¿DÓNDE HALLAR LA FELICIDAD DURADERA?
LA FELICIDAD---¿DÓNDE ENCONTRARLA?

Por Ing°. Mario A Olcese
Texto de Introducción:
Dice el profeta Isaías (35:10): “Y los redimidos de Jehová...tendrán gozo y alegría y huirán la tristeza y el gemido”. Estas son palabras que Dios dirige a su pueblo amado Israel, y por extensión, a todos los hijos de Abraham adoptivos. Si bien es verdad que éstas son palabras proféticas aún incumplidas, no obstante, éstas también tienen un cumplimiento presente.
Conceptos Erróneos de la Felicidad:
Los hombres de hoy buscan la felicidad para sus vidas. Creen que las cosas materiales los harán dichosos y felices, pero desgraciadamente éstas no resultan en una fórmula exacta para hallar la felicidad verdadera. Ya Jesús lo había advertido dos milenios atrás al decir: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Millones de hombres se han dedicado a obtener dinero y más dinero, el cual se traduce en poder y reconocimiento del mundo. Pero aún los poderosos de la tierra no son felices realmente si no tienen a Dios en sus corazones. Han probado de todo: mujeres, drogas, lujos, viajes, adulación, poder, soberbia, etc., pero no han conseguido la felicidad duradera. Estos hombres no saben que en la ABUNDANCIA de los bienes NO está la felicidad. Cuando multimillonarios pierden su fortuna, muchos optan por el suicidio pues ya no encuentran sentido en sus vidas. ¡Triste final!
Otro grupo de gente, sin ser millonario, tampoco encuentra la felicidad porque vive frustrado y amargado por no poder alcanzar lo que otros si alcanzaron. Éste vive compitiendo, ambicionando, envidiando, codiciando, y mil cosas más. Y otro grupo, sin tener ambiciones materiales, vive amargado porque carga un tremendo peso de pecado y de maldad que los atormenta día y noche. En realidad todos los que están sin Dios viven amargados porque tienen un vacío profundo en sus almas. Aquí aparece el Décimo Mandamiento de la Ley de Dios: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.” (Éxodo 20:17).
Muertos en Vida:
El cuerpo necesita alimento sólido o material, pero nuestro “hombre interior” requiere de un alimento apropiado para él, vale decir, espiritual. Es por eso que millones de hombres, que viven sin Dios, o alejados de él, tienen una desnutrición interior que los va consumiendo hasta a muerte. Jesús llamó a este tipo de gente como: “muertos vivientes”. Aparentemente tienen alegría y gozo, pero como dice Job: “¿No sabes esto, que así fue siempre, desde que fue puesto el hombre sobre la tierra, que la alegría de los malos es breve, y el gozo del impío por un momento?” (Job 20:4,5).
En una ocasión Jesús le dijo a un hombre que le siguiera, a lo cual éste le replicó que le permitiera primero enterrar a su difunto padre. Entonces Jesús le volvió a decir: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el evangelio del reino de Dios” (Lucas 9:59,60). Sí, “muertos que entierran a sus muertos” son las mayorías de los que viven sin seguir a Jesús. Y cuando Adán y Eva vivieron separados de la gracia Divina, Dios los condenó a una “muerte en vida”, es decir, estaban vivos, pero muertos para Dios. “...porque el día que de él comiereis, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Sí, la primera pareja del Edén se convirtió en difunta viviente en lo espiritual, aunque murieron en lo físico muchos siglos más. Recuerde que Adán vivió---¡9 siglos! (Génesis 5:5).
Judas Iscariote: El Suicida que vivió Atormentado:
Judas Iscariote es un claro ejemplo de un hombre que se aparta de Dios para seguir su camino de egoísmo y de avaricia. Él había disfrutado de la preferencia de Jesucristo al nombrarlo su apóstol. Había sido testigo de las grandes maravillas que salían de los labios de Jesús, y de sus extraordinarios milagros a favor de los desposeídos y desventurados. Seguramente su vida estaba plena en Jesucristo hasta que se desvió y retrocedió en su camino de salvación y esperanza. Había dejado los intereses mundanos, pero el diablo lo tentó a volver al camino del “EGO” (del “YO”) y del egoísmo mundano. Poco a poco fue cayendo hasta que se desplomó en el pecado de la traición. Atormentado por su mal proceder, decidió poner fin a su vida colgándose de un árbol seco.
La Palabra de Dios Vivifica:
Ya lo dijo Cristo también hace dos mil años: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” (Lucas 4:4). Además Jesús dijo: “Las palabras que yo os hablo son espíritu y son vida.” (Juan 6:63). Si los hombres de mundo se dieran cuenta del valor de las palabras de Dios, no se encontrarían como muertos en vida. Y es que las Palabras de Dios, como dijo Jesús, significan espíritu y vida. Además, San Pedro dijo: “Señor, ¿a quién iremos? Tu tienes palabras de vida eterna.” (Juan 6:68). Pues bien, aquí está la fórmula para “revivir” a los “muertos vivientes”, espiritualmente hablando. Las Palabras de Dios, expresadas por Jesús, dan vida a los hombres que viven como muertos. Éstos renacen por la Palabra de Dios para una vida feliz y de gozo. Dice San Pedro: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorrupción, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23).
El Gozo de los Redimidos:
Muy pocos han prestado atención a la conversión del eunuco etíope, y del carcelero de Filipos. ¿Dónde hallaron ellos la felicidad? Vamos a ver sus historias en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En Hechos 8, Felipe, un evangelista de Cristo, se encuentra con el eunuco etíope que estaba leyendo en libro del profeta Isaías. Felipe luego le pregunta: “¿Entiendes lo que lees?” (v.30) y el eunuco le dijo que no pues no tenía quién se lo explicase. Y Felipe le explicó el pasaje, y le presentó a Jesucristo y su evangelio (v. 35). El siguiente paso es que el eunuco etíope pide ser bautizado (v.36), y Felipe le dice que si él cree de todo corazón en Jesucristo como el Hijo de Dios, bien puede ser bautizado (v.37). Y fue bautizado por Felipe (v.38). Luego el eunuco salió del agua del bautismo con mucho gozo o alegría (v.39). Aquí vemos cómo Felipe convirtió a un africano que estaba leyendo el Antiguo Testamento en Jerusalén. Este eunuco de Etiopía se fue feliz porque recibió la Palabra de Dios y la creyó de todo corazón para su salvación. Por vez primera este hombre encontró el gozo duradero en su corazón. Sus pecados fueron borrados, y por fin encontró alivio para su existencia.
El segundo caso lo tenemos en la historia del carcelero de Filipos (Hechos 16).Cuando Pablo y Silas estuvieron encarcelados en Filipos (v.19-24), Dios los sacó milagrosamente de la cárcel con un gran terremoto (v.26). Asustado el carcelero, y temiendo el castigo de sus superiores, quiso quitarse la vida (v.27). Pero Pablo y Silas se lo impidieron (v.28). Seguidamente el carcelero les pregunta: “Señores, ¿Qué debo hacer para ser salvo?”(v.30), y le responden: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (v.31). Finalmente el carcelero creyó en Jesucristo, y procedió a bautizarse con toda su familia (v.32). Luego se nos relata que el carcelero “SE REGOCIJÓ con toda su casa de haber creído a Dios.” (v.34).
Como vemos, estos dos ejemplos ilustran el hecho que el gozo viene cuando uno se ha entregado a Jesucristo para servirle. Probablemente antes este carcelero era un hombre duro y amargado como su cargo le exigía serlo, pero en su conversión el pudo sentir que su vida tenía sentido, y que no tenía que asesinarse o suicidarse para escapar de sus temores. Es claro que una vida apartada de Dios conduce a la tristeza, a la frustración, y hasta a la autoeliminación. Todos aquellos que quieren vivir sin Dios y sin leyes, pagarán un precio muy caro; pero serán muy dichosos aquellos que confían en Dios. Dice el Salmo 34:8: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; DICHOSO el hombre que confía en él”.
Lamentablemente, millones de hombres no han descubierto la verdadera felicidad, porque no han leído las Santas Escrituras. El creyente es un hombre alegre pues vive rectamente y tiene esperanza para su vida futura. Dice Proverbios 10:28: “La esperanza de los justos es ALEGRÍA; mas la esperanza de los impíos perecerá.” Por su parte, el apóstol Pablo dice algo muy interesante: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis...para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” (1 Tesalonicenses 4:13). ¿Qué está diciendo San Pablo? Él dice que los que no tienen esperanza no tienen alegría---¡están TRISTES!. Sí, la alegría sólo puede venir de Dios, pues él da a sus hijos obedientes esperanza para sus vidas. Su Espíritu Santo produce abundancia de gozo y alegría (Hechos 14:15-17). Recordemos que Dios da Su Espíritu a sus hijos únicamente (Romanos 8:14,15), y sabemos por la Escritura que uno de los frutos del Espíritu es el GOZO (Gálatas 5:22). No se puede ser realmente feliz sin el Espíritu de Dios en uno. Este es otro secreto revelado en la Biblia que millones de hombres desconocen. Y Pablo les dice a los creyentes de Roma, lo siguiente: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13). Estas palabras son muy importantes y esclarecedoras. Dios puede llenarnos de paz y gozo cuando recibimos sus promesas que dan esperanza a los creyentes sinceros. Es decir, los hombres de fe tienen gozo y esperanza que vienen como un regalo del Espíritu de Dios. Si no existiese la fe, la esperanza, y el amor, el hombre estaría en un abismo sin fin.

