmo y de avaricia. Él había disfrutado de la preferencia de Jesucristo al nombrarlo su apóstol. Había sido testigo de las grandes maravillas que salían de los labios de Jesús, y de sus extraordinarios milagros a favor de los desposeídos y desventurados. Seguramente su vida estaba plena en Jesucristo hasta que se desvió y retrocedió en su camino de salvación y esperanza. Había dejado los intereses mundanos, pero el diablo lo tentó a volver al camino del “EGO” (del “YO”) y del egoísmo mundano. Poco a poco fue cayendo hasta que se desplomó en el pecado de la traición. Atormentado por su mal proceder, decidió poner fin a su vida colgándose de un árbol seco.
La Palabra de Dios Vivifica:
Ya lo dijo Cristo también hace dos mil años: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” (Lucas 4:4). Además Jesús dijo: “Las palabras que yo os hablo son espíritu y son vida.” (Juan 6:63). Si los hombres de mundo se dieran cuenta del valor de las palabras de Dios, no se encontrarían como muertos en vida. Y es que las Palabras de Dios, como dijo Jesús, significan espíritu y vida. Además, San Pedro dijo: “Señor, ¿a quién iremos? Tu tienes palabras de vida eterna.” (Juan 6:68). Pues bien, aquí está la fórmula para “revivir” a los “muertos vivientes”, espiritualmente hablando. Las Palabras de Dios, expresadas por Jesús, dan vida a los hombres que viven como muertos. Éstos renacen por la Palabra de Dios para una vida feliz y de gozo. Dice San Pedro: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorrupción, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23).
El Gozo de los Redimidos:
Muy pocos han prestado atención a la conversión del eunuco etíope, y del carcelero de Filipos. ¿Dónde hallaron ellos la felicidad? Vamos a ver sus historias en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En Hechos 8, Felipe, un evangelista de Cristo, se encuentra con el eunuco etíope que estaba leyendo en libro del profeta Isaías. Felipe luego le pregunta: “¿Entiendes lo que lees?” (v.30) y el eunuco le dijo que no pues no tenía quién se lo explicase. Y Felipe le explicó el pasaje, y le presentó a Jesucristo y su evangelio (v. 35). El siguiente paso es que el eunuco etíope pide ser bautizado (v.36), y Felipe le dice que si él cree de todo corazón en Jesucristo como el Hijo de Dios, bien puede ser bautizado (v.37). Y fue bautizado por Felipe (v.38). Luego el eunuco salió del agua del bautismo con mucho gozo o alegría (v.39). Aquí vemos cómo Felipe convirtió a un africano que estaba leyendo el Antiguo Testamento en Jerusalén. Este eunuco de Etiopía se fue feliz porque recibió la Palabra de Dios y la creyó de todo corazón para su salvación. Por vez primera este hombre encontró el gozo duradero en su corazón. Sus pecados fueron borrados, y por fin encontró alivio para su existencia.
El segundo caso lo tenemos en la historia del carcelero de Filipos (Hechos 16).Cuando Pablo y Silas estuvieron encarcelados en Filipos (v.19-24), Dios los sacó milagrosamente de la cárcel con un gran terremoto (v.26). Asustado el carcelero, y temiendo el castigo de sus superiores, quiso quitarse la vida (v.27). Pero Pablo y Silas se lo impidieron (v.28). Seguidamente el carcelero les pregunta: “Señores, ¿Qué debo hacer para ser salvo?”(v.30), y le responden: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (v.31). Finalmente el carcelero creyó en Jesucristo, y procedió a bautizarse con toda su familia (v.32). Luego se nos relata que el carcelero “SE REGOCIJÓ con toda su casa de haber creído a Dios.” (v.34).
Como vemos, estos dos ejemplos ilustran el hecho que el gozo viene cuando uno se ha entregado a Jesucristo para servirle. Probablemente antes este carcelero era un hombre duro y amargado como su cargo le exigía serlo, pero en su conversión el pudo sentir que su vida tenía sentido, y que no tenía que asesinarse o suicidarse para escapar de sus temores. Es claro que una vida apartada de Dios conduce a la tristeza, a la frustración, y hasta a la autoeliminación. Todos aquellos que quieren vivir sin Dios y sin leyes, pagarán un precio muy caro; pero serán muy dichosos aquellos que confían en Dios. Dice el Salmo 34:8: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; DICHOSO el hombre que confía en él”.
Lamentablemente, millones de hombres no han descubierto la verdadera felicidad, porque no han leído las Santas Escrituras. El creyente es un hombre alegre pues vive rectamente y tiene esperanza para su vida futura. Dice Proverbios 10:28: “La esperanza de los justos es ALEGRÍA; mas la esperanza de los impíos perecerá.” Por su parte, el apóstol Pablo dice algo muy interesante: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis...para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” (1 Tesalonicenses 4:13). ¿Qué está diciendo San Pablo? Él dice que los que no tienen esperanza no tienen alegría---¡están TRISTES!. Sí, la alegría sólo puede venir de Dios, pues él da a sus hijos obedientes esperanza para sus vidas. Su Espíritu Santo produce abundancia de gozo y alegría (Hechos 14:15-17). Recordemos que Dios da Su Espíritu a sus hijos únicamente (Romanos 8:14,15), y sabemos por la Escritura que uno de los frutos del Espíritu es el GOZO (Gálatas 5:22). No se puede ser realmente feliz sin el Espíritu de Dios en uno. Este es otro secreto revelado en la Biblia que millones de hombres desconocen. Y Pablo les dice a los creyentes de Roma, lo siguiente: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13). Estas palabras son muy importantes y esclarecedoras. Dios puede llenarnos de paz y gozo cuando recibimos sus promesas que dan esperanza a los creyentes sinceros. Es decir, los hombres de fe tienen gozo y esperanza que vienen como un regalo del Espíritu de Dios. Si no existiese la fe, la esperanza, y el amor, el hombre estaría en un abismo sin fin.
Ahora los creyentes tienen esperanza en este mundo de tinieblas espirituales. Saben que sus vidas tienen un propósito delineado por el mismo Dios y Padre. Saben para qué han nacido en este mundo; y que no es el azar, ni la evolución lo que los puso en este planeta, sino Dios.
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7 PODEROSAS RAZONES POR LAS CUALES CREO QUE JESUCRISTO AÚN NO REINA EN El MUNDO
Por Ing°. Mario A Olcese
Lo que los "Testigos de Jehová" y los Amilenialistas han pasado por alto
Texto clave
“ENTONCES EL ÁNGEL LE DIJO: MARÍA, NO TEMAS, PORQUE HAS HALLADO GRACIA DELANTE DE DIOS. Y AHORA, CONCEBIRÁS EN TU VIENTRE, Y DARÁS A LUZ UN HIJO, Y LLAMARÁS SU NOMBRE JESÚS. ESTE SERÁ GRANDE, Y SERÁ LLAMADO HIJO DEL ALTÍSIMO; Y EL SEÑOR DIOS LE DARÁ EL TRONO DE DAVID SU PADRE; Y REINARÁ SOBRE LA CASA DE JACOB PARA SIEMPRE, Y SU REINO NO TENDRÁ FIN” (LUCAS 1:31-33).
La mayoría de Cristianos ha oído el anuncio del ángel Gabriel acerca de la concepción milagrosa del Salvador Jesucristo en el vientre de María virgen, su madre. Pero estos cristianos no se han percatado de que el anuncio del ángel Gabriel incluía el hecho de que este Salvador se sentaría sobre el trono de David su padre, y que reinaría sobre la casa de Jacob para siempre. Sorprendentemente, son pocos los cristianos que saben esto último, y los que lo saben, no lo entienden.
También es bien sabido que Jesucristo habló de reinar en este mundo con su iglesia gloriosa y triunfante por un milenio (Apocalipsis 3:21; 5:10). Los estudiantes de la Biblia aún disputan si Cristo está ahora reinando o no del modo como estaba profetizado, o sea, en el trono de David y sobre la casa de Jacob. Ciertos cristianos afirman que Cristo ya está gobernando sobre su iglesia (=reino) desde el trono de Dios, el cual, según su interpretación, es el trono de David. Es decir: a).- Cristo es el rey, b).- El trono de Dios es el trono de David, y 3).- La iglesia es su reino.
Esta escuela de interpretación amilenaria o amilenarista no admite un milenio venidero de justicia, y tampoco un reino davídico en la tierra de Israel. En otras palabras, para los oponentes al milenarismo, Cristo ya reina milenariamente entre sus seguidores fieles y consagrados (la iglesia) desde su trono celestial (“el trono de David”). Además, para los amilenaristas, Jesús cumplió todas las profecías mesiánicas concernientes a su reinado cuando se estableció o se fundó su iglesia en Pentecostés. Se puede decir, por ejemplo, que la iglesia católica es amilenarista y contraria a la creencia del restablecimiento de un reino judío nacional en la tierra de Israel (o “casa de Jacob”). Los católicos creen que su iglesia es el reino de Cristo, y que ella ya está disfrutando de su “descanso milenario” con Cristo.
Pero los amilenaristas católicos y protestantes debieran recordar que hay muchos pasajes indiscutibles que prueban que Cristo aún no reina sobre la iglesia, y menos aún, sobre las naciones. Recordemos que el reino de Cristo involucra a todas las naciones bajo su dominio (Daniel 2:44, Salmos 72:8,11). Enseguida examinaremos 5 pasajes claves:
1.- En Mateo 25:31,34 Jesús dice: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria....entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.
Comentario: Este pasaje es claro y contundente. Aquí está diciendo Jesús mismo que él se sentará en su trono de gloria ---no para cuando resucite y sea llevado al cielo--- sino más bien para cuando él regrese al mundo por segunda vez. Si los amilenaristas afirman que Cristo ya está sentado en su trono de gloria, entonces necesariamente la segunda venida de Cristo ya se produjo hace dos mil años, en el Pentecostés; ocasión según ellos, en que se estableció o fundó el reino de Cristo.
Por cierto que de estos dos versículos se extrae la enseñanza de que la iglesia, o los benditos de Dios, heredarán el reino para esa oportunidad u ocasión. Pero, ¿creyó Pablo---el apóstol póstumo de Cristo---que Jesús ya había vuelto en el 33 E.C? Nótese que Pablo, allá por el año 65 dC, le dice a Tito que la venida de Cristo es aún la bendita esperanza de los creyentes (Tito 2:13). Esto refutaría cualquier afirmación de una segunda venida de Cristo en Pentecostés.
2.- Mateo 19:28: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
Comentario:
Este segundo pasaje tiene relación con el primero. Ambos hablan de que Cristo se sentará en su trono de gloria: El primero, en su parusía o segunda venida, y el segundo, en la regeneración. Y es que en la segunda venida de Cristo se producirá la re-generación de todas las cosas. Esto tiene relación con su reino o la toma de su trono. Y también Pedro afirma en Hechos 3:21: “A quien (Jesucristo) de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”. Aquí Pedro habla de la restauración (=regeneración) de todas las cosas. Jesús está en el cielo esperando el tiempo de la regeneración o restauración de todas las cosas. Todo se regenerará con la presencia benefactora del rey Jesucristo en la tierra. Él será el rey universal que tomará el trono de David su padre en Jerusalén, la ciudad del gran rey (Mateo 5:33-35). Véase en el diccionario la definición de la palabra restauración.
Si Cristo está ahora sentado en el trono de David, entonces eso significaría que todo ha sido ya regenerado o restaurado en la tierra. Sin embargo, vemos que en la tierra todo sigue igual o peor. Hay más corrupción, más violencia, más impiedad, más ateísmo, más indiferencia, más insensibilidad, más falta de respeto, más falta de amor, más divorcios, más abusos infantiles, más depravación sexual, mássatanismo y ocultismo, etc. Sin duda, Cristo aún no ha tomado el trono de David su padre para regenerar el mundo de hoy que aún está en caos.
3.- Apocalipsis 20:1-5: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar, y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”.
Comentario:
Este pasaje describe los sucesos previos al reinado de Cristo. Primero, el diablo y sus ángeles deben ser atados en el abismo por diez siglos. Luego Juan recibe la revelación de que Cristo y sus mártires procedieron a reinar durante ese lapso de diez siglos sin la presencia del diablo y sus demonios. Ahora bien, si decimos que Cristo ya está reinando desde que ascendió a los cielos hace dos milenios, entonces el diablo ya fue atado en el abismo para que no engañe más a las naciones. Pero, ¿creerá alguno que este mundo no está engañado por el diablo?¿De dónde se genera tanto crimen, perversión, violencia, materialismo, ateísmo, brujería, ocultismo, satanismo, etc, etc?¿No es acaso del diablo? (véase Juan 8:44). Y Juan, 60 años después de Pentecostés del 33 d.C, afirmó que el mundo entero aún yacía bajo el poder del diablo (1 Juan 5:19). Esto prueba que Cristo no pudo empezar a reinar desde el cielo después de su ascensión al Padre en Pentecostés como afirman los amilenaristas .
4.- Hechos 1:6,7: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron (a Jesús), diciendo: Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”.
Comentario:
Estos versículos son interesantes, pues hay quienes creen que Cristo ya nunca más restaurará el reino davídico en Israel, y que más bien él ya está reinando hoy desde el cielo sobre su iglesia. Si esto es verdad, Jesús llevaría dos mil años reinando, o sea, mil años más de lo profetizado. Pero Jesús jamás dijo que iría al cielo para tomar el trono de David su padre, y reinar desde los cielos. Más bien en Hechos 1:6,7 Jesús tácitamente confirma la verdad de la restauración del reino davídico en Israel por medio de darles una respuesta sugestiva en el verso 7. Nótese que Jesús no los corrigió por suponer la posibilidad de la restauración del reino a Israel. Él no dijo algo así como: “Están errados, pues nunca más le será restaurado el reino a Israel”. Lo que verdaderamente les dijo Jesús es que ellos no deben estar averiguando el tiempo exacto para esa tan anhelada y justa esperanza mesiánica.
Estos versículos de Hechos de los apóstoles confirman que Cristo vendrá a restaurar el trono de David su padre a fin de retomar su trono y cetro prometidos. Eso ya lo había él expresado en Mateo 25:31,34 y Mateo 19:28.
Pero hay aún cristianos que creen que la pregunta de los discípulos en Hechos 1:6 fue producto de su ignorancia y mal entendimiento del reino de Dios. Pero como dije antes, Jesús no los reprendió o corrigió por ese supuesto "mal entendido". Y además, resulta extraño que todos los discípulos, al parecer, hayan preguntado lo mismo. ¿Fueron todos “torpes”? Imposible!
5.- Apocalipsis 11:15-18: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos... diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones...”.
Comentario:
Nótese que el séptimo ángel anuncia el reinado de Jesucristo, el cual hace que los reinos de este mundo sean suyos, y estén bajo su dominio. Pero las naciones no se van a quedar con los brazos cruzados esperando ser dominadas por el Mesías. Ellas se airarán por causa del establecimiento del reino mesiánico y opondrán resistencia feroz pero finalmente serán neutralizadas y sometidas. ¿Se puede decir que esto ya ha ocurrido en la tierra?¿Se puede decir que las naciones se han airado por el supuesto establecimiento del reino de Cristo en la tierra? ¡No! La iglesia, salvo excepciones, vive en una muy relativa paz. Incluso en Rusia hay mayor apertura a la religión cristiana y los feligreses pueden reunirse sin temor a ser perseguidos como ocurría bajo el marxismo.
También es interesante notar que el reino de Cristo se hará evidente cuando se hayan cumplido las otras seis trompetas precedentes que anuncian: granizo y fuego mezclados con sangre en la tierra que quemó a la tercera parte de la hierba verde, y también la tercera parte del mar se convirtió en sangre, muriendo la tercera parte de los seres marítimos, y la tercera parte de los buques. El tercer ángel anuncia la destrucción de la tercera parte de los ríos y fuentes de agua, ocasionando la muerte de mucha gente. La cuarta trompeta anuncia la herida de la tercera parte del sol, la luna y las estrellas, para reducir la luz del día en un tercio. El quinto ángel trompetero anuncia una plaga de langostas con poder de escorpiones para herir a los impíos. El sexto ángel trompetero anuncia la muerte de la tercera parte de los hombres por fuego, humo y azufre. Y el séptimo ángel, como dijimos, anuncia el establecimiento del reino de Cristo y su dominio mundial. ¿Acaso los amilenaristas pueden decirnos que todas las seis trompetas ya se han cumplido antes del supuesto establecimiento del reino de Cristo hace dos milenios?
6.- Salmos 72:7,8: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna, dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra”.
Comentario: Aquí hay una profecía concerniente al reinado de Cristo. Se anuncia que florecerá en su reinado la justicia y la muchedumbre de paz hasta que no haya luna, y que dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Pero es difícil que esta predicción ya se haya cumplido, pues no hay ni justicia ni paz en el mundo entero. Aún la China, un país que alberga el 20% de la población mundial, no conoce a Cristo, salvo unos pocos millones. Se sabe que sólo un 0.5% de los chinos ha oído el evangelio del reino debido a las restricciones imperantes. Obviamente Cristo no “reina” en China aún. Y si no reina en China, y en los países Islámicos y Budistas, ¿cómo es que hay cristianos que piensan que Jesús ya reina en el mundo entero?
Pero ¿por qué no hay paz y justicia en el mundo? Sencillamente porque Cristo aún no ha tomado el trono de David su padre en Jerusalén, la capital de Israel. Sólo cuando él regrese glorioso y poderoso desde los cielos se hará realidad la transformación de la sociedad humana. Eso ya lo dijo San Pedro en Hechos 3:19-21, y el mismo Señor Jesús en Mateo 25:31,34.
7.- 2 Samuel 23:3: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel; habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios”.
Comentario:
Esta es una profecía mesiánica que predice el gobierno de un justo ENTRE los hombres. Nótese que la predicción no dice que un justo reinará sobre los hombres, o desde las alturas, o desde los cielos. Lo que dice claramente es que un justo gobernará entre los hombres, lo que implica que su trono de gobierno se localizará en la tierra.
Los amilenaristas nos deben una explicación, pues ellos insisten en que el trono de David está en el cielo, y no en Jerusalén. Además, la interpretación amilenarista tuerce la promesa de un reino davídico restaurado al llevarlo a una esfera cósmica o extramundana.
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¡JESÚS JAMÁS PROMETIÓ
EL CIELO A SU IGLESIA!
Por Ing°. Mario A Olcese
¿Y QUÉ HAY ENTONCES DE LOS TEXTOS
BÍBLICOS QUE NOS ”PROBARÍAN”
QUE VIVIREMOS EN EL CIELO?
Pregunta # 1:
¿Acaso no prometió Jesús a sus seguidores el cielo en Juan 14:1-3?
Respuesta:
Jesús jamás prometió a sus seguidores darles un lugar en el cielo como morada permanente. Tampoco ninguno de sus apóstoles creyó que iría al cielo para estar con Dios y Jesús. Fue el filósofo Griego Platón el que sentó las bases de un alma inmortal que parte de este mundo después de la muerte. Su filosofía fue mezclada con el pensamiento Hebreo y nació el gnosticismo. Esta secta gnóstica, muy en boga en los tiempos de Jesús, amenazó a la sana doctrina predicada por Jesús y sus apóstoles. Los apóstoles, y en especial Pablo y Juan, advirtieron a las iglesias cristianas en contra de esa secta. Pablo llamó a los gnósticos: “La falsamente llamada ciencia” (“gnosis”)(1 Timoteo 6:20). Los gnósticos decían que la materia era mala y pecaminosa, y que Cristo no era humano sino que tenía apariencia de hombre. Creían que existía un plano superior (el “Pleroma”, especie de cielo gnóstico) donde vivían los AEONES (espíritus puros superiores, entre los cuales estaba Cristo antes de venir al mundo). Los gnósticos creían que ellos tenían el conocimiento verdadero para lograr partir a ese plano o dimensión de los espíritus con el alma inmortal. ¿No se parece esto mucho al pensamiento “cristiano” sobre una existencia en el cielo con Dios, Cristo, y sus ángeles después de esta vida, a través de nuestras “almas inmortales”? Es muy probable que muchísimos cristianos sean realmente cristianos gnósticos en este punto.
También Pablo advirtió, que después de su “partida”, entrarían en el rebaño del Señor falsos maestros que buscarían ganarse el rebaño con palabras pervertidas (Hechos 20:29,30). Y así fue. Con el correr del tiempo, la iglesia se corrompe con sus propios malos obispos que se levantan con sus herejías destructoras. En el siglo IV aparece el obispo “San Agustín de Hipona”, el Padre y Teólogo del catolicismo. Éste distorsiona radicalmente el verdadero significado del reino bíblico al decir, por vez primera, en su obra “La Ciudad de Dios”, que el reino era la iglesia católica Romana. Parece ser que los “amilenialistas católicos”, y “campbelitas amilenialistas” no han logrado sacudirse del todo de los errores de Agustín de Hipona.
Algunos dirán: “Bueno, ¿no dice Jesús que “los pobres en espíritu es el reino de los cielos”? (Mateo 5:3). Pero tomemos nota que el Señor NO dice que de los pobres en espíritu es el reino EN (sino “DE”) los cielos”. De modo que lo que Cristo ofreció a los pobres en espíritu era un reino que tiene su origen en Dios, y no en los hombres. Viene de Dios como un don o regalo para los hombres.
Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3 de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente dijo el Señor Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.”
Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a pensar en esta última frase “para que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”. En las más importantes versiones de la Biblia Inglesa se vierte este pasaje como “WHERE I AM” en tiempo siempre presente (“donde yo estoy”). Esta frase es sumamente importante y clave para entender los versos en cuestión. Jesús está ofreciendo un lugar a sus discípulos “en la casa de su Padre”. Luego nos dice que él nos tomará para que estemos con él en el lugar donde ÉL ESTÁ en el momento de pronunciar la promesa. Y, ¿dónde estaba Jesús cuando pronunció esa promesa? ¿En el cielo? ¿En Marte? No! Él estaba aún en LA TIERRA, y más exactamente, EN JERUSALÉN. Recuerde que Jesús todavía no había ascendido al cielo, y aún no había ni siquiera resucitado. Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles a sus seguidores volver a la tierra para estar con ellos en el lugar donde proclamó su promesa, es decir: ¡En Jerusalén!
Muchos cristianos creen que Jesús nos “llevará al cielo” para darnos nuestro “lugar” en la casa del Padre. Pero Jesús nunca habló de llevarnos al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO leerá, ni siquiera una vez, de que iremos al cielo para recibir nuestro “lugar” una vez que esté preparado por Jesús. Lo que Jesús dijo era que prepararía nuestro lugar en la casa de su Padre y que luego volvería para estar con nosotros. Lo que NO dijo era CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos nuestro lugar en la casa del Padre. Él sólo está ahora ocupado PREPARANDO nuestras moradas, pero NO nos dice cuándo entraremos en ellas. En Apocalipsis 21 se revela que la “ciudad santa” bajará del cielo después del milenio. La ciudad santa de Apocalipsis 21 es descrita por Ezequiel como un edificio (40:2), y como una casa en 2 Corintios 5:1,2. Esta ciudad o casa canta bajará del cielo, y “Dios estará con los hombres” (Apocalipsis 21:3). Sólo los salvos entrarán en ella para tomar sus lugares o moradas (Apocalipsis 21:27). También leer Hebreos 11:9,10 donde se nos dice claramente que Abraham (el padre de la fe) “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y en Hebreos 13:14 Pablo dice: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR.”
Pregunta #2:
¿No dice Pedro, en 2 Pedro 3:10-13, que esta tierra será destruida por fuego? Si este es el caso: ¿No es lógico concluir que escaparemos al cielo?.
Respuesta:
Es cierto que Pedro habla de la “destrucción de la tierra por fuego”, de la misma manera que Dios dijo de la tierra de la época de Noé. En Génesis 6:13 leemos algo interesante: “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré CON LA TIERRA.” Nótese que Dios iba a destruir a todo hombre y animal...¡y la tierra misma! Pero: ¿Llegó Dios a destruir a los hombres impíos de entonces junto con el planeta tierra? Por cierto que no. La tierra sigue siendo la misma desde su creación. En realidad es una forma superlativa de hablar de Dios indicando la severidad de su castigo.
En 2 Pedro 3:10-13 leemos: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y LA TIERRA Y LAS OBRAS QUE EN ELLA HAY SERÁN QUEMADAS.” ¿No son semejantes Génesis 6:13 y 2 Pedro 3:10-13? Si la primera tierra PRE-diluviana no fue literalmente destruida, ¿porqué tendría que serla ésta? Es claro que lo dicho por Dios ha de entenderse como la severidad y firmeza de su castigo, la erradicación del mal, de los malos, y de sus obras (casas de juego y de citas, bares, fábricas de cigarrillos y de cerveza, fábricas de armas y bombas, etc). En el verso 13 se habla de “nuevos cielos y nueva tierra” Esta forma de dicción no es rara en la Biblia, pues también encontramos la expresión “nueva criatura” en 2 Corintios 5:17, aunque persistan aún los viejos defectos (miopía, cojera, cicatrices, etc). En Efesios 4:24 encontramos la expresión “nuevo hombre” (pero sólo en lo moral y espiritual). En Romanos 6:4 encontramos la frase “nueva vida” (pero siempre en el sentido moral y espiritual).
Y Para terminar diré que 2 Pedro 3:13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos (18-25) que: “traigo a Jerusalén alegría...y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo Jerusalén como una ciudad de gozo y alegría, en contraste con la actual Jerusalén agitada y convulsionada por los conflictos internos y externos.
Pregunta #3:
¿Acaso no dice la Biblia que Cristo vendrá para entregar su reino al Padre según 1 Corintios 15:24?
Respuesta:
Cristo entregará su reino al Padre, pero: ¿Cuándo? Esta es una pregunta importante. Lo que la Biblia sí dice verdaderamente es que Jesús, al volver a la tierra, dará su reino a sus discípulos (no ha Dios)(Mateo 25:31,34; Daniel 7:13-18). Sí, la iglesia, compuesta por judíos y gentiles fieles, recibirá el reino de Cristo al volver él al mundo otra vez. Esta es la verdad bíblica. No obstante, será después que Cristo haya reinado por mil años que él devolverá el reino al Padre; cuando haya puesto a sus enemigos por estrado de sus pies, incluyendo LA MUERTE misma (Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25). Y, ¿Cuándo será vencida la muerte?¿En la segunda venida de Cristo? ¡No! Según la Biblia ella será destruida al finalizar el milenio de Cristo. La respuesta está en Apocalipsis 21:4. Esto significa que Cristo no va a devolver el reino al Padre inmediatamente después de volver a la tierra, sino después de los mil años de su reinado. Mientras tanto, Jesucristo estará reinando sobre sus enemigos (Salmo 110:1-5), siendo el último destruido: La muerte.
Otra de las pruebas bíblicas que señalan claramente que la muerte reinará hasta el final del milenio es que “los otros muertos no llegaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.” (Apocalipsis 20.5). Habrá muertos al final de los mil años del reinado de Cristo. La muerte imperará en la tierra hasta el final de esa fecha memorable que es llamada: “Milenio” (Apocalipsis 20:14). Después del milenio bajará “La Nueva Jerusalén” y acabará el imperio de la muerte (Apocalipsis 21:4; 20:14). También en este periodo el diablo será castigado definitivamente con la muerte. Y además, la muerte y el Hades serán arrojados al lago de fuego junto con el diablo y sus ángeles. Todo esto ocurre al final del milenio o del reino de Cristo. Los hermanos amilenialistas debieran reflexionar mejor sobre este pasaje antes de sacar conclusiones inexactas. Recordemos que “un texto sin el contexto es un pretexto”. Ir más allá de lo que está escrito es peligroso.
Pregunta #4:
¿No dice Pablo que nuestro destino son “los lugares celestiales” en Efesios 2:6?
Respuesta:
Tomemos nota que pablo habla de “los lugares celestiales” en Efesios 2:6. Y, ¿dónde están esos “lugares celestiales”? La respuesta, creo, la da Jesús en Juan 14:2,3---¡En la casa de Su Padre! Por tanto, los “lugares celestiales” tienen que ver con las “muchas moradas” de dicha casa, en donde Jesús se ha ido a preparárnoslas. Sin embargo, Pablo NO dice que iremos al cielo para ingresar a nuestras “moradas celestiales”.
Pongamos un ejemplo un poco fantástico. Si una nave marciana bajara a la tierra, y yo fuera invitado por la tripulación marciana a ingresar a ella para ver su interior, pregunto: ¿No estaría yo en un “lugar marciano” en la misma tierra? Y si viera yo en su interior sus compartimentos, pregunto nuevamente: ¿No serían esos compartimentos “lugares o compartimientos marcianos” en la tierra?
De igual modo, cuando baje la casa celestial a la tierra, con todas sus moradas o lugares, los que ingresen a ella estarán ingresando a sus lugares o moradas celestiales---¡en la tierra!. Algo celestial o “extraterrestre” se posará en la nueva tierra, y sus interiores o moradas seguirán siendo celestiales aunque estén en la tierra. Sí, en la nueva tierra entraremos a los “lugares celestiales” de la casa de Dios.
Pregunta #5:
¿No dice claramente San Pedro que tenemos RESERVADA nosotros una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible EN LOS CIELOS? (Ver 1 Pedro 1:4)
Respuesta:
Nuevamente tampoco Pedro está diciendo que subiremos al cielo para recibir nuestra herencia que está RESERVADA allí. Sencillamente está reservada en los cielos. Si por ejemplo decimos que el dinero del pago de los trabajadores está reservado en la bóveda del banco, ¿significa eso que los trabajadores tendrán que ingresar a la bóveda del banco para que se les pague? No necesariamente. Lo usual es que el cajero retire el dinero de dicha bóveda y proceda a pagar a los trabajadores en la oficina del personal. De igual manera, cuando Jesús vuelva a retribuir a sus siervos, él retirará nuestra herencia de los cielos y la traerá a la tierra. (Leer 1 Pedro 5:4; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12).
El sabio rey Salomón dijo sobre este asunto, así: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra...” (Proverbios 11:31). En otra parte Salomón dice también: “El justo no será removido jamás (de la tierra)...” (Proverbios 10:30). Estos textos contradicen la enseñanza que dice que los salvos serán retribuidos en el cielo cuando mueran.
Pregunta #6:
¿No prometió el Señor Jesús que nos arrebataría con él mismo al cielo, en 1 Tesalonicenses 4:17?
Respuesta:
El apóstol Pablo no está diciendo tampoco en este texto, que seremos arrebatados al tercer cielo, sino EN LAS NUBES. No está hablando de que seremos arrebatados al cielo, sino “EN LAS NUBES PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, y así estaremos siempre con el Señor.” Para nada se hace mención del cielo en este versículo, ni se nos promete estar con Cristo en el cielo. Pablo está hablando de que seremos “arrebatados en las nubes” y de “recibir al Señor en el aire”---¿Para qué?¿Acaso para que Jesucristo nos reciba y nos lleve con él al cielo? ¡No! Pablo es claro al decir que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL EN EL AIRE cuando regrese a la tierra (¡no al revés!). ¿Qué importancia tiene este detalle? Veamos el pasaje y analicemos su contenido.
Si la iglesia recibirá al Señor en el aire es para acompañar a Jesús en su descenso a la tierra, ¡no al revés! Por ejemplo, si el presidente del Perú sale a recibir en palacio al Presidente de los Estados Unidos, ¿se irá el Presidente del Perú con el presidente Estadounidense a la Casa Blanca para la entrevista? Otro ejemplo: Si mi amigo viene a visitarme desde los Estados Unidos, y yo salgo a recibirle en el aeropuerto limeño, pregunto: ¿Me iré con él a su casa en los Estados Unidos, subiendo inmediatamente en el avión que lo trajo a Lima? ¡Claro que no! Si yo lo recibo es para traerlo a mi casa o a un hotel, y disfrutar de su compañía durante su estancia en mi país. Igual ocurrirá con la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en las nubes de nuestra atmósfera. Nosotros saldremos a RECIBIRLE en las nubes para acompañarlo en su descenso a nuestro planeta. Entonces Jesús será escoltado por su gloriosa iglesia hasta el lugar donde se localizará su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN (Mateo 5.33-35; Jeremías 3:17; Zacarías 14:4).
Pregunta #7:
En Juan 13:36 Jesús le dice a Pedro que él no le podía seguir al lugar a donde iba, pero que le seguiría después. ¿No le estaba prometiendo Jesús---el tercer cielo----a Pedro para después de su muerte?.
Respuesta:
Jesús no le estaba prometiendo a Pedro el cielo para después de su muerte. Lo que verdaderamente Jesús estaba diciendo era que estaba muy próximo su sacrificio en la cruz del Calvario, y que después Pedro le seguiría en su martirio. Lo que Jesús estaba profetizando para Pedro era su muerte en el martirio en un futuro no muy lejano. Según el verso 37, parece que Pedro le entendió perfectamente a Jesús, y le responde: “...Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? MI VIDA PONDRÉ POR TI.” Precisamente años más tarde Pedro moriría en el martirio, crucificado de cabeza en una cruz.
Pregunta #8:
¿No dijo el apóstol Pedro que Dios lo preservaría para su reino celestial? ¿No creyó Pablo que había un reino en el cielo (2 Timoteo 4:18)?
Respuesta:
En este pasaje Pablo NO dice que iría al cielo para entrar en el “reino celestial”. Lo que Pablo creía era que Dios lo preservaría o guardaría para su reino DE los cielos (“celestial”). Él NO dijo que Dios lo preservaría para su reino EN los cielos en ningún momento, sino para un reino de “inspiración celestial”, o de “origen celestial”.
En Hebreos 11:14-16 Pablo habla de una “patria celestial”, la cual, según el verso 16, es UNA CIUDAD. En Hebreos 11:14 el apóstol sigue diciendo que esta ciudad o “patria celestial” está por venir o por descender según Apocalipsis 21:2,3. Sí, la ciudad o “patria celestial” estará ¡en la tierra!.
En Lucas 2:8-13 vemos que a los pastores del campo se les aparece un ángel del Señor que les anuncia que ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. Y el versículo 13 nos dice que repentinamente apareció con aquel ángel una multitud de las “huestes celestiales” que alaban al Señor, y decían: “Gloria en las alturas...” Aquí vemos nuevamente a “huestes celestiales”---¡en la tierra!
En conclusión, cuando la Biblia nos dice que heredaremos “el reino celestial”, ello no quiere decir que iremos al cielo para entrar en él. Ya hemos visto como “cosas y seres “celestiales” estuvieron aquí, en la tierra. ¿Acaso no puede bajar “el reino celestial” a la tierra así como lo hicieron “el pan celestial (Jesucristo)”, y “las huestes celestiales”? ¡Claro que sí! Ah, un ejemplo más. Después de resucitar de la tumba, Jesús recibió un “cuerpo celestial” (Leer 1 Corintios 15:40,49). Con ese “cuerpo celestial” nuestro Señor estuvo en la tierra por 40 días (Hechos 1:3).
Pregunta #9:
¿No dijo acaso el apóstol San Pablo que nuestra CIUDADANÍA ESTÁ EN LOS CIELOS (Filipenses 3:20)?¿No significa entonces que viviremos en el cielo?
Respuesta:
La palabra “CIUDADANÍA” usada por Pablo, se relaciona con la palabra CIUDAD(anía). En la Santa Biblia aparece claramente una “CIUDAD CELESTIAL” (o “PATRIA CELESTIAL”) que estará en la tierra (Apocalipsis 21:2,3). También se nos informa que entraremos a ella, una vez que se establezca en la “nueva tierra”. Pablo sostiene que la ciudad está POR VENIR (Hebreos 13:14). También Pablo sostiene que el fiel Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:8-10).Mientras tanto, “nuestra ciudadanía está en los cielos” hasta que venga a nosotros a la tierra. En tanto que nuestra “ciudad” o “patria” permanezca en los cielos, podremos decir que nuestra ciudadanía seguirá estando en los cielos.
Pregunta #10:
¿En que parte de la Biblia dice que Cristo va a pisar este mismo planeta nuevamente?
Respuesta:
En Hechos 1:11 los ángeles les dicen a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.
Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión de Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).
Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real...¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.
En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).
En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”
Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!
En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).
Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN...” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13). Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”
Pregunta # 11:
Más sobre la verdadera esperanza cristiana en el link "El Reino" de:
www.elevangeliodelreino.org
LA CRUCIAL ÚLTIMA PREGUNTA QUE LE HICIERON A JESÚS SUS DISCÍPULOS
Por Ing° Mario A Olcese
Es interesante lo que los discípulos le preguntaron a su Maestro poco antes de su ascenso al Padre, pues---¡fue la última pregunta que le hicieron! Y es que la mayoría de estudiantes bíblicos no comprenden que esta última pregunta encierra toda la esperanza apostólica y cristiana. Por tanto, es muy importante destacarla y entenderla para ser auténticos discípulos de Cristo.
La última pregunta de los discípulos se halla en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 y verso 6, y que dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”. Nótese que los discípulos que se habían reunido le preguntaron LO MISMO, al UNÍSONO: “Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”. Y, ¿por qué le preguntaron eso exactamente? La razón se encuentra en el verso 3, donde dice: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó (Jesús) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles ( a sus discípulos) durante cuarenta días y HABLÁNDOLES ACERCA EL REINO DE DIOS” (el evangelio).
Jesús había resucitado, y por cuarenta días (mes y medio aproximadamente) se les había estado apareciendo a sus seguidores, para hablarles más sobre el REINO DE DIOS. Sí, durante ese periodo de tiempo, Jesús aleccionaba a sus discípulos sobre el tema del Reino de Dios, y de este punto no se movió para nada durante ese mes y medio. De modo que este asunto del Reino de Dios fue algo crucial e importantísimo para Jesús, pues lo motivó a hablarlo durante sus días finales en esta tierra. Debemos entonces tomar conciencia de lo crucial de este tema del Reino de Dios, ya que si no lo comprendemos en su real dimensión, no captaremos la entera misión de Jesucristo como Salvador, Señor, y Mesías. Recuerde que él mismo confesó: “...es necesario que también a otras ciudades anuncie EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO” (Lucas 4:43). Entonces está claro que Jesús comenzó (Marcos 1:1,14,15) y finalizó (Hechos 1:3) su ministerio hablando sobre el evangelio del Reino de Dios. ¡Esta fue la verdadera razón por la cual Su Padre lo envió a este mundo hace dos milenios! Ahora es menester que entendamos qué es ese Reino de Dios en su real dimensión.
La Pregunta Oportuna de los Discípulos
Hemos visto que la pregunta de los discípulos se produjo justamente porque Jesús se la había pasado hablando con ellos sobre la restauración del Reino de Dios a los ISRAELITAS, durante su seminario intensivo de cuarenta días. Seguramente que el tema de ese seminario debió titularse: “El Evangelio de la Restauración del Reino De David a Israel”, Lo interesante e importante es que finalmente los discípulos le hicieron una pregunta oportuna y muy sugestiva a su Maestro, la cual encerraba y resumía toda la misión de Jesús en la tierra. Para entender lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios, debemos fijarnos en el contenido de la pregunta que le hicieron todos los discípulos reunidos en ese seminario intensivo de cuarenta días. Obviamente aquella última pregunta de los discípulos encerraba todo lo enseñado por Jesús sobre su reino venidero en la tierra, y que involucraba e incumbía a los ISRAELITAS. Ahora bien, dicha pregunta NO fue---como sostienen algunos--- inoportuna, torpe, aislada, y errada de un discípulo lento en entendimiento---¡Fue, más bien, la pregunta de TODOS los discípulos al unísono! Entonces: ¿fueron todos los discípulos torpes para no entender lo enseñado por Jesús durante esos cuarenta días?¿Fue acaso Jesús un pésimo Maestro? ¡No lo creo! Jesús no hablaba oscuramente a sus seguidores, sino sólo a sus detractores (Marcos 4:11.12).
Pues bien, si ellos--- como discípulos--- pudieron entender el tema del Reino de Dios, es obvio que usted---como discípulo de Jesús---puede igualmente entenderlo si dispone su mente y corazón, y extirpa sus prejuicios o ideas preconcebidas que sobre este tema ha recibido de personas indoctas.
¿Qué es el Reino de Dios Exactamente?
El tema central de Cristo fue, sin duda alguna, las buenas nuevas (=evangelio) del Reino de Dios (Lucas 4:43). Como vimos, Jesús comenzó y finalizó su ministerio hablando precisamente de ese reino que se restablecería en la tierra prometida, en ocasión de su segunda venida. Sus discípulos igualmente difundieron este mismísimo evangelio del Reino de Dios por todos lados a donde iban (Lucas 9:1,2).
El Reino de Dios se inaugura en el Antiguo Testamento cuando los israelitas le pidieron a Samuel que constituyera en Israel un rey y un reino como las demás naciones alrededor de ellos. En 1 Samuel 8:5 leemos: “Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones”.
El reino hebreo comenzó con Saúl, quien vino a ser un hombre rebelde o desobediente a los ojos de Dios. Finalmente este rey fue destituido y reemplazado por un pastor de ovejas llamado David. Con David Dios hace un pacto solemne que decía: “...Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:16). Además le prometió Dios: “Para que conforme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará varón en el trono de Israel” (1 Reyes 2:4).
El último rey que tuvo la dinastía del rey David fue Sedequías, quien en 586 AC fue destituido del trono de David a manos de Nabuconodosor, rey de Babilonia. Desde esa fecha Israel se quedó temporalmente sin rey y sin reino debido la infidelidad de muchos de sus reyes. Pero en Ezequiel 21:25-27 veremos que el reino sería finalmente estable eternamente con un príncipe o varón Judío, quien sería justo y recto. Este príncipe aparecería todavía en el futuro, pero cuando lo hiciera, traería---por fin--- la justicia y la paz verdaderas al mundo. Sí, Ezequiel, el profeta, anunció que por muchos días Israel estaría sin un rey y reino, hasta que “viniera aquel cuyo es el derecho y a él se lo daría Dios”.
Jesucristo es aquel personaje que tiene el derecho de heredar el reino davídico, puesto que él es el descendiente directo del rey David (Mateo 1:1). Por eso, cuando él vino a la tierra, confesó que había nacido para ser rey. Así se lo manifestó a Pilatos mismo cuando era juzgado por él (Juan 18:37).
Ahora entendemos porqué los discípulos le preguntaron a Jesús si en verdad él iba a restaurar el reino inmediatamente a Israel. Ellos sabían, por los pactos y promesas revelados a los profetas, y a los padres, que un Ungido---el Cristo---reanudaría el reino suspendido de David en Israel. Ellos estaban seguros que Israel sería una monarquía nuevamente, con un rey poderoso y glorioso---¡y lo creyeron inminente!
Dios No ha Rechazado a Su Pueblo Ni a Su Tierra
Millones de Cristianos suponen que el Reino de Dios no es otra cosa que “el reinado de Cristo en nuestros corazones”. Suponen, estos “Cristianos”, que Israel perdió el favor de Dios, y por tanto Dios ya no trata más con su pueblo de antaño porque suponen que “mataron a su Mesías”. Por tanto, los tales llamados “cristianos” enseñan ahora que el reino de Dios es uno de naturaleza “espiritual”, implantado en “el corazón de los hombres”. Otros “cristianos” sostienen que el reino prometido por Cristo es “su iglesia”. Estas ideas preconcebidas son falacias que deben ser extirpadas de nuestras mentes, pues Pablo fue claro cuando dijo que Dios no ha desechado a Israel al cual desde antes conoció: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera, porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo (Israel), al cual desde antes conoció...” (Romanos 11:1,2).
Estamos viendo que Pablo afirma que Dios NO ha desechado a Su pueblo Israel al cual desde antes conoció. Esta enseñanza paulina desecha la idea preconcebida de que los Judíos han sido desechados para siempre por Dios “porque supuestamente mataron a su Mesías”. ¿Acaso los apóstoles Judíos mataron a Su Mesías? ¡Absurdo! ¿Acaso no fue la primera iglesia, Judía?
También el apóstol Pablo, como Judío creyente, dice: “Que son israelitas, de los cuales SON la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). Nótese que San Pablo dice que de los israelitas SON (no “ERAN”)---entre otras cosas---las promesas. Las promesas que Dios les hizo a los padres (Abraham, Isaac, Jacob, y David), son para los israelitas primeramente, y luego también para los no israelitas convertidos (Gálatas 3:16,29). Entre las promesas que Dios hizo a los padres están la posesión de una “tierra prometida” (Génesis 12:1,2; 13:15, 15:18), y la perpetuidad del Reino de David ---llamado igualmente: “El Reino de Dios” (ver 1 Crónicas 28:5)---Ver también: Salmo 132:11, y 2 Samuel 7:12,13. En estos versículos Ud. verá que Dios prometió perpetuar el trono de David, o también llamado: “El Reino de Dios”. Dios le dice a David esto:”Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Él me clamará: Mi padres eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación” “Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí” (Salmo 89:4,26-30,35,36). En otras palabras, Dios le prometió A David que su reino se extendería hacia el futuro, y que sería para el beneficio de todas las naciones de la tierra, Además, Dios le dijo a él que tendría un descendiente justo que se convertiría en rey, y que sería el Hijo de Dios predilecto, obediente, sabio, y perfecto (véase Hechos 2:29,30; Isaías 9:6,7). Por esta razón David habló de su descendiente, así: “Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Será su nombre para siempre. Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones” (Salmo 72:11,17). Es por eso que la última pregunta de los discípulos concuerda perfectamente con esta promesa divina de un Reino de Dios restaurado en Israel. ¿Acaso no Recordamos que David reinó sobre Israel por cuarenta años, siendo su capital final, Jerusalén?¿acaso no recordamos que Jesús mismo afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad capital del “gran rey” venidero? (Mateo 5:33-35). Este es precisamente el Reino que Cristo predicó y prometió restaurar. Ahora los discípulos, viendo que Jesús se iría en breve al cielo, le preguntaron si ya era inminente el establecimiento del reino davídico en Israel, pues él lo había estado predicando, anunciando, y también confirmando, por más de tres años y medio (Lucas 8:1; Romanos 15:8).
El Tiempo de la Restauración Sólo lo Sabe el Padre
La pregunta de los discípulos a Jesús era obviamente justa, correcta, e inevitable, pues estaban finalmente muy interesados en saber el tiempo exacto para la cristalización de la prometida restauración del reino del padre David. En una ocasión anterior---recordemos--- cuando Jesús estaba por entrar en Jerusalén ---la capital del Reino Davídico--- los discípulos pensaron que el Reino prometido sería inmediatamente restaurado con Cristo a la cabeza (Marcos 11:10). En Lucas 19:11 vemos que Jesús se ve precisado a pronunciar una Parábola, con el propósito de hacerles entender que aún no era el tiempo señalado para la tan anhelada restauración del reino davídico. Explicó en su “Parábola de Las Diez Minas” que “un hombre noble”---él mismo---tenía que ir primero al cielo para recibir la corona de Rey y el reino, y luego volver para tomar su trono en la tierra (v.12). Pero ahora, estando él ya próximo para regresar al cielo, sus discípulos le preguntaron finalmente si su reino se establecería próximamente en Israel o todavía no. Entonces Jesús sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan anhelada restauración del reino a los israelitas, sólo lo sabe Dios Hechos 1:7). Sin embargo, recordemos que ya antes Jesús había afirmado que “de aquel día y la hora” de su regreso como Rey, nadie lo sabía, ni él ni los ángeles del cielo, sino sólo Su Padre (Marcos 13:32).
Aquí vemos nuevamente que Cristo NO reprende a sus discípulos por aquella inevitable pregunta, diciéndoles algo así como: “Están errados, pues ya nunca más será restaurado el Reino a Israel debido a que me rechazaron mis paisanos”. NO!--- Él no les dice eso, ni nada parecido. Simplemente les dice que sólo Dios sabe el tiempo exacto para la tan anhela restauración del reino a Israel. Es decir, Jesús valida la pregunta como correcta y oportuna, pero afirma no saber el tiempo exacto para dicho evento glorioso. Es, pues, más que evidente que durante esos cuarenta días que duró el seminario intensivo de Cristo, él se la pasó explicándoles a sus discípulos acerca de cómo sería su reino milenario en Israel, y qué benéficos le traería al mundo entero.
¿Es el Reino sólo para los Judíos?
En Lucas 12:32 Jesús se dirige a sus discípulos como su “manada pequeña”, y a éstos les ofrece su reino. Les dice textualmente así: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino”. Aquí Jesús les habla a Judíos que son sus seguidores. Esta promesa es dada esencialmente a los que le siguen, a los que le sirven y creen, aunque es verdad que éstos eran Judíos de raza. ¿Es entonces el reino para los Judíos de raza únicamente? ¿Qué hay de nosotros, que somos creyentes, y no somos Judíos? ¿Hace Dios distinción entre los creyentes en función a sus razas?¿Heredan los creyentes gentiles (no Judíos) el cielo, mientras que los creyentes Judíos se quedan en la tierra para heredar y restaurar el reino de David? Hay iglesias cristianas que dicen que el reino de David--- en Israel--- será sólo para los Judíos conversos y no para los creyentes gentiles. ¿Qué dice la Biblia al respecto?
En primer lugar leamos lo que dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice a sus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros (Creyentes Gálatas gentiles) sois de Cristo (cristianos), ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” . En los versos anteriores (7,9,14) leemos: “Sabed, por tanto, que los que son de fe (no Judíos de raza necesariamente), éstos son hijos de Abraham...de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham...para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles...”. También es interesante lo que dice Pablo a los creyentes de Efeso (gentiles), lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos (a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación...porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:11-14,18,19). “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Efesios 3:6).
Entonces la promesa del Reino de Dios recae también sobre todos aquellos creyentes gentiles (no Judíos) que han creído en Cristo. Peruanos, Argentinos, Bolivianos, Canadienses, Italianos, Franceses, Ingleses, Senegaleses, Congoleses, Tibetanos, chinos, Coreanos, Japoneses, etc, pueden heredar el reino de David si creen en Cristo. Dios no hace acepción de personas, pues dice Pablo: ”Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11),
Jesucristo Volverá Para Restaurar el Reino de David en
Israel
El Apóstol Pedro dijo: “y él (Dios) envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado: a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20,21). Compárese esta palabra “restauración” con la de la última pregunta de los discípulos en Hechos 1:3. Es claro, entonces, que el reino israelita lo restaurará Jesucristo cuando regrese por segunda vez al mundo. Así lo afirmó Jesús mismo cuando dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él entonces se sentará en su trono de gloria...entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:31,34). Aquí es importante la segunda venida de Cristo como Rey, ya que ello significará la transformación física de los herederos del reino, pues como Pablo había dicho correctamente: “Pero esto digo, hermanos, que la carne y la sangre (los mortales) no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, En un momento, en un abrir y cerrar de ojos; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:50-52). Entonces, cuando los cristianos logren o ganen su transformación física, recién entonces podrán ver y entrar en el reino glorioso de Cristo---¡No antes! La iglesia de Jesucristo está llamada a participar del reino de Dios (Santiago 2:5), pero debe antes crecer en el conocimiento de Dios y de Cristo (Juan 17:3) y en los atributos cristianas (2 Pedro 1.5-11). Hoy los incrédulos y los pecadores pueden ver y entrar en la iglesia de Señor sin ser bautizados o convertidos, pero para ver y entrar en el reino de Dios, hay que ser hombres “perfectos”, hombres de Dios, probos, santos, fieles, e inmortales. Esta es la gran diferencia entre la iglesia del Señor y el Reino de Dios. Al Reino de Dios sólo lo podrán ver e ingresar los que son “santos y perfectos” y que han merecido su transformación física--- o su inmortalización---- que es lo mismo (1 Corintios 15:53,54). En buena cuenta, los que hereden y sean parte del reino de Dios, gozarán de la vida eterna con todos los salvos de todas las naciones y épocas.
Recordemos que Jesús volverá a esta tierra, no sólo para transformar o inmortalizar a sus seguidores, sino también para sentarse en su trono de gloria, lo cual indica que él se posará en un trono en la tierra. Este trono será el de David su padre, según está especificado en Lucas 1:31-33, y que dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (La Anunciación del ángel). Este (Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (país) de Jacob (Israel) para siempre, y su reino no tendrá fin”. Por cierto que los cristianos también se sentarán en sus respectivos tronos de gloria en el reino de Dios, pues Jesús les dijo a sus apóstoles: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:29,30), Obsérvese que siempre el reino tiene que ver con Israel. Pero lo trágico es que millones de “cristianos” no quieren tomar literalmente estas profecías, y más bien prefieren darles una explicación “alegórica” o “espiritual”. Pero si quieren hacer esto, entonces la Anunciación deberá ser igualmente interpretada “alegóricamente” o ”espiritualmente”. Pregunto: ¿nació realmente y literalmente Jesús de una mujer joven y virgen? ¿estuvo literalmente embarazada María? o, ¿entenderemos la anunciación como algo “simbólico” también?
El Reino es la Esperanza de la Iglesia
Jesucristo enseñó que “busquemos primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). También enseñó a que orásemos por su venida para que se haga--- por fin--- la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10). Del mismo modo, Jesús afirmó que aquellos que “miran hacia atrás” no son dignos de su reino (Lucas 9:62). También aseveró que “difícilmente un rico puede entrar en él” (Mateo 19:23). A Nicodemo Jesús le dijo que “tenía que nacer de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3,5). De modo que el Reino es algo que se puede ver y entrar si se “renace” en Cristo.
Aun los apóstoles creyeron en el reino venidero de Jesús. Por ejemplo, el apóstol Pablo afirmó “que es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Por su parte Pedro dijo en 2 Pedro 1:5-11, y en especial en el versículo 11, lo siguiente: “Porque de esta manera (madurez espiritual) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo”. También Pablo dijo que los pecadores incorregibles no podrían de ningún modo entrar en él, salvo que se arrepintieran a tiempo (Gálatas 5:19-21). Santiago afirma que sólo los “ricos en fe”, serán los herederos de ese magnífico reino en la tierra (Santiago 2:5).
Entrar, pues, en el reino, es obtener la vida eterna y la salvación, según se desprende del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-23. En estos versos aparecen las frases “vida eterna”, “reino de Dios”, y “ser salvo”, Aquellos que no logren entrar en el reino de Dios, se deberá únicamente al hecho que no fueron dignos de él (2 Tesalonicenses 1:5). Es por esto que es muy importante buscar el reino de Dios y su justicia, porque ello significa ganar la salvación ---¡Esto no lo comprenden millones de Cristianos!
Es verdad que el Reino de Dios es un “reino celestial”, porque precisamente es “de Dios”. Por tanto, las frases: “Reino de Dios” y “Reino de los cielos” son equivalentes. Nótese que nunca aparece en la Biblia la frase: “Reino EN los Cielos” sino “Reino DE los cielos”. Es decir, que procede de los cielos---¡De Dios! Es trágico que millones confundan el reino de los cielos con el mismo CIELO. Sí, hay millones de “cristianos” que sostienen que heredar el “reino de los cielos” significa heredar el mismo cielo---¡Craso error! Definitivamente ni Jesús, ni sus apóstoles, enseñaron que iríamos al cielo para vivir con Dios y los ángeles (Juan 13:33) (Véase también Mateo 5:5; Salmo 37:9,11,22,29,34, Proverbios 2:21,22---nótese que dice: “los perfectos permanecerán en la tierra”).
El Reino de Dios Significará La Justicia y la Paz
Mundiales
El Reino de Dios significará la justicia y la paz en la tierra, pues recordemos que Jesús nos mandó a “buscar el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Y el profeta Isaías claramente anuncia: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en Juicio” (Isaías 32:1). Y también Isaías predijo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (9:6,7). Y en 2 Samuel 23:3,4 se nos anuncia lo siguiente: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra” .
Por otro lado, la influencia mundial del reino de Cristo se deja ver en los siguientes pasajes de la Escritura: Daniel 2:44, que dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. También el salmista David (72:7-9,11) lo anuncia diciendo: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo...todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán”. Leer todo el Salmo 72, También Daniel 7:13,14 y Miqueas 4:1-4. Todas estas profecías aseguran que sólo habrá un solo gobernante mundial que domine con autoridad de Dios, y con vara de hierro. ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobernante mundial?¿Se imagina usted que las naciones del mundo se sujetarán de buena gana a este magnífico líder mundial que está por venir desde los cielos? Será ciertamente: “¡El deseado de todas las naciones!” (Hageo 2:7). Sí, será el gobernante ideal que todo pueblo ha anhelado tener en el poder.
¿Está Ud. buscando y pidiendo este estupendo reino de Dios y su justicia? (Juan 6:10,33). ¡Es un mandamiento de Jesucristo! Sin embargo, cuántos aún ignoran que este reino milenario es la única esperanza que tiene la humanidad para tener paz y justicia verdaderas. No es “escapando al cielo” como vamos a lograr obtener la felicidad, la justicia, y la paz que anhelamos. Eso querría decir que el diablo triunfó al lograr la destrucción de la tierra, y arrojar a los hombres al cielo. ¿acaso no recordamos que Dios creó la tierra para que fuese habitada por los hombres? (Salmos 115:16). ¿Trastocará el diablo los propósitos de Dios para con la tierra? ¡De ningún modo! Pero los que afirman que iremos a vivir en el cielo, están desvirtuando todo el propósito de Dios de restaurar todas las cosas como eran al principio. Es obvio que la palabra restaurar quiere decir “reponer, recuperar, recobrar, reparar, renovar o devolver a una cosa su estado o estima original”. En buena cuenta, Dios pondrá todas las cosas como él se lo propuso en un principio. La restauración de un mundo paradisíaco significará el fin de la violencia humana y animal, y también el final de la depredación de la flora y fauna, y de la contaminación ambiental. Además significará la destrucción de todos los perversos e incorregibles del planeta (Salmo 37:9). Será el fin del dominio de los hombres para dar paso a la gobernación de Dios en la tierra como se efectúa en el cielo.
Desgraciadamente, La gran mayoría de los hombres están buscando solucionar sus problemas a espaldas de Dios, como si Él no existiera. La ONU, por ejemplo, fue creada para traer la paz en el mundo, y ya vemos cómo ésta no ha podido lograr la tan anhelada paz mundial. Hoy más que nunca, el mundo está envuelto en guerras interminables que aniquilan a miles y miles de hombres inocentes. El hombre no sabe que el problema del mal está en el hombre mismo, en su naturaleza pecaminosa y egoísta. Los hombres no entienden que ellos no pueden corregir los males del mundo por sí mismos, pues se encuentran lejos de su Hacedor. La mayoría de ellos únicamente viven sólo para satisfacer sus deseos egoístas, sin importarles sus semejantes. Sólo un necio corrupto puede decir que no hay Dios (Salmo 14:1).
Jerusalén, La Ciudad Capital del Reino
La Biblia es clara cuando dice que Jerusalén será la ciudad capital del reino venidero de Dios. Dice el profeta Jeremías así: “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón” (3:17). Hay infinidad de pasajes en la Biblia donde se menciona a Jerusalén como una ciudad superimportante del futuro, y en donde confluirán todos los pueblos de la tierra. Será la capital mundial y el centro del mundo---el lugar donde estarán los tronos de los futuros gobernantes inmortales. Dice también el salmista David sobre Jerusalén, así: “Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para si. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido...allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona” (132:13,14,17,18). También dice el salmista, de este modo: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. Pedid por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman” (122:3-6). Nótese que se habla de “los tronos” de la casa de David (en plural). Esto concuerda con lo prometido por Jesucristo a sus apóstoles, en el sentido que ellos también se sentarían en sus propios tronos, en el reino restaurado de David en Jerusalén (Mateo 19:28). Ahora bien, Jesús extiende su invitación para que todos sus seguidores permanezcan fieles para que puedan participar en su trono y reino. Dice él, así: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Además él prometió también: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones” (Apocalipsis 2:26). Y para terminar este acápite sobre Jerusalén, sería bueno recordar Miqueas 4:1-3, que dice: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”.
El Reino de Dios es el Evangelio Verdadero
Sí, el Reino de Dios es el evangelio de Cristo. En diferentes pasajes de la Escritura veremos que el Reino de Dios y el evangelio, son sinónimos. En Marcos 1:1,14,15 encontramos un excelente ejemplo de esto. Dicen estos versículos de este modo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio”. En la cita bíblica mostrada arriba, es obvio que cuando se habla de creer en el evangelio, lo que se quiere decir es que creamos en el Reino de Dios, y en su Rey, Jesucristo. Además, Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para SALVACIÓN para todos los que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Y cuando Jesús dejó señales concernientes a los últimos días, él dijo que antes de su regreso en gloria para establecer su reino, sus verdaderos discípulos estarían proclamando dicho reino por todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Dice así en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”. Entonces, ¿qué más pruebas podemos pedir para saber y entender lo que es verdaderamente el evangelio de Cristo?
Finalmente veremos a Pablo predicando este mismo evangelio del Reino en diferentes partes del mundo, según lo podemos constatar en Hechos
19:8;20:25;28:23,30,31. Es claro que el asunto del reino de Dios era de primera importancia para Cristo y sus apóstoles (Lucas 9:1,2), ¿Lo es para Ud., estimado hermano? Pablo dijo que seamos sus imitadores, así como él lo era de Cristo mismo (1 Corintios 11:1). ¿Lo está Ud. imitando a él en este quehacer evangélico? Muchos---desgraciadamente---no lo están haciendo, pues han pensando que el evangelio es solamente Cristo mismo, es decir: Su Muerte, su sepultura, y su resurrección al tercer día (1 Corintios 15:1-6). Esta creencia es media verdad, pues ya hemos visto que Jesús mismo tilda al Reino de Dios con el título de: “el evangelio” (Lucas 4:43, Mateo 24:14)---¡Y fue el principio de su evangelio! (Marcos 1:1,14,15). Por eso, predicar el evangelio es predicar el reino de Dios, como también lo es sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús---¡Todo junto!
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Más Información sobre el Reino en:
www.elevangeliodelreino.org
LA GLORIA: ¿SABE USTED LO QUE ES REALMENTE?
Por Ing°. Mario A Olcese
“Vida Eterna a los que, perseverando en bien hacer,
buscan gloria, y honra, e inmortalidad” (Rom. 2:7)
El Concepto errado de la Gloria
Millones de personas han escuchado en los sermones de las iglesias que Dios los ha llamado a su gloria celestial. Igualmente, en los sermones de difuntos, el Pastor o Sacerdote suele decir que el amado hermano difunto “ya está con Dios en Su gloria” como un sinónimo del cielo mismo. Sin embargo, lo que muchos cristianos ignoran es que esta gloria prometida por Dios y Su Hijo a los fieles, tiene que ver con una posesión o herencia de un reino en la tierra en ocasión de la Parusía de nuestro Señor Jesucristo, el Rey del Reino de Dios.
Este breve estudio demostrará que la gloria a la cual todos los creyentes estamos llamados tiene que ver con la toma del reino milenario de Cristo en la tierra. Este estudio cardinal despejará las dudas que se pueden aún tener de la gloria que se nos ha ofrecido, y que la tradición Católica ha tergiversado sin contemplación alguna.
En Búsqueda de la Gloria
El apóstol Pablo solía referirse a la gloria como la meta del Cristiano, el OBJETIVO para mirar con perseverancia. En su carta a los Romanos, el apóstol les dice: “El cual pagará a cada uno conforme a sus obras, vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.” (Rom. 2:6,7). De modo que todo Cristiano debe mirar y buscar la gloria futura (nótese el paralelo con la frase “buscad primeramente el Reino” de Mateo 6:33), que le será otorgada al creyente después de que su cuerpo mortal se vista de inmortalidad por la resurrección del día postrero, en la parusía de nuestro Señor Jesucristo. Estas son las palabras de Pablo: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” (Col. 3:4). De modo que nadie aún posee la gloria que se nos ha ofrecido a través de las páginas de la Biblia. Y nuevamente el apóstol Pablo les dice a los romanos creyentes sobre esta gloria escatológica, lo siguiente: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Rom. 8:18). Aquí Pablo dice que debemos sufrir tribulaciones antes de recibir la gloria, lo cual concuerda con otra de sus declaraciones que dice:”Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Tim. 2:12). Acá el sufrimiento trae como recompensa la gloria, gloria que significa nuestro REINADO con Cristo.
Es un hecho que la gloria está íntimamente ligada al reino futuro de Cristo. No se puede estar en la gloria, sin estar en el Reino y viceversa. En 1 Tes. 2:12 Pablo hace claro que el Reino y la gloria van de la mano como gemelos envueltos por una sola placenta. El escribe a los creyentes de Tesalónica lo que sigue: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, quien os llamó a su REINO y GLORIA”. Sin embargo, reitero lo mismo: tanto el Reino y la gloria son presentados por Pablo como asuntos futuros, para cuando aparezca el Rey de gloria (Col. 3:4).
La Gloria en el Antiguo Testamento
El rey David, el cantor de Salmos hermosos de alabanza, dice en el capítulo 145:11-13 de este modo: “La gloria de tu reino digan, Y hablen de tu poder, Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, Y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, Y tu señorío en todas las generaciones”. David predice que los hombres reconocerán al reino de Dios como algo glorioso y magnificente. Además, el Reino del rey David, y sus descendientes, era el mismísimo reino de Yahweh. En 1 Crón. 28:5 se lee: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del Reino de Jehová sobre Israel”. Salomón, el sucesor de David, se sentó en el mismo trono del reino de Jehová en Israel. ¡Y este reino que heredó Salomón era un reino glorioso a la vista de todos! El dominio o gobierno de Dios sobre su pueblo a través de Sus reyes ungidos era el glorioso reino de Dios en la tierra. Ese reino fue establecido para durar muchísimas generaciones (Sal. 145:13) y ejercer autoridad divina sobre las naciones de la tierra en el largo plazo (Sal. 72:8). Dios había jurado a David que no faltaría varón que se sentase en su trono (2 Sam 7:16, 1 Rey. 9:5), y también prometió que algún día un último rey restauraría el trono de David (Eze. 21:25-27). La gloria del Reino sería algún día reestablecido en la tierra con un rey Judío de la línea de David. Y Daniel habló de ese reino-gloria como una herencia que sería poseída por los santos de Dios en el futuro. Son de destacar los versos 18 y 27 que dicen: “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre. y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. ¡Esta es la gloria que recibirán los santos del Altísimo!
En Ezequiel 39:21 se lee lo siguiente: “Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse”. Aquí Dios habla de poner su gloria entre las naciones, aquella gloria que tiene que ver con Su tabernáculo, el lugar de su santa morada (Apo. 21:1-3). Dios mismo pondrá su santuario entre los hombres. Su presencia y su dominio como Rey de reyes en el mundo serán absolutos. El reinará en su reino como el Rey soberano, y todas las naciones le servirán. En ese entonces el mundo gozará de la paz y la justicia nunca antes vista por humano alguno, cuando el diablo y sus secuaces sean exterminados de la tierra para siempre.
Una Gloria ya Presente por la Fe, pero Aún no Consumada
Es cierto que hoy podemos adueñarnos de la gloria, la salvación, la vida eterna, y del Reino por la fe. Cada creyente está ya en el libro de la vida a la vista de Dios, y en cierto modo ya posee esa gloria e inmortalidad escatológicas en el presente por la fe (“…que por la fe y la paciencia heredan las promesas”, Heb. 6:12). Pero recordemos que debemos perseverar en esa fe para conseguir la total realización de nuestra salvación integral (Ver Heb. 9:28; 1 Ped. 1:5). Jesús ya nos “dio” la gloria por la fe (Jn. 17:22), así como Cristo la tuvo mientras estuvo en la tierra, aunque la recibió después de su victoria sobre la muerte, en su resurrección (Heb. 2:9). Del mismo modo, Cristo nos llevará a la gloria cuando seamos resucitados, habiendo sido igualmente perfeccionados por las tribulaciones presentes (Heb. 2:10).
El Evangelio de la Gloria de Cristo (2 Cor. 4:4)
Dice Pablo en 2 Corintios 4:4: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” Acá Pablo revela que la gloria de Cristo —que es la misma gloria que se nos ha dado—es el evangelio (el evangelio que Pablo mismo llamó después “el Reino de Dios” –Hech. 28:23,30, 31) De modo que TODO lo relacionado con la gloria de Cristo es el Evangelio verdadero, pues esta gloria es un sinónimo del Evangelio del Reino de Cristo (Mat. 24:14). Ya hemos visto que Reino y gloria vienen juntos. De modo que toda vez que se nos promete la gloria, se nos está prometiendo el Reino. En resumen, hablar del evangelio de la gloria de Cristo es hablar del evangelio del reino de Cristo. La gloria es el Reino, y el Reino es la gloria que obtendremos completamente en la Parusía. A esa gloria monárquica estamos siendo conducidos todos los creyentes por la fe (Heb.2:10).
Pedro Participaba de la Gloria Venidera (1 Pedro 5:1)
Dice el apóstol Pedro así: “…que soy también participante (o copartícipe) de la gloria que será revelada.” Con estas palabras el apóstol Pedro reconocía que ya coparticipa con los otros creyentes, de la gloria que aún no había sido manifestada. Esa participación de la gloria era, para Pedro, la participación de la “naturaleza divina” (ver 2 Ped. 1:4), con la cual se podía obtener “una amplia y generosa entrada en el Reino eterno de Jesucristo” (Ver 2 Ped. 1:11). Esto concuerda con lo dicho por Pablo cuando afirmó a los creyentes de Corinto que: “La carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Cor. 15:50). ¡Se requiere radicalmente obtener la naturaleza divina! Además, para Pablo, esta participación de la gloria del Reino era equivalente a la “participación de la GRACIA” (Fil. 1:7), el verdadero evangelio de la Gracia de Dios, que es el Evangelio de la gloria de Cristo, o el evangelio del Reino de Dios en la tierra (Busque en Google mis artículos: “¿Es el Evangelio de la Gracia el Nuevo Evangelio de Pablo? Y “La Parte no es el Todo: ¡Un Estudio del Evangelio Completo!)”
San Juan También Era Copartícipe del Reino
San Juan, al igual que Pedro y Pablo, era copartícipe de la gloria a la cual él llamó “el Reino”. En Apocalipsis 1:9 él dice: “Yo Juan, vuestro hermano, y COPARTICIPE (con los creyentes, incluyendo a los demás Apóstoles) vuestro en la tribulación, EN EL REINO y en la paciencia de Jesucristo…”. ¿Se da cuenta, estimado lector, que la coparticipación en el Reino para Juan era la coparticipación de la gloria para Pedro, y a su vez era la coparticipación de la Gracia para Pablo? Es decir, ¿Comprende ahora que los 3 términos (gloria, reino, y gracia) son intercambiables? Es evidente que Juan coparticipaba del reino, o lo que es lo mismo decir, de la gloria que aún no se había manifestado. Y si la gloria no se había manifestado, entonces tampoco el Reino de Cristo. El Reino de Cristo era todavía para Juan, un asunto del futuro, pues finaliza su libro pidiendo por la venida del Rey del reino (Apo. 22:20).
Lo que Revela la Petición de Santiago y Juan
Es interesante comparar Mat. 20:20-21 con Mar. 10:35-37, donde descubriremos claramente lo que era para los discípulos la gloria. Estos versículos de Mateo y Marcos han sido pasados por alto por muchos estudiantes de la Biblia, y sin embargo, son claves para entender lo que es la gloria prometida por Cristo. Desgraciadamente muchos creen que la gloria es estar en el cielo como angelitos blancos y alados tocando un arpa o una lira dorada por toda una eternidad.
Comparemos en seguida ambos pasajes:
Mat. 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Mar. 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Si comparamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, pero bajo distintas perspectivas, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO. En cambio, Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA. ¿Por qué esta diferencia entre ambos evangelistas? Pues la única explicación posible es que no había ninguna diferencia, dado que era obvio para los primeros cristianos que la Gloria era un sinónimo del Reino y viceversa. Con esto queda una vez más demostrado que el evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4) es lo mismo que “el evangelio del Reino de Cristo” (Mat. 24:14). Los predicadores de hoy debieran comprender este asunto, y no especular con interpretaciones que se alejan de la verdad prístina de las Escrituras. Definitivamente el evangelio de la gracia, el evangelio del Reino, el evangelio de la gloria, el evangelio de la paz, el evangelio de salvación, el evangelio de Cristo, el evangelio de aquella promesa, etc, son todos y cada uno de ellos el mismo y único evangelio bíblico (Gál. 1:6-9).
La Gloria que vieron los Tres Testigos: Pedro, Santiago y Juan
Es sumamente interesante lo que escribió el apóstol Pedro en su segunda epístola que lleva su nombre, capítulo uno, y versículos 16-18: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos (a) su majestad. Pues cuando él RECIBIÓ de Dios Padre honra y GLORIA (esto nos recuerda lo que dijo Jesús en la Parábola de la Diez Minas sobre “el hombre noble que se fue a un país lejano [el cielo] para ”RECIBIR un REINO” y volver”, según lo leemos Luc. 19:12)…cuando nosotros estábamos en el monte santo [de la transfiguración]”. De modo que Jesús fue al cielo para recibir la gloria y honra (2 Ped. 1:17), o lo que es lo mismo decir, para recibir un reino (Luc. 19:12).
Ahora presten atención a esto: En Lucas 9:32 se nos dice que los 3 discípulos elegidos “vieron LA GLORIA de Jesús”, aunque en unos pocos versículos antes, en Lucas 9:27, Jesús prometió que aquellos elegidos verían SU REINO. También en Marcos 9:1 Jesús anuncia que sería su REINO el que vendría y que sería visto sólo por algunos de los suyos en su TRANSFIGURACION que se produciría 6 días después. Realmente ellos vieron la majestad o GLORIA del Rey Mesiánico o Su REINO, anticipadamente, como una especie de bocado para que fueran testigos de su Señor glorificado (Heb.6:5).
Coronados para recibir la Gloria
El apóstol Pedro dice que existe una corona de gloria en 1 Ped. 5:4 “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona de gloria”. Esto significa que seremos coronados como reyes del Reino como lo fue Jesucristo en su resurrección (Heb. 2:9, Apo. 5:10, Apo. 3:21), y esto significará nuestra glorificación. Nuevamente nuestra glorificación tiene que ver con nuestra coronación como autoridades reales o reyes del Reino de Cristo. Sólo los coronados son los nombrados para ser los ejecutivos del Reino mesiánico, y esto lo vislumbró claramente el profeta Daniel para los vencedores (Dan. 7:18,27). Esta era la gloria que tenía Dios—y Su Hijo, el Cristo—para ofrecer a todos los otros cristos o ungidos.
Los Tronos de la Gloria
En Mateo 19:28 leemos: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Nótese claramente que la gloria de Cristo tiene TRONOS, y ¿dónde más puede haber tronos sino en un reino? En este caso descubrimos que en la gloria de Cristo (su reino) existen tronos para El y para los suyos. Esos tronos son los tronos del Reino Mesiánico. De manera que LA GLORIA nuevamente se relaciona con EL REINO del Mesías en la tierra. Por otro lado, fíjense en el Salmo 122:3-5, en donde se nos dan más detalles sobre los tronos y su localización geográfica: “Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio, Los tronos de la casa de David”.
Así que está muy claro que la gloria no tiene que ver con una estadía de los justos en el cielo como angelitos alados, sino con la morada de los santos en sus puestos de autoridad en el Reino milenario de Cristo en la tierra prometida. Esa tierra prometida no es el cielo, sino Jerusalén, la sede del gobierno de Cristo y de sus seguidores sobre las doce tribus de Israel. En aquel entonces el Reino de Cristo será glorioso. Dice el Sal. 72:7-20: “Florecerá en sus días justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, Y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; Todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos. Vivirá, y se le dará del oro de Sabá, Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá. Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra. Será su nombre para siempre, Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado. Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén. Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.”
Pero es igualmente necesario recalcar que nuestro Señor Jesucristo aún no se ha sentado en su trono de gloria, o en el trono de su reino, a pesar de que algunos teólogos han propagado lo contrario. Vean ustedes lo que dice Jesús mismo acerca del tiempo de su entronización en su reino o gloria: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos con él, entonces se sentará en su TRONO de gloria.” (Mateo 25:31). Así que Jesucristo ya recibió el reino cuando retorno al Padre (Luc. 19:12; Dan. 7:13,14), pero aún no se ha sentado en SU trono, sino en el trono de Su Padre. El dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apo. 3:21).
La Gloria y el Poder
En Apocalipsis 5:13 leemos: “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, LA GLORIA y EL PODER, por los siglos de los siglos”. Y en Apoc. 19:1 leemos: “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”. De modo que también la gloria tiene que ver con el poder que tendrán Cristo y sus cristos en su Reino sobre el mundo entero.
El Poder, La Autoridad y el Reino
En Apocalipsis 12:10, hablando del reino futuro de nuestro Señor Jesucristo y sus santos, dice: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Así que nuevamente, el poder, la gloria, y la autoridad están íntimamente vinculados con el Reino de Cristo. Los santos tendrán el poder en la gloria, o lo que es lo mismo decir: Autoridad en el reino de Cristo. En la parábola de las Diez Minas de Lucas 19, Jesús explica que los fieles recibirán autoridad sobre ciudades enteras, y autoridad significa el poder ejercido sobre grupos humanos (v.17). También Apo. 2:26 “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”.
Satanás ha obscurecido el Evangelio de Cristo
Hemos visto que Satanás ha cegado los ojos de los incrédulos para que no perciban o entiendan el mensaje del Evangelio del Reino, que es el evangelio de la gracia, o el evangelio de la gloria venidera de Cristo. El no desea que los potenciales creyentes acepten este mensaje del cielo porque significa su propia ruina, y la de su reino en este mundo (Ver. Mar. 4:15) El ha trocado el evangelio de la gloria de Cristo por un evangelio espiritual en el “corazón del creyente”, o en la iglesia. El obstruye la razón de los seres humanos haciéndoles creer que el Reino de Dios no tiene nada que ver con un reinado personal del Mesías en la nueva tierra. El ha logrado convencer a millones de incautos de que el pacto davídico y el pacto Abrahámico, los cuales aseguran para Cristo y su iglesia un enclave y un reino en este planeta, fueron condicionados a la obediencia de sus potenciales beneficiarios. Tales predicadores sostienen que esos pactos caducaron radicalmente por la infidelidad del pueblo prístino de Dios, y que éstos ahora han pasado a ser herencia de un nuevo pueblo (la iglesia) pero con un significado puramente “espiritual”. Agustín de Hipona fue uno de los mayores responsables por esta crasa mutación del pacto original. Para Agustín, el Reino Mesiánico se convirtió en un reino eclesiástico, y el trono de David se transfirió, de la Jerusalén terrenal, a la Jerusalén celestial. Este grave error fue propagado sutilmente por el romanismo por siglos, opacando y haciendo casi desaparecer el verdadero Reino terrenal, como está desplegado en las Escrituras de tapa a tapa.
Resumen
1.- Buscar la gloria (Rom. 2:6,7) es buscar el Reino (Mat. 6:33).
2.- Las aflicciones preceden a la gloria (Rom. 8:18) y preceden también al Reino (2 Tim. 2:12). Por tanto la gloria y le reino son equivalentes.
3.- El Evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4) es el Evangelio del Reino de Cristo (Mat. 24:14), y es el evangelio de la gracia (Hechos 20:24).
4.- Ser co-participante de la gloria (2 Ped. 1:4) es ser co-participante del Reino (Apo. 1:9).
5.- Recibir la gloria (2 Ped. 1:16-18) es recibir el Reino (Luc. 19:12).
6.- Ver la gloria (Luc. 9:32) es ver el Reino (Luc. 9:27).
7.- Cristo está sentado ahora en el trono de Su Padre, no en el suyo (Apo. 3:21).
8.- La Gloria está asociado con el Poder, y el poder con el reino, y el reino con la Autoridad (Apo. 5:13; 19:1; 12:10).
Más sobre el Reino en:
www.elevangeliodelreino.org
¿EXISTIÓ
REALMENTE
JESÚS?

Por Ing° Mario A Olcese
El Problema del Agnosticismo
El agnosticismo (del griego a = no y gnosis = conocimiento) es una postura religiosa o filosófica sobre la religión de acuerdo a la cual la existencia o no de un dios o una mitología de deidades, es desconocida y por lo mismo irrelevante. pero el término «agnosticismo» fue acuñado por el biólogo Thomas Henry Huxley (abuelo del conocido novelista inglés Aldous Huxley) en una reunión de la Sociedad Metafísica en 1869. En ella definió a los agnósticos como a las personas que niegan tanto el ateísmo como el teísmo y que aseguran que no es posible hallar respuesta a la duda metafísica de la existencia de un poder superior o Dios.
Si bien el agnosticismo se refiere sólo a la duda de la existencia de Dios, también existe un tipo de agnosticismo para la existencia de su Hijo, el Señor Jesucristo. Si hay dudas de la existencia del Dios Padre, es obvio que deban existir dudas de la existencia de su supuesto Hijo. De allí que muchos duden de la historicidad de Jesucristo.
Sobre Dios y su Existencia
Es verdad que nadie puede decir que “acá está Dios, y se los presento” puesto que Él es un Espíritu puro, y como tal, nadie puede percibirlo con los ojos físicos o carnales. La teología cristiana sostiene que Dios es invisible, inmortal y de naturaleza espiritual (Juan 4:24; 1 Tim. 1:17). Así que sería imposible demostrar que Él existe por medio de presentarlo tal como Él, puesto que Él es un Espíritu puro.
Siendo un Espíritu puro, Dios se deja sentir por sus efectos en el mundo. El viento, por ejemplo, se deja sentir porque sopla y mueve las hojas de los árboles, levanta el polvo de las calles, y despeina nuestros cabellos. Así sabemos que el viento es una realidad aunque no lo veamos con nuestros propios ojos. De igual modo, todos nosotros sentimos el calor de los rayos solares aunque a simple vista nos es imposible contemplar dichos rayos (los UV y los IR). El agua se evapora y se condensa en forma de nubes, pero normalmente nadie percibe la evaporación del agua que hace posible que millones de litros de agua de la tierra se dirijan a la atmósfera en forma de vapor todos los días y produzca la lluvia (Ciclo Hidrológico). Los árboles toman el anhídrido carbónico (CO2), H2O y la luz y lo transforman en O2 para nuestra respiración, pero nadie ve cómo el CO2 que exhalamos es tomado por las plantas y luego convertido en Oxígeno (O2). No obstante, los científicos saben muy bien que esto ocurre todos los días sin que nos demos cuenta de ello. De igual forma Dios ha demostrado su existencia en la naturaleza. Cuando vemos todas estas maravillas de la física, de la química, de la bioquímica, etc, no nos queda otra cosa que pensar que una inteligencia superior tuvo que haberlas planeado y creado. Nada es por casualidad, pues no hay efecto sin causa, ni causa sin efecto. Las cosas de Dios se conocen por las maravillas que existen y que son muy pero muy complejas en algunos casos. La célula, por ejemplo, es un mundo de complejidad. Una minúscula célula es capaz de deslumbrar a cualquier ateo o agnóstico cuando uno contempla su gran complejidad (el núcleo, el nucleolo, los cromosomas, el ADN, el ARN, y todo el diseño que ella encierra) y que nos hace pensar que alguien tuvo que haberlo planeado así. Los científicos descubrieron que la célula, lejos de ser rudimentaria o simple, es complejísima. Ustedes pueden saber más sobre este increíble laboratorio microscópico leyendo en
http://www.monografias.com/trabajos/celula/celula.shtml
No es sorprendente, por lo tanto, que el apóstol Pablo haya escrito lo siguiente a los cristianos romanos: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20). Este simple razonamiento de Pablo es válido para su tiempo y para el nuestro. Las cosas visibles son prueba de que existe un Dios Todopoderoso, sabio, y diseñador de todas las cosas. ¡Alguien tuvo que haber hecho todo este mundo asombroso! En Hebreos 3:4 el autor (probablemente el mismo Pablo) razona: “Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios”. Aquí Pablo insiste en lo mismo: que las cosas existentes deben su existencia a su Hacedor. Una casa fue hecha por algún ingeniero y operarios calificados. Sencillamente ninguna casa existente pudo aparecer al azar, con sus tuberías de agua y desagüe, sus cables para luz y teléfono, y sus ventanas bien dispuestas para alumbrar y ventilar su interior y un techo bien protegido contra los vientos tempestuosos y las lluvias torrenciales. Un niño de 5 años no tiene dificultad para entender esta simple verdad. Un reloj me dice que un relojero tuvo que haberlo inventado, y no hay más que discutir. La ciencia de la Estadística o de las probabilidades nos demuestra que las cosas complejas y aún las simples tienen muy poca o casi ninguna posibilidad de que hayan sucedido al azar. Así que negar a Dios, o no saber si existe, es necedad. Dice el Salmista David: “El hombre necio NO SABE, y el insensato no entiende esto” (Salmo 92:6). Podemos afirmar que los ateos y los que “no saben” (los agnósticos) tienen la mente de un niño necio el cual suele persistir en su tontería y en sus caprichos. Recordemos que la Biblia dice que los niños en general son necios por naturaleza y simplones (Prov. 22:15; 14:18). Por eso es que se nos manda a pasar a la madurez, a la adultez mental aceptando a Dios y dejando la necedad infantil (1 Cor. 13:11).
El Problema de Cristo
Los teólogos y apologistas defienden su fe a capa y espada, y pregonan la verdad de su Señor con Ahínco. Los opositores (ateos y agnósticos) niegan la realidad de Jesucristo refutando los escasos documentos o registros que apuntan hacia su historicidad. Estos hombres tienen sus “razones” para negar cualesquier documento que prueba la historicidad de Jesús y suelen esgrimir argumentos o réplicas con astucia para confundir o poner en duda todo lo que los apologistas cristianos presentan y defienden.
Se alega que hay escasa evidencia histórica para un personaje de renombre como es el caso de Jesucristo. Se dice que es raro que no exista mucha información sobre su presencia en la historia considerando su importancia que tiene como fundador de una religión mundial. Sin embargo, esto no es extraño cuando consideramos que es recién en los siglos subsiguientes a su nacimiento que Cristo tomó la importancia que tiene para nosotros hoy. Cuando él apareció en el mundo, su influencia e importancia sólo se limitó a sus seguidores leales, siendo visto con animadversión por las autoridades del imperio que lo consideraban como otro lunático mesiánico más entre muchos que solían aparecer y desaparecer en esos tiempos, y que tenían sus seguidores eventuales y a los cuales se les debía perseguir y silenciar a toda costa para evitar alborotos o revueltas en el imperio. Así que la persona de Cristo no tenía la importancia e influencia en aquel entonces como la que tiene hoy para nosotros. A Jesús no se le podía comparar en importancia en aquel entonces con la que tenían el emperador romano de turno, los reyes, las insignes autoridades del imperio, y por supuesto, los historiadores y pensadores filosóficos que eran admirados y seguidos en ese tiempo por las grandes masas, y que nacieron muchos siglos antes de que Cristo viniera al mundo. Es por eso que es más fácil encontrar evidencia de la historicidad de Poncio Pilatos, Herodes, Tiberio, Augusto, Platón, Sócrates, Josefo, y de otros hombres de renombre, que de Jesucristo, Pedro, Pablo, José de Arimatea, el “buen ladrón”, Juan el Bautista, Lucas, Nicodemo, Saqueo, etc, etc. Recordemos que los primeros cristianos vinieron a ser “escoria para el mundo” (ver 1 Cor. 4:13)…¡Y a la escoria no se la recuerda ni se le hace referencia con bombos y platillos! Pero eso, cuando se han encontrado algunas menciones de Cristo o de sus seguidores en los escritos de algunos historiadores o autoridades paganos del primer siglo, casi siempre éstos informan o hablan de ellos de una manera ambigua, escueta o despectiva.
La Trascendencia del Pensamiento y de la Doctrina de Cristo
El pensamiento de Cristo realmente impactó y afectó en alguna medida el mundo romano de entonces, así como lo sigue haciendo hoy en muchas partes del mundo. Sea como sea, el pensamiento cristiano preocupaba a las autoridades de la Roma imperial. También en Tesalónica (Grecia) Pablo y Silas fueron acusados de trastornar el mundo entero con el evangelio. Hoy en día vemos cómo el Cristianismo se ha difundido por todo el mundo, y es, junto al Mahometanismo, la religión monoteísta más importante. La persona de Cristo, la cual los ateos y agnósticos niegan, cambió la vida de millones de personas para bien. Gracias a la doctrina cristiana que preconiza la igualdad entre los seres humanos, y el amor fraternal, se han multiplicado la construcción de infinidad de asilos, beneficencias, hospitales, albergues para los que menos tienen. También Cristo y su doctrina han unido familias enteras en un espíritu de armonía y de paz entre sus integrantes, al inculcarles los valores morales y espirituales cristianos que antes desconocían por completo. El Cristo que los agnósticos y ateos rechazan revolucionó totalmente el mundo con sus postulados que difícilmente se podrán encontrar en las otras religiones no cristianas.
Una cosa es cierta, si Cristo no existió, entonces el genio novelista que lo inventó tenía una sabiduría que pocas veces se ve en un ser humano. Tal inventor o novelista sería digno de admiración, y de hecho a mi me hubiera gustado conocerlo, porque nunca antes ningún hombre ha hablado o ha enseñado como éste (Juan 7:46). Lo podemos llamar Juan Pérez, John Smith, o Cristo, pero de alguien tuvo que haber salido toda esa doctrina extraordinaria. Una mente brillante tuvo necesariamente que volcar todo ese conocimiento y sabiduría al mundo, una sabiduría que trajo positivos resultados en un mundo convulsionado por el odio y la injusticia. Borges, Vargas Llosa, Cortázar, Neruda, Alberti, Saramago, serían unos pigmeos al lado de este novelista que ideó a Jesucristo.
¿Un Personaje Mitológico Acertado en sus Profecías?
Si un personaje es mitológico, es decir, producto de la fantasía y de la creencia popular, ¿cómo es que puede profetizar cosas o eventos que realmente sucederían en el tiempo? Aquí tenemos a un Cristo que promete aparecer justo en el momento en que la tierra está al borde de su extinción. Jesús dijo: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:29). Aquí tenemos a un alegado personaje “mitológico” que se atreve a predecir la posible aniquilación de todo ser humano viviente de la faz de la tierra en una época en que los pueblos guerreaban con espadas, lanzas, hondas, hachas, dagas, y otros armamentos primitivos. Que no quede ni un ser vivo peleando con ese tipo de armas es inconcebible. Es imposible que se puedan borrar miles de millones de seres humanos de la tierra peleando con lo hacían Julio César, Pompeyo, Aníbal, Atila, o Alejandro el Grande. Pero con una guerra atómica si es posible que se pueda arrasar con todo ser viviente de la faz de la tierra. Aquí tenemos a un Cristo que no sólo es un genio de los postulados espirituales, sino que es un visionario de lo que ocurriría en la tierra miles de años por delante. El estaba viendo por anticipado una conflagración atómica.
También el supuesto Cristo mitológico se atreve a decir que las piedras hablarían a favor de él y de los suyos: “Os digo que si éstos callaran, las piedras hablarían” (Luc 19:40). Sin duda Jesús sabía que las piedras darían testimonio de lo que él decía o profetizaba. Hoy, en Jerusalén podemos ver las piedras derribadas del templo tal como Cristo lo había predicho en Mateo 24:2 que dice: “¿Véis todo esto (el templo)? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada?”. Incluso se pueden ver algunas casas del año 70 DC cuyas paredes de piedra y de adobe aparecen quemadas por el incendio que se produjo por el asedio romano a la ciudad. ¡Realmente Jesús tenía razón cuando dijo que las piedras hablarían a favor de él!
Según la introducción del libro de Apocalipsis, este es un libro que revela las cosas que deben suceder “pronto”. Y es Jesús mismo quien las revela a Juan a través de su ángel. Si bien es Dios quien se la revela a Cristo, es el Hijo de Dios quien se lo revela a Juan, su siervo. Y aquí tenemos una profecía que es entregada por el mismo Hijo de Dios a Juan y que afirma la destrucción de los que destruyen la tierra. Dice así Apocalipsis 11:18: “…y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas…y de DESTRUIR A LOS QUE DESTRUYEN LA TIERRA”. Aquí tenemos a Jesús anunciando algo extraordinario que para Juan le podría parecer insólito. ¿Cómo sería posible que los hombres del primer siglo estuviesen destruyendo la tierra?¿No estaría Juan alucinando? ¿Podría Jesucristo estar errado en esto? ¿Cómo podría un Cristo mitológico predecir semejante situación del mundo y de la tierra y que hoy se confirma plenamente? Pero veinte siglos después, las palabras del supuesto Cristo mitológico cobran valor plenamente. Hoy los hombres efectivamente están destruyendo la tierra con sus supuestos avances científicos y tecnológicos. La reducción de la capa de ozono, el calentamiento global, el efecto invernadero, y el derretimiento de los polos, la tala indiscriminada de millones de árboles que generan sequías y desiertos, la depredación indiscriminada de la fauna de nuestra tierra, los eventuales accidentes nucleares como en de Chernobil acaecido el 26 de abril de 1986, y el constante derramamiento de sustancias químicas en los ríos y mares están ocasionando lentamente la destrucción de la tierra. Sumado a esto está la constante amenaza de una guerra nuclear que acabaría con toda la vida existente del planeta en pocos minutos. Sin duda el develamiento que hace este supuesto Cristo mitológico es muy acertado como preciso en estos días. Para mayor información ver
http://www.greenpeace.org/espana/campaigns/atm-sfera
Piedras que Hablan a Favor de la Autenticidad de la Biblia
También las piedras nos han dado indicio de la existencia de personajes que giraron alrededor de la vida de Jesús, tales como la piedra grabada con el nombre de Poncio Pilato hallada en 1961, un arqueólogo italiano llamado Antonio Frova. Hoy sabemos que este personaje bíblico y procurador de Judea existió realmente. Y si él existió, y sólo se encuentra esta evidencia para probarlo, ¿por qué no podríamos afirmar lo mismo de Jesús, quien tuvo un encuentro personal con él en su juicio? Además, los críticos mismos por mucho tiempo dudaron de la existencia del rey David, hasta que en 1868 se descubrió una lápida en la ciudad bíblica de Dibon, sobre la cual habían escrito las victorias sobre los israelitas del rey Mesa de Moab. La LINEA 31 dice: “Y la Casa de David vivió en Horonaim”. De modo que aquí encontramos una de las primeras referencias, fuera de la Biblia, del Rey David y sus descendientes, que pertenecían a la tribu de Judá. Y todos sabemos que David vivió mil años antes de Cristo, su descendiente según la carne. Así que si la Biblia es veraz en cuanto a un personaje mil años más antiguo que Jesús, ¿cómo no va ser verdad la historicidad de su descendiente más prominente, el Señor Jesús? (Mateo 1:1). Para mayor información ver
http://www.biblehistory.net/David2.htm
Además, es por todos sabido que las piedras nos hablan desde la existencia de un diluvio universal, hasta de la existencia de personajes bíblicos tales como de Augusto, Tiberio, Sergio Paulo, Erasto (el tesorero de Corinto), y durante la segunda mitad de 1990, se descubrió una cueva funeraria en el Bosque de la Paz, al sur de Jerusalén. Contenía unos osarios en los que se colocaban, después de que sus cuerpos se hubieran descompuesto, los huesos de los miembros de familias sacerdotales judías. Uno de los osarios lleva la inscripción Yehoseph bar Qafa, 'José, hijo de Caifás'. En el Nuevo testamento, Caifás es el nombre del sumo sacerdote correspondiente a la época de Jesucristo (Mateo 26: 3, 57; Lucas 3: 2; Juan 11: 49; 18: 13-4, 24, 28; Hechos 4: 6). Josefo le llamó "José Caifás" (Antigüedades de los Judíos 18.2.2).
La exactitud de Juan ha sido atestiguada también por recientes descubrimientos arqueológicos. En Juan 5:1-15 Jesús cura a un hombre en el estanque de Betesda. Juan escribe que el estanque tenía cinco pórticos. Este sitio ha estado en debate durante largo tiempo hasta hace poco. Los arqueólogos descubrieron, unos doce metros debajo de la tierra, un estanque con cinco pórticos, y la descripción del área circundante encaja con la descripción hecha por Juan. En Juan 9:7 él menciona otro lugar cuestionado por largo tiempo, el estanque de Siloé. Pero este estanque fue también descubierto en 1897, respaldando la exactitud de Juan. Y si Jesús curó en un estanque real y existente aún hoy, ¿por qué tendría que ser ficticio él, quien obró el milagro en ese lugar verificado por los arqueólogos?
En el registro que hace el evangelista Lucas del ministerio público de Jesucristo (Lucas 3:1), él menciona a "Lisanias tetrarca de Abilinia". Los eruditos pusieron en duda la credibilidad de Lucas, ya que el único Lisanias que se conocía durante siglos fue un gobernador de Calcis, que rigió entre 41 y 36 a.C. No obstante, una inscripción datada en el tiempo de Tiberio, que gobernó entre 14 y 37 d.C., se halló que registraba una dedicación del templo que nombra a Lisanias como el "tetrarca de Abila" cerca de Damasco. Esto encaja bien con el relato hecho por Lucas. Y Si Lucas no mintió en este punto, ¿podría él haber mentido en cuanto a la historicidad de la persona de Jesucristo (Lucas 3:21)?
El mismo Lucas que nos habla de Cristo como un personaje real de sus tiempos, escribe en Hechos 28:7 de un tal Publio, el hombre principal de la isla de Malta, y le otorga el título "el primer hombre de la isla". Los eruditos como siempre pusieron en duda este extraño cargo y lo consideraron no histórico. Se han descubierto recientemente inscripciones en la isla que claramente asignan a Publio el cargo de "primer hombre". Si Lucas no mitifica o inventa este personaje y su cargo, ¿por qué tendría que inventar un personaje llamado Jesús con el título de “el Cristo” (Luc. 2:11)?
La existencia de un Osario llevando una Inscripción Aramea, "Ya’akov bar Yosef akhui diYeshua" [Jacobo hijo de José el hermano de Jesús) es una reliquia que ha suscitado mucha discusión. Algunos aún piensan que no es genuina. Sin embargo, la evidencia indica que sí se originó en el siglo I. La investigación Geológica de Israel ha certificado que la piedra caliza es típica de esa extracción en Jerusalén durante los siglos primero y Segundo D. C. El platino en la inscripción no contiene ningún elemento moderno, y no hay señales del uso de una herramienta moderna sobre el osario. André Lemairé opina que este tipo de osario puede ser datado entre el año 20 A. C. y 70 D. C. La figura de ciertas letras indica que la Inscripción Aramea pertenece a las últimas décadas antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 D. C. Este es el periodo exacto, según Flavio Josefo, historiador Judío, cuando Jacobo fue muerto. Algunos eruditos han sugerido que la inscripción pudo haber sido escrita por dos diferentes manos, Lemairé no encuentra razón valedera para llegar a esta conclusión. Así que aquí tenemos una interesante reliquia en donde se menciona a Jesús como el hermano de Jacobo, tal como afirma la Biblia que Fue Jesucristo de Santiago. Para mayor información ver
http://www.amigoval.com/Miscelanea/Jacobohermano.htm
Para Mí el vivir es Cristo…
Hay mucha verdad cuando Pablo dijo: “para mi el vivir es Cristo y morir ganancia”. El Ser humano no encuentra la felicidad en las cosas materiales, la cuales son pasajeras. En donde realmente encuentra la paz y la felicidad son en las cosas de arriba, en las cosas que provienen de Dios y de Su Hijo, Jesucristo. Millones de personas han “vuelto a vivir” después de haber encontrado las riquezas de Cristo y la esperanza que él brinda para la vida futura. Jesús es en realidad la vida y la salvación, sin él no hay esperanza alguna de ser realmente dichosos. Me acuerdo que mi madre me decía: “Si te portas bien, y haces lo que yo te digo, te irá bien y serás dichoso; pero si no me obedeces, llorarás y te lamentarás para siempre de tus errores”. Otras veces me decía, “si haces lo que te digo y eres un buen hijo, te regalaré una bicicleta por navidad”. Realmente los consejos y promesas de mi madre me daban aliento y felicidad, porque ella tenía toda la razón del mundo cuando me decía que el apartarme de las normas cristianas me llevaría al fracaso. Aprendí que la obediencia y la confianza que uno les tiene a sus padres nos forman como hijos ejemplares y provechosos. Las enseñanzas cristianas eran para mi madre el fundamento de su educación. Me enseñó a amar a Dios y a temer las trágicas consecuencias por una mala decisión. La religión de Cristo me ayuda a ser un hombre mejor, un hombre que puede vivir tranquilo y en paz con todos. Le da sentido a mi vida y un propósito a mi existencia fugaz…¡y a la de millones! Eso hizo Cristo por mí. Recordemos que él mismo dijo una vez: “…Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Sea ésta una promesa para el presente y/o para el futuro, lo cierto es que los cristianos comprometidos sienten ahora que viven una vida abundante, llena de gozo y de paz.
…y Morir ganancia
Si Cristo realmente nunca existió, y sólo fue un mito inventado por un grupo de fanáticos religiosos, lo peor que me puede suceder como creyente es que me muera y no despierte nunca más de mi tumba. Pero al menos mientras viva en esta vida lo haré confiado en que caminar derecho da siempre un mejor rédito que andar por el camino ancho que conduce a la perdición y al sufrimiento. Si Jesucristo vive y es real, pero no anduve según sus preceptos, entonces me las veré con él en el día en que él juzgue a los hombres según sus obras. Entonces experimentaré “mi crujir y rechinar de dientes” cuando enfrente a Cristo por mi incredulidad. Así que más pierde el incrédulo, el burlón, el ateo, el agnóstico, el indiferente, que aquel “fanático religioso” que depositó su confianza en una persona que se presentó como venido de Dios, como salvador, como vivificador y que preconizó un ideal sobresaliente, imprescindible y trascendental.
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YO Y EL PADRE SOMOS UNO---¿EN QUÉ SENTIDO?
Por Ing. Mario A Olcese
Introducción
Los proponentes de la doctrina de la Trinidad suelen apoyarse en las famosas palabras de nuestro Señor Jesucristo registradas en el evangelio de Juan capítulo 10 y verso 30, y que dicen: “Yo y el Padre uno somos”. Pues bien, la pregunta que nos hacemos los creyentes en Cristo es ésta: ¿Acaso Jesús quiso enseñar con estas palabras que él y Su Padre eran la misma persona? ¿Era Jesús el mismísimo Dios de los Hebreos o el Adonai del AT? Si la respuesta es afirmativa, preguntamos entonces lo siguiente: ¿A quién le oraba Jesús cuando estaba en el huerto de Getsemaní en vísperas de su aprehensión? ¿Se oraba a sí mismo acaso? No lo creemos posible, pues San Pablo dice que Jesús es el intermediario entre Dios (el Padre) y los hombres— ¡No el mismo Dios Padre en persona! (1 Tim. 2:5). Además, Juan fue del todo claro cuando dijo estas palabras solemnes: “Nadie ha visto jamás a Dios…” (1 Juan 4:12). De modo que Cristo no podía ser Dios, sino Su Hijo—¡el Hijo de Dios!
Uno en Voluntad
Aunque Jesús tenía su propia voluntad como ser distinto a Su Padre, él se sometió a la voluntad de Su Padre y la hizo suya. El dijo: “Sea hecha Tu voluntad y no la mía” (Mat. 26:42, Mat. 6:10; Juan 4:34; 5:30; 6:38, 39). Así que si hubo algo que tenía en común el Hijo con el Padre era la voluntad— ¡Una sola voluntad compartida! Eran uno en voluntad (Gr.’θέλημα’, thelēma) que significa determinación, deseo, inclinación, voluntad. De modo que cuando Jesús dijo que él y Su Padre eran uno, lo que quiso decir fue que eran uno en propósito, determinación, deseo o inclinación.
Según el contexto en Juan 10:37-38, las obras de Jesús eran las obras de Su Padre. Jesús dijo que su unidad con el Padre estaba precisamente en las obras que él hacía, obras que eran del Padre pero efectuadas por él. Y para que el Hijo hiciera las obras de Su Padre era necesario que él renunciara a Su voluntad para hacer la voluntad de Su Padre. Ellos estaban (…y están) unidos por la Voluntad en común.
Los Cristianos también son Uno
Los cristianos deben ser igualmente UNO como Jesús y Su Padre son uno. En Juan 17:11,21 leemos: “…Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean UNO, así como nosotros. Para que todos sean UNO; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean UNO en nosotros…”. Esa unidad que los creyentes deben mantener o alcanzar es la Unidad de la voluntad. El creyente auténtico debe tener UN mismo espíritu (Efe. 4:3), UNA misma fe, y UNA misma Esperanza de nuestra vocación (Efe.4:4). Es decir, UN mismo SENTIR (Fil. 2:2; 4:2). Jesús fue claro cuando dijo: “Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre” (Marcos 3:35). Estamos llamados a unirnos a la voluntad del Padre para que todos seamos UNO. Es menester abandonar nuestras propias voluntades particulares para hacer la voluntad de Dios, la cual es la misma voluntad del Hijo que los UNIFICA. La concordancia de las voluntades une a las partes. ¿Pueden acaso andar juntas dos personas si no estuviesen de acuerdo? (Amós 3:3).
Los Esposos son Uno
Incluso los esposos ya no son dos sino UNA sola carne. Hay una unidad en la carne, pero también una unidad en la voluntad. Ambos deben compartir la misma voluntad. Y así como Cristo acepta la voluntad de Su Cabeza, la cual es Su Padre; igualmente la esposa acepta la voluntad de su cabeza para que pueda mantenerse la UNIDAD matrimonial. Si la esposa y el esposo quisieran hacer prevalecer sus voluntades, ¿podrían andar juntos para siempre? Recordemos que la misma Sara dio ejemplo de sometimiento a la voluntad de su esposo por medio de la obediencia (1 Pedro 3:6). Si la mujer no entiende este principio básico, y si el marido tampoco entiende que